Un abrazo contra el silencio: «L’abraçada dels cucs», de Paula Llorens

Carla Llavador Rubio

«No hay sol sin sombra y es necesario conocer la noche.» Esta cita de Albert Camus representa uno de los rasgos principales de la compañía Cactus Teatre. Cactus Teatre nace en 2018 a partir del deseo de Paula Llorens de llevar a escena la adaptación de la novela de Josefina Aldecoa Historia de una maestra para hablar de una parte silenciada de la historia de nuestro país. Vemos, por tanto, que desde el principio uno de los objetivos esenciales de la compañía es hablar de aquello que se calla, de los temas tabú. Paula Llorens busca representar la noche, aquello que nos asusta tanto que ni siquiera nos atrevemos a hablar de ello, y lo hace mezclando el sol y la sombra: nos muestra temas difíciles desde la ternura, el humor y la belleza.

Labraçada dels cucs, El abrazo de los gusanos, es el segundo espectáculo de la compañía, escrito por Paula Llorens y dirigido por Sergio Caballero. En él el tema central es el suicidio. No obstante, no se trata de una obra oscura y terrible sino de una historia llena de luces y sombras, llena de matices, de contrastes, de colores distintos. Es una obra que, haciendo reír al espectador en numerosas ocasiones, logra naturalizar el tema del suicidio, convertirlo en algo de lo que se puede hablar. “¿De verdad crees que hablar del suicidio hará que la gente se suicide más?” le pregunta uno de los personajes al otro en un determinado momento. Al terminar la obra los espectadores sabemos que no es así, hablar del suicidio, naturalizarlo, haría más fácil afrontar el problema y posiblemente permitiría que las personas con tendencias suicidas no tuvieran tanta dificultad para expresar lo que sienten.

Labraçada dels cucs comienza con el despertar de Miquel en una habitación de hospital tras haber intentado suicidarse. Se encuentra en la planta de psiquiatría, donde comparte habitación con Clara, una joven que ya ha intentado acabar con su vida más de una vez. Desde el primer momento ambos personajes se detestan el uno al otro. Sin embargo, su objetivo común, salir del hospital para terminar con lo que dejaron a medias, hará que acaben colaborando.

Miquel, interpretado por Sergio Caballero, es un profesor de secundaria amante de Larra que no soporta a sus alumnos. Esto se debe, en realidad, a que siente que ha fracasado en su sueño de cambiar el mundo a través de la docencia porque ni siquiera ha logrado despertar en sus alumnos el interés por la literatura. Este conflicto, junto con el que le genera su homosexualidad no aceptada por sus padres y junto con otros rasgos que caracterizan su personalidad, configura un personaje complejo y cambiante muy diferente al personaje de Clara.

Mientras que los gestos de Miquel son llamativos y exagerados, su tono de voz cambia continuamente y pasa de una emoción a otra a un ritmo acelerado; Clara, interpretada por Paula Llorens, al comenzar la obra  ni siquiera tiene interés en hablar con Miquel, su movimientos normalmente son pausados y comedidos, su tono de voz varía mucho menos que el de su compañero de habitación y en vez de experimentar distintas emociones parece más bien permanecer en un sentimiento de apatía constante. Esto no la convierte en un personaje menos complejo sino todo lo contrario, porque detrás de todos esos rasgos hay mucho sufrimiento que el espectador irá comprendiendo poco a poco a medida que avanza la obra.

Este contraste entre los personajes hace que en un principio parezcan totalmente opuestos y que su amistad parezca imposible pero es precisamente lo que hace que se complementen y que acaben resultando la ayuda que el otro necesita.

También debemos mencionar que, además de estos dos personajes patentes, hay numerosos personajes ausentes relevantes para la historia como los padres de Clara, el exnovio de Miquel, la doctora, Marta, don Emilio… Todos estos personajes a los que los protagonistas dan vida a través de la palabra contribuyen a que la historia se extienda más allá de los límites de la escena, aumentan la sensación de que Miquel y Clara son dos personas como cualquiera de las del público que, más allá de las paredes de esa habitación de hospital, tienen a gente con las que les unen multitud de sentimientos distintos.

Ya que volvemos a referirnos a la habitación en la que se encuentran los personajes, debemos hablar de la configuración del espacio. Nada más entrar a la sala, el espectador observa sobre el escenario una escenografía que permanecerá durante toda la obra configurando un espacio único. Este espacio se compone de tres partes. En el centro se ubica la habitación de hospital, con suelo blanco, enmarcada por cortinas blancas y ocupando la mayor parte del escenario. El lado derecho, pequeño espacio ocupado únicamente por un váter, constituirá el baño de la habitación y el espacio del lado izquierdo será el pasillo del hospital. Dentro de la habitación la escenografía se compone de dos camas con sábanas blancas, dos cubos blancos como mesillas y un soporte de sueros. Esta escenografía se complementa con unos pijamas de hospital como vestuario predominante y con algunos objetos como bandejas de comida que ayudan a marcar el paso de las horas.

Por todo esto, se trata de un espacio metonímico, pues bastan algunos componentes del referente para hacer referencia a una habitación real de hospital. Es decir, no resulta necesario que estén presentes absolutamente todos los elementos que encontraríamos en ese tipo de habitación o en un cuarto de baño, pues el color blanco, las camas y el soporte de sueros, o simplemente un váter, ya nos permiten ver esos espacios.

Además, se trata de una escena cerrada ya que los personajes en ningún momento interpelan al público. Solo hay un instante en el que podríamos pensar en una desaparición momentánea de la cuarta pared: Miquel le está diciendo a Clara que debe recordar que no están solos, que hay muchos otros que sufren como ellos. Mientras formula esa frase mira al público con intensidad, a continuación Clara lo imita y ambos permanecen unos segundos en silencio sin apartar la mirada. Al ser el único momento en el que se rompe la cuarta pared resulta muy llamativo, lo que contribuye a lograr que los espectadores se sientan aludidos. Este detalle subraya la idea de que no debemos dejar que el suicidio y la depresión sigan siendo temas tabú, pero, además, esa mirada es un mensaje directo hacia el público: si sufres, exprésalo, no estás solo, y si hablas de ello tal vez encuentres a tu propio compañero de habitación capaz de ayudarte.

Algo que también contribuye en gran medida a hacer llegar esta idea al público es el hecho de que el espectador comparta la perspectiva afectiva con ambos personajes, pues al haber vivido con ellos todo lo que han experimentado durante la obra y al haber ido empatizando con ellos cada vez más a medida que los conocía y los comprendía, acaba experimentando él mismo la actitud optimista del final de la obra.

Sobre la cuestión del tiempo podemos decir que se trata de un drama contemporáneo, ya que además de que la escenografía y el vestuario nos sugieren que sucede en la época actual hay una pequeña referencia humorística al partido político Vox que sitúa la acción específicamente en España y en los años que vivimos.

Por otra parte, la obra se compone de muchas escenas delimitadas por la salida de escena de uno de los personajes o por un oscuro. Entre las escenas transcurre cierto tiempo, pero son elipsis de duración variable: algunas duran solo unas horas, otras una noche y otras varios días. Este paso del tiempo en ocasiones solo se deduce por las palabras de los personajes o por un cambio de luces y en otros casos nos lo indica un detalle proyectado en la cortina que constituye el fondo de la habitación: un cronómetro, un reloj que marca una hora determinada, la palabra “viernes”…

En relación al tiempo, también podemos reflexionar sobre el concepto de la frecuencia ya que hay numerosos elementos que se repiten durante la representación funcionando como ejes de la obra. Algunos de ellos pueden ser las referencias literarias a Larra, Buero Vallejo o Camus, la imagen de los gusanos, la música de piano o las reflexiones respecto al suicidio, la felicidad y la soledad. Estos ejes cohesionan la historia al mismo tiempo que nos van dibujando a los personajes.

Otros aspectos que no podemos dejar de mencionar son la luz y el sonido, ambos sumamente cuidados para contribuir a que los espectadores experimentemos las emociones de los personajes utilizando, por ejemplo, música en momentos concretos y en muchos de los cambios de escena; o cambios de luces que aumentan sensaciones como la de intimidad, focos tenues desde detrás del escenario, o la de euforia, luces de colores en movimiento. Además, un rasgo especial de la puesta en escena es la elección que ya hemos mencionado brevemente de utilizar la cortina que constituye el fondo de la habitación para proyectar imágenes o textos. Está idea permite dotar de mayor intensidad ciertos momentos de la obra aumentando la fuerza expresiva de la representación sin romper en ningún momento la atmósfera creada. Una de las imágenes más relevantes de todas las que se proyectan es la de los gusanos, eje esencial en la obra que está presente desde el título. Al principio de la representación podemos pensar que se trata de una imagen relacionada con la muerte por un comentario que hace Miquel en relación a que no le hace mucha gracia que le entierren y que se lo coman los gusanos. No obstante, a medida que avanza la obra nos damos cuenta de que no es una imagen pesimista sino todo lo contrario, los gusanos fueron un descubrimiento sorprendente para Clara cuando era una niña y ahora los propios personajes van a descubrir que a pesar de no saber abrazarse pueden aprender hacerlo y eso les permitirá convertirse en mariposas como si fueran gusanos de seda.

Labraçada dels cucs es una obra que nos enseña a reírnos incluso con los temas más difíciles y a comprender que aunque la vida a veces no es maravillosa hay muchos motivos para querer disfrutarla. No debemos sentirnos obligados a ser felices, ni fracasados por no conseguirlo, pero tampoco hay por qué privarse de intentarlo. En definitiva, es una obra que se ha atrevido a hablar del tema silenciado del suicidio y ha acabado hablando de la belleza de la amistad y de la vida.

Teatre El Musical – 11 y 12 de diciembre de 2021

Texto: Paula Llorens; Dirección: Sergio Caballero; Intérpretes: Paula Llorens, Sergio Caballero; Escenografía: Los Reyes del Mambo; Gerencia y puesta en escena: Sergio Caballero; Iluminación: Victor Antón; Vestuario: Maria Almudéver; Espacio sonoro: David Alarcón; Audiovisuales: Sergio Serrano; Dirección técnica: David Sánchez; Técnicos en función: Rubén Aranda, Pau Martos; Diseño gráfico: Joan Santacreu; Evaluación lingüística: Ramón X. Rosselló; Compañía: Cactus Teatre; Distribución: Teresa Juan

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