Un taxi en la noche: «José Antonio y Federico», de Jacobo Julio Roger

Núria Álvarez López

En la incógnita que es la relación entre José Antonio Primo de Rivera, fundador de Falange Española, y Federico García Lorca, poeta y dramaturgo comprometido con el proyecto progresista de la Segunda República, Jacobo Julio Roger, autor y director de José Antonio y Federico, convoca a la España dividida del 36 para recitar poesía y bailar tango en la clandestinidad de un taxi que deambula por la noche madrileña. En una representación en la que los protagonistas, de avanzada, conocen y se resignan a su fatal destino público durante la Guerra Civil, el acierto de la obra que Francachela Teatro y Produccions La Tía Lola han llevado al TAC de Catarroja, en el último mes de 2020, es recrear un diálogo sentimental donde la política (José Antonio) intentará salvar a la poesía (Federico) ―«imagina lo que podrás llegar a escribir si te salvas»―, aunque solo esta última podrá liberarlos plenamente.

La organización escénica que dispone Jacobo Julio Roger es encomiable en tanto que consigue que sus espacios signifiquen. El tablado se ofrece a acoger dos escenas simultáneas que dialogan sobre progreso y regreso, izquierda y derecha, Federico inamovible en la primera y José Antonio que abandona constantemente su derecha porque, además de historiar, la obra plantea cuestiones de actualidad: ¿cómo hablar de homosexualidad en el espacio de la ultraderecha? No es baladí que Julio Roger le asigne como confidente al líder de Falange, en el ala diestra del escenario, a su madre muerta, que sostiene autoritaria e intachable Isabel Caballero, en representación de una atmósfera tradicional que el drama, asimismo, evoca en una vieja mecedora y que denota la imposible acogida de un discurso displicente al heteropatriarcal. Al contrario, Federico es localizado acertadamente rodeado de modernidad, en un entorno que, a la izquierda, habla de teatro; un vestidor, una tarima y la presencia de Margarita Xirgu como fiel oyente de su peripecia amorosa, un personaje que es asumido por Isabel Martí y a quien rinde cumplida justicia, aun cuando su papel en escena se diversifica, pues asume el marco narrativo de la obra y performa sobradamente espacios de canto y recitado lírico complementarios a la trama dialógica. Con todo, a ambas actrices se hace necesario un elogio a parte por su pluriempleo escénico; la primera encarna también al personaje del Nazareno, la segunda a La República.

Esta coherencia simbólica del espacio, el decorado y las compañeras de ambos la sostienen impecablemente las actuaciones de Rafa Segura y Vicent Pastor en su quehacer de poeta y político, respectivamente. Segura significa en su expresión corporal exaltada la personalidad de un Lorca soñador y entusiástico; consigue hacerlo poético y dramático. En definitiva, el Lorca de Segura es casi una proyección de su naturaleza literaria misma. La tarea de Vicent Pastor parece más ardua por la evolución del personaje. Si bien, su faena es intachable porque hace transitar a José Antonio Primo de Rivera de la derecha a la izquierda desde su inicial expresión hierática, la de político falangista, que se va relajando a medida que se acentúan los encuentros con Federico. Jacobo Julio Roger dispone para Pastor la ardua tarea de ser bailarín y recortador, falangista y moderno, personaje público intimidante en su pronunciación de discursos ante sus seguidores políticos y privado cuando se traviste de mujer. Lo paradójico de esta dispar caracterización lo consigue encarnar Pastor en un tango que desarrolla con gran soltura corporal y que combina con unos pases de toreo ejecutados con movimientos rígidos y solemnes.

El gran mérito de José Antonio y Federico es, posiblemente, el acurado trabajo técnico de iluminación (a cargo de Hipólito Patón), música (por Paco Pizarro, Marga Valles e Isabel Latorre), baile (de Isabel Abril) y vestuario (a manos de Rosa Borredá) que se conjugan para vivificar el texto de Jacobo Julio Roger. Los técnicos de escena propician, con un escenario teñido de rojo y al son del tango argentino, el acercamiento pasional entre José Antonio y Federico. Aunque, predispondrán de la misma manera su separación en una atmósfera parpadeante e inmersa en el estruendo de cañonazos que avisa del estallido de la Guerra Civil. De la iluminación en manos de Hipólito Patón merece reconocimiento la proyección al fondo del telón de la silueta del tricornio de la Guardia Civil; incluso los aspectos técnicos de la obra parecen colaborar en la reconstrucción literaria del personaje de Federico, en cuya poesía eran capitales los miembros de la benemérita. Con respecto a la música debe destacarse la atrevida selección del Tango de la cocaína para dar cobijo a los bailes de poeta y político. Aunque podría acusarse el contenido temático de la canción, por cuyo título puede intuirse, el espectador entenderá, con el devenir de los acontecimientos y el destino de los protagonistas, que parece un guiño más a ese destino conocido por ambos y cuya irreversibilidad, de alguna manera, y como sugiere el tango, pretenden suavizar: «sé que al fin me ha de matar, pero no me hace sufrir».

El espectador quedará exhausto en el visionado de José Antonio y Federico, pues no podrá cesar de descodificar los implícitos que impregnan la labor escénica y actoral. En este punto se hace necesario elogiar la labor de vestuario de Rosa Borredá que, nuevamente, funciona al compás de la fábula. Los implícitos alegóricos los asume el vestido de la Xirgu precisamente blanco, quizás porque fue el único personaje que sobrevivió a los hechos históricos relatados, o el atavío negro de la madre de José Antonio para encarnar su estado de muerte. Aunque mayor cumplido merece la labor de Borredá para, en primer lugar, fomentar la risa con un José Antonio que con una mantilla de perlería pronuncia un discurso de Falange. En segundo lugar, dotar de iconicidad y autoridad al personaje de La República que encarna Isabel Martí envuelta en la bandera tribarrada y con un seno al descubierto. Y, en último lugar, despertar el criticismo con el capirote de Semana Santa que viste Isabel Caballero en su papel de Nazareno y que, alegóricamente, somete a un juicio, no político, sino moral, a ese José Antonio falangista, pero homosexual. Aunque no se puede negar que el capirote, en contraste con el porte de La República, pueden arrancar la risa del espectador.

La puesta en escena del texto de Jacobo Julio Roger, subvencionado por el Instituto Valenciano de Cultura en 2018, y merecidamente galardonado, en 2019, por la Fundación SGAE, hipnotiza al público porque toma un fondo histórico que nos es de sobra conocido y, sobre él, construye una propuesta, no corroborada, pero verosímil que disuelve el interrogante que acecha a estos personajes, ¿qué relación medió entre José Antonio y Federico cuyos viajes nocturnos en taxi son de sobra conocidos? Pero más allá del pasado, la obra se alza con temas de una actualidad arrolladora, no solo porque los personajes hablan con su futuro y, en definitiva, con los espectadores contemporáneos que reímos cuando José Antonio alaba a Travolta, sino porque se alude a asuntos como el consumo de drogas, los discursos de ultraderecha que proliferan hoy, la represión sexual o, incluso, la adopción de niños por parejas homosexuales. En definitiva, el espectador no sale ileso de la peripecia a la que ha sido invitado, pues la obra de Jacobo Julio Roger lo invita a reír, con un José Antonio que, irónicamente, solo cree el discurso que debe pronunciar en Falange bajo los efectos de la cocaína, y también a llorar: «lo bueno de las cunetas ―dice Federico con naturalidad― es que cada primavera florecen».

Teatre Auditori Catarroja, 11 de diciembre de 2020

Texto y dirección: Jacobo Julio Roger; Intèrprets: Isabel Caballero, Isabel Martí, Rafa Segura, Vicent Pastor; Utillería i vestuario: Rosa Borredá; Diseño de luces, iluminación y dirección técnica: Hipólito Patón; Assesores de tango: Paco Pizarro i Marga Valles; Asesora de movimiento: Isabel Abril; Acordeón: Isabel Latorre; Produción ejecutiva y regiduría: Llanos Godes Medrano; Ayudante de dirección: Felipe Cortés; Fotografía y vídeo: mementoNET; Diseño cartel y dossier: Mineral Gràfics; Diseño del programa de mano: Barbiturikills

Producción: Francachela Teatro y Produccions La Tia Lola – Residencias de Creación Carme Teatre

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