Las carreteras de nuestro pasado: «Un lugar de partida», de Iria Márquez

Cristina García Testal

Dentro del programa ‘Graners de creació’, asistimos a la representación de Un lugar de partida en la mítica Sala Russafa, que tanto hace, desde este pequeño barrio, por la promoción de la cultura y el teatro. Con punto de partida en la compañía Arden, nace la compañía Vivirei Teatro, y de una pieza corta estrenada en 2019 dentro de Russafa escènica, nace esta obra.

Nos acoge la sala con canciones de los años 60, para ponernos en situación. 

Ángel y María Jesusa son una pareja de novios cuya relación se mantiene por carta y encuentros en vacaciones de verano. Él vive en Alemania donde trabaja. Forma parte de esa oleada de emigrantes que, animados por el régimen de Franco y la situación de España, buscaron mejor suerte en otros países. Es 1966 y la pareja decide casarse y vivir en Berlín, ciudad donde él está trabajando.

El primer contacto con los personajes ya es directo. Se dirigen al público en un monólogo que no espera respuesta pero sí entendimiento y de forma directa nos ponen en situación, nos cuentan cómo se conocieron, nos transmiten su ilusión.

En un ingenioso juego epistolar van relatando en voz alta las cartas que se escriben de forma que la última palabra de uno inicia una nueva por parte del otro.

No hace falta mucho para imaginarla a ella en su habitación, a él en su modesto apartamento obrero.

La boda, la partida, la vida en Berlín reflejada en ese escenario icónico de un comedor berlinés que se transforma en metonímico en virtud de dos sillas de playa, la empatía con los personajes te transporta, no tienes que oír las olas para sentirte en una playa gallega.

Y el drama que se desarrolla a partir de ese momento, no es su drama, es nuestro drama, el de todos, por nuestros abuelos, por nuestros padres, por nosotros mismos, la lucha, la ruptura, el desarraigo, la soledad, el desencuentro, maneras distintas de sentir y vivir.

El dolor de María Jesusa por la separación de su mundo y de su familia, su aislamiento en una sociedad que no entiende y que no la acoge, atraviesa el escenario y se transporta de espectador en espectador. Y es que Iria Márquez, directora, escritora y actriz, se come el escenario. No está actuando, está viviendo y a través de diálogos y monólogos electrizantes podemos palpar sus emociones.

Y no es que Juan Carlos Garés no esté a la altura. Lo está, su encarnación del «emigrante de primera» como ella le llama, es una gran interpretación, pero Iria lo oscurece todo a su alrededor, y hay momentos en que no podemos ver ni escuchar nada más que su ruptura, su lucha o su valor, y, al final de cada desencuentro, diálogo o callejón sin salida, siempre amor, amor compartido, por un proyecto común, por unos hijos, por una vida, siempre hay un gesto de cariño que nos lleva a imaginar cómo se sigue buscando siempre que sea unidos, haya que pasar por lo que haya que pasar. Es al final, cuando ya no hay más salida que el retorno o la ruptura, cuando los protagonistas vuelven a dirigirse al público buscando un arbitrio en sus conflictos. Pero ya no hay marcha atrás, la vuelta se impone.

Quizás podamos entender mejor este terremoto emocional, sabiendo que se trata de una autoficción en la que Iria Márquez interpreta a su madre, Juan Carlos Garés, a Ángel, el padre de la directora, y que la historia que se nos cuenta es su propia historia.

Ayer, mientras nos emocionábamos y una mano nos estrujaba el corazón, mientras reíamos en ocasiones o nos dividíamos entre el hogar, el corazón y la cabeza, en la misma fila donde nosotros estábamos sentados en simbiosis con el escenario, estaban sentados los padres de la directora, los protagonistas auténticos y espectadores de su propia historia, que salieron a saludar al final de la obra. No podría decir que fue emotivo, porque no sería suficiente, fue más, mucho más, tendría que inventar una palabra nueva para expresarlo.

Ojalá todos tuviéramos el arte de hacer un homenaje así a la historia de nuestros padres.

Sala Russafa. Del 29 de abril al 9 de mayo de 2021

Texto y Dirección: Iria Márquez; Intérpretes: Iria Márquez y Juan Carlos Garés. Producción: Vivirei Teatro

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