La densidad apocalíptica de una noche de fiesta: Licantropia, de Triangle Teatre

Júlia Torres Sambartolomé – Celia Pérez Carranza

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El pasado 10 de diciembre a las 19:00h. se representó en la sala Matilde Salvador, en el Centre Cultural La Nau, Licantropia, obra escrita y dirigida por Borja López Collado –conocido también como «el Benjamin Button de Patraix»–. Tras cinco años en la compañía Triangle Teatre, el joven actor y dramaturgo, ganador en enero de este mismo año del Torneo de Dramaturgia Valenciana organizado por el Institut Valencià de Cultura con el texto HIPOCONDRIArt o per què tot em passa a mi?, vuelve a ofrecernos un espectáculo cargado de significado y muy recomendable. ¿Por qué ese título? Ningún personaje acaba convertido en hombre lobo y, sin embargo, todos experimentan una profunda transformación. Cualquiera podría sentirse identificado con personajes tan cercanos y tan actuales como Adam, Eva, Lluna, Dídac y Marlene. Entre el humor y la reflexión, es inevitable comparar la ficción con la realidad que hoy nos rodea; desde el final apocalíptico anunciado desde el principio hasta los miedos que acechan a cada protagonista se convierten en un motivo para ver nuestro propio reflejo en el escenario.

A través de miradas tensas y extraños sonidos que no se sabe de dónde vienen, advertimos que algo se acerca, aunque no sabemos bien de qué se trata. Desde el principio será Adam (Ramon Ródenas) quien se encargue de apuntar de forma más clara a lo que va a pasar y, con ello, provocará muchas de las revelaciones que se dan durante la noche en la que transcurren los hechos. Es el miedo o, más bien, la incertidumbre, la que conducirá a reflexionar sobre las relaciones, la sexualidad, la amistad, la maternidad o su propia identidad a cada uno de los protagonistas, aunque intenten escapar de ello a través del alcohol, la música y el sexo. Tal vez no sea la luna llena lo que nos preocupe hoy en día a los jóvenes valencianos, pero cuesta no reconocer en sus inquietudes cierto parecido con las que nos inundan al pensar en un futuro vacío de expectativas.

Lluna (Lucía Poveda), Dídac (Robert de la Fuente), Marlene (Ania Hernández) y Adam celebran una fiesta –aquí es donde deja de verse ese carácter actual, sí, pero incluso podríamos llegar a plantearnos si Borja López Collado fue un visionario: ¿no imaginó una situación catastrófica antes de que sucediera realmente? Tendríamos que preguntarle si supo algo antes de escribir el texto–. Entre ellos hay un trato que los mantiene unidos de alguna forma; pero Eva (Estela Martínez), personaje con el que se abre la función, se encuentra sola, nerviosa e indecisa. Una mujer de mediana edad, segura de sí misma cuando decide acercarse a un grupo joven, pero no completamente convencida de su posición. La conecta al grupo Adam, que pretende encontrar en ella un último cometido que resulta innecesario y un tanto desesperado, ridiculizado a través de esa satírica referencia a la Biblia

Como Eva, que insiste en repetir «estic esperant», el espectador espera y espera, intrigado, un desenlace que realmente ya conocía o, al menos, podía imaginar. Un pesimismo continuo, aunque introducido con mucho humor, se desprende de la obra: ¿qué pueden hacer los jóvenes amigos más allá de asumir la espera? Parece que no haya posibilidad de cambiar nada de lo que viene. Otros leitmotiv definen muy bien las sensaciones que experimentan: «Crida!» y «A on vas?»Todos ellos necesitan expresar sus dudas y sus miedos, quitarse lo que les preocupa de encima y entender el sentido de sus vidas hasta esa noche, tan reveladora por acercarlos más que nunca a su verdad.  En el avance de la acción, son esenciales las interpretaciones de la compañía, que hacen comprensible y divertida una representación que en principio podría resultar algo lenta por centrarse en la introspección de cada miembro del grupo.

Estela Martínez consigue transmitir perfectamente la indecisión, la inseguridad y el proceso de evolución hacia la autoaceptación y el respeto a sí misma que experimenta su personaje.  En su proceso interviene Adam, cuya función es la de vincular a todos los demás personajes: objeto de rencor, cariño y deseo, se convierte en figura clave para el avance de las escenas, pero no tiene una personalidad especialmente relevante. Podría resaltarse su actuación en la escena que comparte con Robert de la Fuente, que es seguramente la que más conmueve al espectador junto al desenlace.  

Marlene, totalmente convincente gracias a la actuación de Aina Hernández, tiene una personalidad mucho más profunda de lo que parece al principio. Tras el alcohol parece esconder un carácter complejo y el humor que rodea a su figura acaba por aumentar la crudeza de los secretos que guarda. Es la figura que da paso a escenas clave en la acción, como la discusión entre Dídac y Adam o su conversación con este último, en la que se llega a entender bastante mejor qué es eso que están esperando todos con tanta inquietud. 

Robert de la Fuente y Lucía Poveda son la pareja del grupo, aunque se advierte entre ellos una tensión desde el principio que más adelante cobrará sentido. Lluna es el personaje menos implicado en la fiesta y que más preocupaciones parece tener. En ese sentido extraña mucho la poca atención de Dídac, quien más tensiones parece compartir con los demás y cuyo carácter acaba resultando el que menos cercanía o afinidad causa en el público.

En cuanto al papel del equipo artístico, podemos decir que es tan relevante como el de los intérpretes: a cargo de las luces, Ximo Rojo; Laura Valero se ocupa del diseño gráfico y Nelo Gómez de la producción de vídeo; en cuanto a la fotografía, los responsables son Mark Sicon y Paula Elena; Mar Sanjuán es la encargada de la comunicación y la dirección de arte corre a cargo de Mónica Llop. Por último, cabe mencionar a Idoya Rossi, ayudante de dirección. Sin duda, las luces y el sonido permiten conectar las distintas escenas y hacer mucho más comprensible el complejo esquema dramático. A través de la música, se sumerge al espectador en el suspense desde el primer segundo. 

Las luces adquieren una importancia enorme: acompañan a los diálogos y las reflexiones que se van produciendo; son el elemento que representa ese gran acontecimiento que todos esperan y que provoca en ellos la gran transformación en la que se centra la representación. Los focos cegadores hacen pensar que algo sucede en el exterior, pero no se queda aquí su función: sirven de apoyo visual a las profundas reflexiones de los personajes, en concreto, a la de Marlene, que se replantea por completo cuál es su identidad. Su peso también aumenta al emplearse como un elemento más para hacer del escenario un espacio polivalente: no son necesarios muchos elementos, con las luces se sustituyen. El ritmo de la trama queda además marcado por la iluminación que, junto a otras estrategias como el baile, hace mucho más comprensibles los saltos temporales continuos entre escenas.

Tanto el vestuario como el espacio escénico son muy sencillos, a excepción de la corona de flores que guarda Marlene para «el final», con la que se compara con la determinada y rompedora Ofelia de Shakespeare; es la única que busca un camino alternativo. Junto a la luna llena, sus pies descalzos los acercan a esa licantropía de la que habla el título, pero lo hace antes del desenlace, con lo que podemos entender que la transformación es progresiva y, antes de la representación, ya se ha iniciado. 

En cuanto al escenario, cuenta con un cubículo central que, metonímicamente –jarrones de cristal, unos cuantos libros y un par de velas–, funciona como ese «interior» polivalente del que ya habíamos hablado. En él se celebra la fiesta, pero también se convierte en la casa de Eva. Para representar este cambio de espacio, únicamente hace falta incorporar un colchón y jugar con las luces sobre la gasa que separa el cubículo del fondo de la sala, que parece funcionar como lugar de transición entre el yo y la escena compartida, una especie de limbo muy influyente en el desarrollo de la trama. Todo aquello que no se encuentra en el pequeño cubículo, es el exterior que los amenaza. 

Y entre la amenaza, un mensaje positivo: It’s now or never, canción que sirve para reunir por primera y única vez a todos los protagonistas en la escena central. Parece tratarse del mensaje que Borja López Collado lanza con toda la representación, ya que con tono pegadizo y una interpretación extrañamente alegre entre la tensión que en general caracteriza el ambiente, el estribillo logra quedarse en la cabeza del espectador hasta salir del espectáculo tarareándola. Los protagonistas no son capaces de modificar el desenlace, pero sí son capaces de comprender la importancia del ahora; esa es la transformación o licantropía que experimentan –en mayor o menor medida y a su manera– Adam, Eva, Lluna, Dídac y Marlene. 

Júlia Torres Sambartolomé

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L’argument de l’obra no és gens difícil, no obstant, poden extraure’n grans significats i reflexions. Tot transcorre al llarg d’una nit en la que un grup d’amics decideixen eixir i passar una bona estona: emborratxar-se, fer-se fotos, reflexionar sobre les seues vides i, sobretot, pel que fa a ells mateixos, conèixer-se millor. També es mostra la pròpia evasió dels personatges, l’enfrontament amb els seus problemes, suposa, a voltes, fugir d’aquests, per la qual cosa tractaran d’evadir-se a través de la nit. 

Els elements de l’escena són multifuncionals, és a dir, tots els objectes que apareixen serveixen tant per representar exteriors, així com una discoteca o una casa; no obstant, aquest fet no suposa que nosaltres com espectadors perdem el fil conductor de l’argument, donat que es tracta d’objectes que són pertinents tant en uns espais com altres: plantes, taules, cadires o espelmes. A més a més, al llarg de l’obra s’afegeixen altres elementes per recrear determinades situacions, així com afegir un matalàs per representar un llit. Tot i això, no són els objectes els que donen veracitat a l’argument, sinò els llums i els sons. Des del principi de l’obra, tant els llums com el sons juguen un paper molt important i ajuden a recrear situacions. Per ejemple, quan es troben a la discoteca, els llums ajuden a crear l’ambient festiu o, als moments de més tensió, el so ajuda a intensificar-lo. Sense cap dubte, les imatges projectades al llarg de l’obra són molt revel·ladores. Quan una de les protagonistes està reflexionant sobre la seua bisexualitat, es projecten a l’escena una sèrie de colors: “qué color sóc? No sé quin color sóc”. 

Pel que fa al vestuari, podem afirmar que és adequat al context i argument de l’obra. Són adolescents i, per tant, el vestuari ho reflexa: samarretes, bruses bàsiques, jeans. En quant al maquillatge succeeix el mateix, no van maquillats de manera ostentosa, sinò natural.

No obstant, tot i que el maquillatge i el vestuari s’adequa a la situació, és la brillant actuació per part dels actors i actrius el que reament dóna veracitat. Es comporten de manera extravagant, com si no importara el demà, però al llarg de la nit deixen veure les seues tares, les seues pors, les seues debilitats. Tots poden ser considerats personatges simples, no obstant això, baix el meu punt de vista, dos d’ells poden considerar-se personatges complexos, Àdam i Eva (interpretats per Roberto Rodenas i Estela Martínez, respectivament), donat que al llarg de l’obra són els que més canvis emocionals tenen i els que evolucionen respecte als seus sentiments, admetent les seues tares i pors. 

En referència al ritme, podria dir-se que algunes escenes transcorren amb suficient rapidesa. No obstant això, hi ha altres que avancen amb molta lentitud, especialment als moments de màxima tensió, just a les situacions en què els personatges entren en conflicte amb ells mateixos o amb el seu voltant, i és just gràcies a aquesta tècnica de canvis de ritme on se’ns permet empatitzar amb els personatges i reflexionar. 

Considere que es tracta d’una obra apta per a tots els públics i, tot i que pot parèixer que està dirigida per a persones joves, no és del tot així. És veritat que la temàtica és purament adolescent, però pense que les persones adultes poden pensar i reflexionar sobre algunes problemàtiques per les quals hem passat els adolescents. Per ejemple, Àdam té por a expressar els seus sentiments, és emocionalment inestable, pareix ser una persona forta i que ho té tot baix control, però en realitat no és així, hi ha situacions que li superen i, en ocasions, deixa veure les seues pors. També, són suggerents totes les reflexions que fan entre ells, es mostren inquietuds que, pense, hem tingut tots en la nostra adolescència: la incomprensió, l’evasió, els dubtes i la por que ens dóna enfrontar-nos tant amb nosaltres mateixa com amb el nostre voltant.

Molts adults pensen que els adolescents l’únic que fan és eixir, beure, fumar; pensen que passen de tot, que només pensen en sí mateixa sense tenir en compte res del que succeeix al seu voltant. Són, normalment, classificats com rebels, però… és realment així? Considere que no és així el tot. Moltes voltes els adolescents busquen fugir del que els ocorre. Molts dels temes que aparèixen a l’obra són constants al pensament dels adolescents: què fer, què em passa, com expressar-ho, què m’agrada. 

És per aixo que pense que és una obra que hauria de veure tot el món: el més jóvens per adonar-se’n que aquells moments en sí mateix son normals, que les seues preocupacions no estan fora de lloc i que és normal tindre por; els més adults per a què recorden que ells també han sigut adolescents i que, segurament, moltes problemàtiques que s’aborden al llarg de l’obra els han sentit igual. També, per a què no només es fixen en allò que diuen o fan, sinò per a què se’n adonen que moltes preocupacions i posteriors reflexions es desencadenen així, al transcurs d’una nit de festa. 

Celia Pérez Carranza

Triangle Teatre

Sala Matilde Salvador – Universitat de València – 9-10 de diciembre de 2020

Texto y dirección: Borja López Collado; Ayudante de dirección: Idoya Rossi; Intérpretes: Robert De la Fuente, Ania Hernández, Lucía Poveda, Estela Martínez i Ramon Rodenas; Movimiento, técnica corporal y coreografías: Idoya Rossi y Laura Valero; Diseño de Luces: Ximo Rojo; Diseño de espacio escénico: Borja López Collado y Mònica Llop; Diseño de arte y vestuario: Mònica Llop; Diseño Gráfico: Laura Valero; Fotografías Licantropía: Paula Elena; Fotografías promoción: Mark Sicon; Video: Nelo Gómez; Comunicación: Mar Sanjuán

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