La fragilidad y el muro: La mort i la donzella, d’Asun Noales

Miriam Quiles Carbonell

La mort i la donzella es una obra dirigida por Asun Noales que se adentra en el cuarteto de cuerda no 14 en Re menor de Franz Schubert. La función se representó en el Teatro Rialto de Valencia. Además, la obra adopta el nombre de la pieza musical original, y en el espectáculo, como su propio nombre indica, se aborda el tema de la muerte. La representación oscila entre la vida y la muerte de la joven protagonista, interpretada por Carmela García, juega con ambos estados, rozando lo kafkiano, porque los cambios de un estado a otro nos llevan al existencialismo en esencia. Al igual que Franz Kafka en La metamorfosis lleva al protagonista de un estado a otro sin dilación, Asun Noales en La mort i la doncella hace que la joven cambie su condición, de estar viva a estar muerta y de repente otra vez viva. En el espectáculo teatral van alternándose la vida y la muerte en el cuerpo de la protagonista, al igual que en La metamorfosis el cuerpo de Gregorio Samsa también cambia de estado.

La obra empieza de una forma muy visual, con la escena en oscuro y un foco que va iluminando muy lentamente una silueta que está cavando una tumba. Esta primera escena tiene una gran fuerza dramática porque resume muy bien el contenido de la función. En el escenario aparece un muro que divide esos dos mundos, el de estar vivo, o muerto. La coreografía señala minuciosamente esas diferencias de intramuros o extramuros, la dicotomía entre vivir o morir.

El vestuario, diseñado por Victoriano Simón, está inspirado en la época romántica sin perder la contemporaneidad. Un vestuario simple pero efectivo, en el que contrastan los tonos claros en el camisón vaporoso de ella como alegoría a la vida, con los tonos oscuros que representan la muerte y lo tenebroso.

La función salta de un estado a otro como técnica para jugar con la atención del espectador. La representación ofrece una danza titánica por escapar de algo inevitable como es la muerte. Toda la coreografía muestra ese sufrimiento por intentar huir del trágico destino. Cuando nacemos sabemos que vamos a morir, pero nadie quiere hacerlo siendo joven, ahí reside la tragedia de la obra, en ese camino a la muerte de la muchacha.

La música, interpretada por Telemann Rec, como revisión contemporánea de la pieza de Franz Schubert con sonidos electrónicos, añade tensión a esa pugna entre el optimismo y la claridad de la vida frente al pesimismo y la negrura de la muerte.

Dentro de la coreografía las interpretaciones de las actrices y los actores son muy potentes, sus gestos y sus expresiones faciales intensamente marcadas transmiten al espectador la frustración, el miedo, la esperanza de intentar conseguir huir de la muerte y finalmente, la ansiedad por no poder escapar de ella.

El espacio escénico concebido, diseñado por Luis Crespo, al que se ha aludido anteriormente, es adecuado para lo que se quiere representar: un muro que separa esos dos mundos mediante ventanas que se abren y se cierran. A medida que trascurre la obra esa pared va retirándose a un lado. Ese muro representa el misterio de la muerte, algo que se resuelve a lo largo de la obra.

Asimismo, la función ofrece escenas muy pictóricas incluso misteriosas. El modo en el que los intérpretes atraviesan el muro, la forma en la que pretenden que la “donzella” traspase al otro mundo, es a veces delicada y otras veces tiene una fuerza feroz, casi animal. Por eso, la obra es emotiva porque contrastan al mismo tiempo un cúmulo de emociones y de acciones, que hacen que el espectador se remueva en su butaca.

La representación teatral es muy conmovedora se adapta perfectamente a la pieza de Franz Schubert y trasmite una gran fuerza al público. La función nos adentra en un tema que aun actualmente sigue siendo un tabú, la muerte, nos acerca a ella de una forma suave, pero a la vez cruda. La obra lleva a cabo una reconstrucción de la muerte, del significado que le damos y de la tragedia de enfrentarse a la muerte siendo joven. Los intérpretes muestran lo frágil que es la vida, dado que con un simple suspiro se les despoja de lo único importante que poseemos, la existencia. La acción sucede de forma rápida, algo que provoca que no siempre sea sencillo seguir los actos sin perderse ningún detalle.

La directora, Asun Noales, explicó que la obra se gestó en pleno confinamiento. Por lo que la pandemia es algo que sin duda afectó al desarrollo de la obra, ya que la crisis sanitaria que estamos viendo hizo profundizar a la directora en el montaje de “La mort de la donzella”. Quizá, esa idea de la fragilidad de la vida que encontramos en la representación, tuviese su origen en los duros meses de confinamiento durante la pandemia.

Miriam Quiles Carbonell

Teatre Talia. Del 18 fins al 29 de novembre de 2020

Intèrprets: Carmela García, Alexander Espinoza, Rosanna Freda, Luis Martínez Gea, Eduardo Zúñiga, Juliette Jean, Salvador Rocher; Direcció i coreografia: Asun Noales; Música : Telemann Rec (a partir del quartet “La Mort i la Donzella” de Franz Schubert); Assistent coreogràfic: Gustavo Ramírez Sansano; Disseny d’il·luminació : Juanjo Llorens; Disseny i realització d’escenografia: Luis Crespo; Vestuari: Victoriano Simón; Vídeo i fotografia: Laura Antón; Disseny gràfic: Democràcia; Making of: Suica Films; Assistència de direcció: Amadeo Vañó; Producció executiva IVC: Leonardo Santos; Direcció adjunta d’Arts Escèniques IVC: Roberto García; Producció: Institut Valencià de Cultura

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