7 Reinas entre bambalinas (Chema Cardeña, ARDEN y Sala Russafa)

Rubén Puchades Viana

La Sala Russafa y la compañía ARDEN podrían haberse esforzado un poco en representar los momentos más brillantes de las vidas de estas siete grandes reinas, pero no lo hicieron. Y este ha sido, sin lugar a dudas, el mayor de sus aciertos. Contando con la trabajada voz de Rebeca Ibáñez y con la música de David Campiño, han conseguido trazar un interesante recorrido a través de estas siete míticas reinas: María Estuardo, interpretada por Saoro Ferre; Catalina la Grande, por Juan Mandli; Isabel la Católica, por Manuel Valls; Cristina de Suecia, por José Zamit; Isabel II, por Chema Cardeña (el escritor y director de la obra); la llamada Juana la Loca, por Jerónimo Cornelles, e Isabel I de Inglaterra, por Juan Carlos Garés. Reestrenado el 12 de febrero de este 2021, es un divertido espectáculo que celebra los 10 años de la sala que lo hospeda y que rinde un curioso homenaje a dichas reinas, permitiéndonos conocerlas entre bambalinas. 

Sin embargo, no hay que correr: antes de llegar a lo que está entre bastidores, empecemos por lo que había en el escenario. Este estaba distribuido de forma sencilla pero eficaz. En la zona más cercana al público, había una especie de trono que fueron moviendo durante la obra. Detrás, dos tronos más humildes, junto a algunas mesillas muy elegantes de acabado metálico. Esta distribución bimembre de la escena sirvió para la de los actos: cuando el actor interpretaba, los músicos podían descansar en sus respectivos tronos al fondo, y cuando llegaban los entreactos musicales, los músicos ocupaban el espacio principal y los actores, con un gracioso baile, podían reubicar el trono de las reinas. Siendo esta una obra de lo que está en segundo plano, no podemos dejar de mencionar la constante sonrisa de la cantante durante la interpretación de sus compañeros, que, sin duda, se correspondía con las de los espectadores, aunque por los bozales reglamentarios de estos tiempos pandémicos no fueran tan visibles. 

Y si hemos hablado de bozales y no de mascarillas, es porque hemos intentado aplicar a estas necesarias prácticas disciplinarias un barniz característico de esta obra: el del humor. En efecto, cuando el espectador abandone la fe poética que lo ha adentrado en esas siete vidas, recordará, esbozando una sonrisa, la broma política de Isabel II (bala contra la cuarta pared), que aseguró que a España le iba a costar librarse de los Borbones. A favor o en contra, estalló entre el público una risa poderosa. También recordará a una Catalina la Grande, en un estado indudablemente lamentable, pidiéndole a su querido concubino que la levante con fuerza en el aire. Ante la imposibilidad de tamaña empresa, para hilarante sorpresa del público, declarará: “¡Y este es, querido concubino, el peso de una gran nación!”. 

Anécdotas aparte, moralmente resulta llamativo traer al escenario a siete reinas celebérrimas, en cuyas vidas ha habido más escollos que facilidades, para revestir todas sus intervenciones de un barniz humorístico. ¿Acaso no debería despertar el respeto más altisonante el hecho de traer sus voces a la actualidad? Si María Estuardo asistiera póstumamente a este espectáculo, deseosa de ver su honorosa huella, y viera a un señor haciéndose pasar por ella, gritando “puta” en repetidas ocasiones, ciertamente, por decirlo al modo bíblico, se rasgaría las vestiduras y volvería de un bote a la tumba. Más teniendo en cuenta que los actores, antes y después de los monólogos regios, tienen gestos de hastío o agotamiento hacia el personaje al que van a interpretar, y que los momentos escogidos para caracterizar a estas reinas son exactamente momentos de debilidad. Uno habría jurado, teniendo delante semejante estampa, que se trata de una representación teatral de 12 hombres sin piedad con el elenco reducido. 

No obstante, nada más lejos de la realidad. El hecho de que siete hombres representen a siete mujeres, por tirar de un hilo, es solo una aparente paradoja. Podríamos haber preferido que lo hicieran mujeres, en honor al espacio conquistado por sus predecesoras. Pero entonces le habríamos quitado la piedra clave a esta obra, y se vendría irremediablemente abajo. La interpretación masculina de estas figuras femeninas destacadas constituye una reversión de la mirada androcéntrica o, mejor dicho, un empleo interesado de la misma. La perspectiva masculina habitualmente ha ensalzado a la mujer como objeto de deseo o la ha humillado como un ser inferior. Con el filo oculto, en esta obra se ha ensalzado a las siete reinas a través de la común puesta en crisis a la que se las ha sometido. Evidentemente, con cada crisis se ha buscado canalizar una preocupación social actual relativa a ser mujer. Sin embargo, preferimos poner el acento sobre cuestiones latentes de la obra, que, para nosotros, han sido las más poderosas. 

Decíamos antes, por tirar de otro hilo, que se representa a las siete reinas en sus momentos de debilidad. Ahora acabamos de decir que esta obra ensalza a tales reinas, a lo que podríamos añadir: a pesar de que las muestra en sus momentos de debilidad. Sin embargo, no pensamos que es “a pesar de”, sino “gracias a”. A menudo se suele entender al más fuerte como el que más puede hacer, y habría sido plausible, por lo tanto, representar a las reinas fuertes en sus tiempos de gloria. Sin embargo, no es más fuerte quien más hace, sino el que con mayor carga puede seguir actuando. Precisamente por esto representándolas en los momentos más críticos se destaca toda su fuerza. Se pone más en valor la grandeza mostrando las opresiones del proceso que enseñando el fruto resultante, porque no es lo mismo conseguir regir un país habiendo atravesado mil escollos que habiéndose tropezado con uno solo. Más aún cuando los mil escollos se llaman “ser mujer”. 

Antes de poner el punto final, tiremos del primer hilo. Una escritora que sufriera en sus carnes esos mil escollos podía hacer digresiones en sus obras de ficción. Podía expresar su insatisfacción histórica a través de la palabra, porque la palabra literaria es un espacio privado que solo en última instancia se hace público. Sin embargo, una reina no podía hacer algo parecido, porque su espacio por naturaleza es el público. Su oficio carece del mensaje embotellado de la literatura. Por eso precisamente nos ha parecido tan oportuno mostrar el desquiciamiento de estas reinas, porque representa el espacio que está fuera del teatro de la historia. Nos presenta a las reinas entre bambalinas, a las reinas de puertas para adentro. Rodeadas del hastío de los hombres han sido admiradas por ellos, y a través de siete de ellos se han presentado de forma muy divertida ante nosotros. Han conseguido que, como reseñador, pueda decir una de las mejores cosas que se pueden decir de una obra teatral: el público ha salido del teatro más feliz. 

Sala Russafa: 12 de febrero al 14 de marzo de 2021

Intérpretes: Josep Manel Casany, Juan Mandli, Ferrán Gadea, Pascual Peris, Rafa Alarcón, Chema Cardeña, Jerónimo Cornelles, Juan Carlos Garés; Rebeca Ibáñez; David Campillos; Texto: Chema Cardeña; Espacio escénico: Chema Cardeña; Vestuario: Pascual Peris; Iluminación: Ximo Rojo; Composición musical: David Campillos; Diseño Gráfico: Ricardo Cañizares; Fotografía y Cartel: Juan Terol; Técnico Iluminación: Ximo Rojo; Producción: Arden Producciones y Sala Russafa; Producción Ejecutiva: Juan Carlos Garés – Mª A. Marchirant; Ayudante de Producción: Mª Carmen Giménez; Comunicación: María García Torres; Administración: Cruz Gasteazy; Mantenimiento: Harold Zúñiga; Coordinación Giras: David Campillos; Distribución: Mª Ángeles Marchirant; Dirección: Chema Cardeña

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