Soledad en las alturas: «La habitación de María», de Manuel Martínez Velasco

Tamara Shlykova

El Teatro Olympia tuvo a Concha Velasco sobre su escenario con su último trabajo: La habitación de María, escrito por Manuel Martínez Velasco a modo de homenaje a su madre y a la vida. La obra monologada se representó en este teatro valenciano entre el 24 de marzo y el 4 de abril, de miércoles a domingo, lo cual es digno de admiración, teniendo en cuenta que la actriz tiene 81 años.  Se nota que es una obra hecha con cariño y que goza de una producción cuidadosa, ya que cada detalle que el público pudo ver en escena tiene su propio significado y hace una función crucial para el desarrollo de la trama. 

La habitación de María se presenta como una dramedia optimista y es, en efecto, una obra guiada por la protagonista a través de sus miedos provocados por la agorafobia (miedo a los espacios abiertos y públicos), pero que acepta con especial ironía y autocrítica. Se trata de un ejercicio de introspección que lleva a cabo Isabel Chacón, una célebre escritora, en el día de su 80 cumpleaños, sin querer salir de su ático ni verse con nadie. Esa misma noche tiene la intención de terminar una novela que traía entre manos, denominada igual que la propia obra representada, pero sus reflexiones sobre la vida, las llamadas de su representante y una entrevista telefónica que había prometido dar, no le dejan terminar su libro tranquilamente. Y, por si con eso no tuviera suficiente, su edificio comienza a prenderse fuego, pero su fobia le impide salir, así que se propone esperar a los bomberos para que la saquen ellos mismos. 

A Isabel Chacón no le gusta que la prensa llame “jaula” a su piso; ella está encantada viviendo en el edificio más alto de Madrid y prefiere la palabra “refugio” para describir su morada. Además, no se siente para nada sola, ya que tiene a su canario (en una jaula de oro), el único que la comprende, como testigo de sus inquietudes. Su libro trata de una mujer mayor que no puede salir a la calle, igual que ella misma, y la necesidad de terminar la obra la hace viajar al pasado, recordando traumas lejanos, por lo que al final nos damos cuenta por qué se encerró hace 43 años en su lujoso piso, del cual no salió ni siquiera para recoger un Premio Planeta.

La clave de todo reside en el propio título de la obra, que hace referencia a la habitación de su difunta hija, lugar en el que se guardan todos sus recuerdos y los que vuelca en su libro. A medida que las llamas alcanzan su planta, Isabel Chacón decide terminar rápidamente su obra, afrontando sus miedos y haciendo que la protagonista de su obra y ella misma abandonen su refugio y salgan al mundo abierto, porque los peores límites son los que uno mismo se impone. 

Todo el dolor que la escritora guarda en la habitación de María sale disparado a través de una explosión de emociones, reveladas en los detalles escenográficos: la luz, el humo, las llamas vistas desde la ventana, los sonidos y la música son el reflejo del alma de Isabel. Van a la par de lo que la protagonista nos cuenta, como si estuviésemos en su cabeza, como si ella orquestase todos los mecanismos escenográficos. Esto mismo nos indica el gran trabajo técnico que hay detrás de bambalinas, sincronizado con la voz y los gestos de la actriz. El teatro, por lo tanto, nos demuestra una vez más que el mejor trabajo dramatúrgico es el que se hace en equipo, independientemente de cuántas personas estén sobre el escenario. 

La obra nos hace ver que un trauma nos puede definir de por vida. Y que, en la vejez, todo se ve desde una perspectiva diferente, demasiado lejana, pero, al mismo tiempo, constante y torturadora. En relación con el tema de la vejez, se introduce el conflicto con las nuevas tecnologías: Isabel Chacón no se entiende con el teléfono, ni con el ordenador, ni con la voz proveniente de su IPhone —Siri—, a la que llama Google, lo que aporta más momentos cómicos a la obra. Isabel se toma todo esto con ironía, exceptuando el trágico suceso de su hija, causa de su dolor y del miedo de salir a la calle. 

Cabe destacar que la trama se ha sustentado de forma muy armónica, siguiendo las palabras del soliloquio de Isabel Chacón (apellido que quizá podríamos leer en clave intercambiando las sílabas: Chacón – Concha). Y el hecho de que una mujer de 81 años lleve las riendas de una actuación de una hora y cuarto tiene todo el mérito del mundo. La obra fue escrita para Concha Velasco y pensada para que ella misma la protagonice, cosa que se hace claramente visible en la soltura con la que la actriz se desenvuelve sobre el escenario.

El día que pude ir a ver la obra, un Sábado Santo, 3 de abril de 2021, el teatro estaba lleno, a pesar de la pandemia, siguiendo todas las medidas sanitarias. El público terminó aplaudiendo de pie y la actriz lo agradeció quedándose un rato hablando con este de forma muy cercana y reivindicando la necesidad de transmitir y consumir cultura, y más en momentos tan difíciles como los que estamos viviendo en estos dos últimos años. 

Teatro Olympia. Del 24 de marzo al 4 de abril

Intérprete: Concha Velasco; Autor: Manuel Martínez Velasco; Diseño de escenografía e iluminación: Paco Leal; Video escena: Bruno Praena; Fotografía: Sergio Parra; Diseño gráfico: David Sueiro; Productor: Jesús Cimarro; Dirección: José Carlos Plaza.
Una producción de Pentación Espectáculos.

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