Cuatro miradas sobre «El abrazo de los gusanos», de Paula Llorens

Vera Creu Soler Poquet – Rubén Puchades Viana – Raquel Jiménez Alonso – Anna Grzelak

I

El abrazo de los gusanos es una obra de teatro representada en la Sala Russafa. Interpretan Paula Llorens y Sergio Caballero. El texto es de Paula Llorens y la dirección y puesta en escena de Sergio Caballero. Ha sido nombrada “Mejor espectáculo” en la Mostra de teatre d’Alcoi en 2021. Además, tiene cuatro candidaturas a los Premios Max, entre ellos: mejor espectáculo, mejor autoría, mejor actriz y mejor diseño de iluminación.

El abrazo de los gusanos trata sobre el suicidio. El problema de la salud mental poco a poco está pasando a ser un tema principal sobre las mesas de debate. La cultura pronto empezará, si es que no lo ha hecho ya, a mostrar este tipo de problemáticas. Paula Llorens, autora de esta obra, afirma que la escribió antes de este auge, sin embargo, el estreno ha dado de lleno en esta oleada de concienciación. La tesis, como la propia autora afirma, es que hablar del suicidio evita el suicidio. Así lo plasma la obra.

Con un tono cómico pero sin dejar de lado la seriedad del problema, nos presenta dos personajes que se encuentran en la habitación de un hospital, con pocas cosas en común excepto un intento de suicidio. El texto es muy hábil de situar a dos protagonistas sin nada aparentemente en común pero con un mismo problema. Este entorno aislado, seguro, incluso similar a una prisión —al menos así lo ven ellos— funciona como barrera donde los tabúes y miedos exteriores no entran. Ambos saben por qué están ahí y ambos pueden hablar libremente de aquello que necesitan hablar: el suicidio.

El humor que vemos en la obra pretende dotarla de un tono desenfadado. Rebaja la tensión que puede provocar este tema; forma parte de la cotidianeidad. Los personajes funcionan por contrarios: Miguel es más extrovertido y dramático, pronto nos cuenta todo, su trabajo, orientación sexual, profesión, obsesión con Larra y el motivo del suicidio… Clara, por su parte, una muchacha joven tímida a la que le cuesta abrirse, sirve como contrapunto a la extroversión de Miguel. Ambos se contagian el uno al otro, Clara al final acaba por sonreír gracias a la vitalidad de Miguel; a su vez, Miguel comprende que es un ser humano útil cuya frustración por haber fracasado como docente se compensa. Pero sobre todo hablan libremente y con sus tiempos del suicidio. Poco a poco se hacen amigos y esta estima mutua, comprender que no están solos les hace ver que no quieren el suicidio del otro ni el suyo propio.

La construcción de personajes por contrarios y situarlos encerrados en un mismo espacio es un recurso interesante porque de ello derivan otras cuestiones. Gracias a ello se sostiene la obra. Cuenta la historia de la psicología de dos personajes, prácticamente no hay trama. La escenografía no cambia y la trama es estática, es el solapamiento de distintas escenas que se dan dentro de una habitación de hospital. Mediante su interacción va avanzando la evolución psicológica de los personajes. Quizás este peso en lo psicológico provoque que haya ausencia de trama; este aspecto puede llegar a hacer monótona o estanca la obra ya que todo recae sobre dicha evolución y esta se limita a los diálogos. Se hace incluso previsible, dando más importancia al tema que no al desarrollo de este. Desde el principio se intuye el final, que si bien es optimista, se ve venir desde el inicio. No por esto significa que sea aburrida, las escenas llegan a sostenerse solas y a entretener con los distintos momentos de humor y tensión.

Por último, una de las cosas más interesantes es la escenografía, que si bien es realista, conjuga estos elementos icónicos con otros altamente subjetivos. Nos presenta una habitación de hospital, con su convencional color blanco y dos camas. Las paredes están constituidas por sábanas blancas. Estas telas blancas que constituyen las paredes a su vez funcionaban como tela sobre la que proyectar. De esta forma, las subjetividades se plasman sobre estas telas blancas: los sueños, los recuerdos, etc. Estas subjetividades proyectadas no funcionan como historias intradiegéticas en sí, pero sí apoyan el relato que cuentan los propios personajes en el diálogo o muestran sus sueños. Estas proyecciones funcionan como apoyo surrealista, apelando a las sensaciones del personaje que las narra o las siente. Por tanto, esta escenografía realista en ocasiones pasa a ser surrealista o altamente subjetiva. Las paredes funcionan como la proyección de subjetividades que se esfuman cuando los personajes son dados de alta. Así, lo que les encerraba, los problemas superpuestos a las paredes se van junto con ellas.

En conclusión, es una obra necesaria por la temática. Abre la puerta a hablar explícitamente de temas tabús, a entablar una conversación sobre el suicidio y la salud mental que hasta hace bien poco había estado velada. Esta obra habla sin tapujos del tema sin dar sermones ni intentar emitir enseñanzas transcendentales sobre la vida, lo cual es un punto positivo; simplemente presenta a dos personas que han intentado suicidarse y que hablan del tema. No obstante, a pesar de la necesidad de esta temática, se queda en la corrección, quizás por lo delicado del tema. Es previsible, pesa más la importancia del tema, que la tiene, que el desarrollo y profundidad de este. Desde el principio se intuye que con su muta amistad se curarán y así pasa. Que sea previsible no significa tampoco que sea mal final: no saben si se recuperarán, si recaerán o volverán a intentarlo, lo que sí saben y así lo muestra la obra es que hablar del suicidio evita el suicidio.

Vera Creu Soler Poquet

II

Cuando uno llega al teatro, lo primero que ve es una crisálida blanca proyectada en una superficie oscura. Después, cuando comienza la obra, uno intuye que esa habitación blanca de psiquiátrico, que contrasta con la oscuridad interior de los personajes, no es otra cosa que una crisálida emocional. Es decir, un espacio de transformación en el que dos personajes, Clara y Miguel, transitarán de la desesperación a la esperanza. Solo cuando baje la tela blanca del escenario y los personajes, maletas al lado, suban las miradas, sabremos que la crisálida se ha roto, y que los dos gusanos que habían intentado suicidarse, al abrazarse, se han convertido en mariposas. Y es que El abrazo de los gusanos, escrita por Paula Llorens, dirigida por Sergio Caballero e interpretada por ambos, es un canto a la esperanza de volver a sentirse bien.

De hecho, la obra literalmente suena como un canto a dos voces. En El abrazo de los gusanos convergen abrazo y gusanos, luz y sombra, calidez y frialdad, ternura e incomodidad, como coinciden Clara y Miguel en una misma habitación, tan antitéticos como esas palabras. Y lo realmente espectacular es cómo a través de la amistad que traban se armonizan las dos voces, entendidas bien como las voces de los personajes, bien como las voces de las emociones que los corroen o los curan, bien como las voces de los géneros que se mezclan para hacer un retrato humano del suicidio. Abrazo, comedia, esperanza y (no pero) gusanos, tragedia, desesperación. Las melodías antitéticas cobran un sentido unitario en El abrazo de los gusanos para demostrar que compartir tanto el dolor como la alegría es lo único que nos salva.

Pero, en un primer momento, ¿qué podían compartir dos personajes tan diferentes, que se conocen de manera inesperada en un psiquiátrico? Miguel, un verboso profesor de castellano, con la vida hecha, y Clara, una estudiante callada, con la vida por hacer. Realmente, lo único que compartían era el intento de suicidio. Y, sin embargo, acaban compartiendo sus mundos emocionales: Miguel le cuenta su decepción amorosa y profesional, tamizada por lecturas románticas y existencialistas, y Clara, una vez superado su silencio, le cuenta sus problemas de autoestima. Esta forma en la que los personajes se permiten habitar la misma herida se hace aún más humana cuando observamos que, a veces, Miguel no llega a comprender el dolor de Clara, y Clara llega a no saber explicar su propio dolor. Y, sin embargo, ambos aprenden a acompañar al otro sin juzgarlo. Con la amistad logran borrar el asfixiante sentimiento de soledad que suele acompañar a las desgracias personales. Con la amistad logran crear un espacio seguro en el que transformarse juntos.

Los espectadores observamos desde la distancia esa transformación cooperativa, pero compartimos con Clara y Miguel sus cambios emocionales. Muchas veces saltamos junto a ellos al instante de la risa fácil a la angustia, algo que, en una poética del dolor (aunque esperanzado), nos parece tan realista como necesario. La combinación de recursos trágicos y cómicos, lejos de reproducir prejuicios sociales o frivolizar, consigue derrumbar la imagen del que sufre como alguien que solo puede sufrir (ningún triste es solo un triste) y, en el trayecto, nos acerca a Clara y a Miguel, los humaniza, y su dolor nos llega como si fuera el del amigo que se sienta a nuestro lado.

Todo lo relativo al teatro refuerza la forma íntima en la que sentimos la alegría y el dolor de Clara y Miguel, desde la interpretación hasta la ruptura de la cuarta pared. Sergio Caballero nos traslada el nervio, el humor y la complejidad de Miguel en un papel abrumador por su verbosidad. En cambio, Paula Llorens acompaña a Clara en su paso de la contención al sufrimiento y, finalmente, a la alegría, en un papel cuyo silencio ha de ser elocuente. El teatro en sí llega a atravesarnos el corazón cuando, de repente, se oscurece, y tiemblan las telas que trazan las paredes de la habitación, y suena Tout l’univers, que, más o menos reconocible, llega a ser aguja. De hecho, solo se rompe la cuarta pared para que Clara y Miguel puedan preguntarnos por lo que nos duele, por nuestras agujas. Y no sé si esta pregunta retórica es una petición o un consejo, pero sí creo que encierra una clave: responder esa pregunta incómoda a alguien en quien confiar es el paso necesario para dejar de atravesar a solas el dolor, para romper la crisálida.

El abrazo de los gusanos saca a las tablas el tema del suicidio para romper el silencio que lo envuelve y que lo alimenta. Paula Llorens teatraliza un miedo de la sociedad con una mirada llena de esperanza: nombra a los suicidas para retratarlos (sin frivolizar, sin prejuzgar, sin juzgar) con humanidad, y los nombra para alumbrarlos con la amistad y la palabra compartida, con un futuro posible. Nos alumbra, porque todos llevamos dentro la tristeza de los suicidas. Por eso es tan importante mirarla con esperanza.

Rubén Puchades Viana

III

La obra El abrazo de los gusanos llega a los teatros de la mano de Cactus Teatre, una compañía valenciana, que surgió en 2018 de la mano de Paula Llorens y que le permite, en este momento, llevar a escena una obra propia, y, además, le da la oportunidad de interpretar a Clara, una de las protagonistas, junto con Sergio Caballero, que además de dirigir la pieza teatral, le da vida al otro personaje principal: Miguel.

Estos personajes se nos presentan como contrarios durante toda la obra, aunque vemos que ambos tienen en común algo clave: su cansancio y desesperanza por la vida que los ha llevado a intentar suicidarse. Ambos cargan con un gran bagaje emocional y personal, pues se han encontrado muchas veces en diferentes situaciones límite, sin embargo, en cuanto a personalidad, son contrapuestos, pues Miguel, que es un profesor, es puro nerviosismo y pura ironía, mientras que Clara se muestra más apática y más tranquila; el hecho de que se vean obligados a convivir, primero en la oscuridad del teatro, que es la oscuridad que reside en su mente, y después en una habitación de psiquiátrico, completamente blanca, que resalta en medio de la negrura y se relaciona con la crisálida de los gusanos que vemos en un principio, mostrará la transformación de los protagonistas, pues la luz irá engullendo las tinieblas a lo largo de la obra para simbolizar la evolución de los personajes.

Durante todo el tiempo vemos como la escenografía interactúa con los intérpretes y con los símbolos, pues los contrastes entre Clara y Miguel nos llegarán al espectador, no solo a través del texto y de la representación de los actores a la hora de interactuar, si no mediante la maquinaria teatral: la escena se conformará de un único espacio, que es esta habitación de hospital con dos camas y dos mesillas, y un número reducido de personajes (dos), lo que afecta a la producción, pues evidentemente la hace más sencilla, pero también al efecto que pretende conseguir la autora, porque al estar todo tan contenido, se logra concentrar la atención y que no se disperse, pues todos los elementos que aparecen (las canciones, los edredones, las maletas…) tienen la voluntad de continuar con la línea de emociones y pensamientos de los personajes; el tema de la obra ya logra, per se, que el espectador conecte con la historia, pero el hecho de que los protagonistas sean personajes cotidianos, es decir, sean el reflejo general de cualquier persona conocida, hace que la conexión con el público sea irrompible; al espectador le llega la imagen de dos personas totalmente cuerdas pero que tienen problemas de salud mental, es decir, no se estigmatiza al suicida, o al que hace el intento de acabar con su vida como alguien enajenado y ajeno a la realidad compartida por el público, si no como una persona desencantada con la vida.

Tanto Paula Llorens como Sergio Caballero les dan forma a los personajes con una sensibilidad que traspasa la ficción y te hace partícipe del proceso de salida de esa situación inicial, que se logra mediante pequeños actos, confesiones y gestos que construyen una amistad entre Miguel y Clara. Esta relación les da la oportunidad de romper con esa ninfa: cuando cae el telón, sabemos que la transformación se ha completado; el apoyo llano, sin prejuicios ni tapujos que se muestran los personajes y el hecho de abordar de frente el tema del suicidio y de los problemas mentales, hace que profesor y “alumna” construyan unas conexiones, que aunque parecen frágiles por su condición, acaban siendo una red segura e increíblemente fuerte para ellos, que no solo los sujeta e impide que se hundan más, sino que los impulsa a salir al mundo.

En mi opinión, esta es una clara alusión a los hilos de los gusanos a los que hace referencia el título de la obra, y lo más importante, representa el objetivo de la representación, pues Paula Llorens pretende hablar de la salud mental de una forma muy clara, con la intención de naturalizar la situación, pues contrariamente a lo que se podría pensar, hablar de ello acompaña a las víctimas y les da el valor de enfrentarse a ello y buscar ayuda, por eso lo que en un principio parece una situación destinada al fracaso, porque no se logran entender en esos primeros momentos, se acabará convirtiendo en un lugar de evolución para los personajes, que se encontrarán de repente acompañados y contextualizados, ya que, en esencia, Clara y Miguel son lo mismo.

Es de destacar que todo lo narra con un tono humorístico y optimista, ya que trata de hablar de la salud mental sin barreras, a través de una comedia sensible y tierna, donde el humor llega, la mayor parte de las veces, de la oposición que se muestra en los diálogos entre Miguel, al que se le ha pegado algo de la locura romántica de sus clases y la extrañada Clara; en definitiva, el tono nunca frivoliza el tema, sino al contrario, lo trata desde el respeto porque existe una conciencia por parte de la autora, que atraviesa el teatro hasta llegar al público, de que Miguel y Clara son todos nosotros y, de hecho, se llegará a romper la cuarta pared para lanzarle al espectador la pregunta de cuál es su dolor, cuál es su problema, qué es lo que le incomoda, como una oportunidad para aventurarse al mundo y atreverse a liberarse a través de la palabra compartida.

La comedia introducida en la obra, provoca que esta esté llena de altibajos: pasamos de momentos tristes a momentos alegres, acompañando en sus vaivenes emocionales a los personajes, porque se nos narra un proceso vital: alegría y tristeza se entrelazan de forma perfecta en nuestra vida para que podamos apreciar y, lo más importante, sepamos aceptar, ambos sentimientos. La mejor tragicomedia es la vida y necesitamos entender que hay que compartir ambos lados, especialmente lo malo, pues es lo que nos puede salvar. Este entretejido es a lo que hace, en parte, referencia el título, como bien apuntó la autora: aunque sabemos que ninguno de los personajes representa en su totalidad una emoción, podemos intuir, que sobre todo al principio Miguel representaría la comedia, por sus salidas humorísticas, y Clara la tragedia, por su actitud pasiva y abúlica, pero conforme avanza la trama observamos como ambos se van contagiando de los rasgos del otro hasta producirse la unión, el abrazo y la metamorfosis.

Para finalizar a modo de opinión personal creo que no es casual que Miguel sea un profesor, como dijo Paula Llorens la elección tenía que ver, en parte, con hacerle una especie de homenaje a su paso por la carrera de Estudios Hispánicos, pero al entrar en la ficción, a mí como espectadora, me da la impresión, aunque el proceso de acompañamiento es bidireccional, que Miguel guía en el viaje de salida de la crisálida a Clara, pues al final Clara es todavía muy joven, mientras que Miguel tiene mucha más experiencia y en ocasiones crea situaciones para que el proceso no se estanque, por ejemplo, en algún momento en el que Clara se niega a comer….

Me parece también memorable el final, pues, aunque es optimista y esperanzador, consigue evitar el tópico de que toda historia tiene un final feliz, porque sabemos que consiguen salir de esa habitación transformados, pero no es un desenlace idílico ni mucho menos permanente; la obra refleja parte de la vida y como tal el futuro es incierto.

Por último, destacar el trabajo de ambos actores no solo en escena, si no su labor en cuanto a compaginar ficción y realidad, pues sus trabajos de producción y dirección los obligaba, en cierta medida, a salir y entrar constantemente de escena.

Raquel Jiménez Alonso.

IV

A veces una obra teatral deja en nosotros una huella, con lo cual la recordamos por mucho tiempo. A veces nos da tanta gracias que repetimos los chistes del espactáculo a nuestros amigos y compañeros. A veces sentimos que le falta algo, pero no sabemos exactamente qué. A mí me lo pasó con El abrazo de los gusanos, que después de ver la obra tenía el sentimiento de la carencia. Y no era el sentimiento provocado por el tema sino por no haber creado dudas ni preguntas en mí.

El abrazo de los gusanos es una obra escrita por Paula Llorens. Se la estrenó en el año 2021 y hasta ahora se la presenta con mucho éxito en toda España. El espectáculo se basa en la intimidad, ya que lo presentan solo dos actores: Sergio Caballero (como Miguel) y Paula Llorens (como Clara). Merece la pena subrayar que ambos son al mismo tiempo dramaturgos y directores de la obra. El espectáculo ha recibido cuatro nominaciones a los Premios Max (Mejor Espectáculo, Mejor Autoría, Mejor Diseño de Luces y Mejor Actriz) y siempre llena las salas hasta los topes .

El abrazo de los gusanos de Paula Llorens aborda el tema de la enfermedad mental que nos puede empujar hasta la muerte. La acción sucede en un hospital psiquiátrico donde se encuentran dos personas completamente diferentes: Clara, una mujer joven que no tiene ganas de vivir y Miguel un profesor de literatura con bastantes años de experiencia que ha querido suicidarse por el amor infeliz. Ambos tienen que enfrentarse no solo con sus problemas y debilidades, pero también con ellos mismos .

Lo que merece el gran aplauso es la presentación de los protagonistas que se enfoca en el contraste. Miguel es un hombre maduro, pero muy extrovertido y energético. Mientras que Clara es una mujer jovencita que parece encerrada en su propio mundo y además se destaca por la inseguridad. El efecto que consigue el director hace de aquello un elenco completo y real, ya que nuestra vida siempre nos aporta los contrastes y el abanico de carácteres. Llorens y Caballero lo subrayan por su actuación, haciendo de los personajes seres vivos de carne y hueso.

El mencionado contraste parece equilibrado por la escenografía. La constituye una caja encerrada por tres lados que imita la habitación en el hospital psiquiátrico. Por lo tanto, del escenario brota el color blanco y la esterilidad. De hecho, la caja deja las partes laterales abiertas, con lo que el escenario rompe con la idea de cierre (quizás es un estímulo de cerrar la caja por el público que podría formar la cuarta pared de ella). Dentro aparecen dos camas y mesitas de noche que ayudan conseguir el efecto de la imitación de un hospital. Aunque el espacio no se destaca por varias posibilidades de desarrollo del movimiento actoral, los actores lo consiguen maravillosamente. El escenario vive todo el tiempo, los diálogos no parecen monótonos ni largos. Cada objeto allí tiene su uso. El director también en ese campo consigue encontrar el equilibrio.

El gran valor de Los abrazos de los gusanos lo constituye el guion. La historia escrita por Paula Llorens oscila en torno a los problemas actuales, especialmente en la época de covid. Creo que los penamientos relacionados con la muerte y el suicidio de vez en cuando nos acompañan en la vida, así pues cada espectador puede identificarse con el texto. Además estoy segura de que cada uno ha encontrado una frase que le ha tocado en vivo. Por tanto, por un lado el espectáculo puede lograr un éxito por representar las sensaciones tan reales, pero por otro, puede provocar cierta banalidad.

El abrazo de los gusanos es como una buena película americana. Nos enseña un argumento muy bien construido y apasionante con una actuación correcta y el final feliz. Como espectadores nos sentimos conmovidos por las historias y a veces nos identificamos con los monólogos. Especialmente cuando Clara habla sobre el odio que provoca ella para sí misma o cuando Miguel presenta los parlamentos acerca del amor. El texto “fluye” y nos hace pensar sobre el suicido y el deseo de la muerte, ante todo, cuando aparecen las palabras sobre el hecho de que quitarse la vida pudiera contagiar. Sin embargo, aparte de la pequeña sugerencia en la última escena cuando Miguel mira significativamente al público, no hay más dudas ni preguntas que el espectador pueda hacer a sí mismo. O mejor dicho, yo no las encontré. Claro está que al principio tenía curiosidad por encontrar la referencia al título. También la obra me forzó a pensar sobre el vacío y la muerte. No obstante, con el desarrollo del argumento todo se aclara, con lo cual la obra no me dejó sorprendida ni pensativa. Quizás porque opino que el teatro debería provocar más preguntas que respuestas, que debería basarse en subestimación y no en los finales bellos o que una obra significante debería incitar a averiguar “¿por qué el director lo presenta así y no de otra manera”, “¿cuáles son las referencias entre escenas?”. Aquí hasta la escenografía se presenta evidente. A lo mejor es solamente mi necesidad de buscar algo en el teatro y las escenas. De hecho, pienso que por todo aquello me ha tocado el sentimiento de la falta. No obstante no es una obra que no la recomendaría, al contrario, ya que hay que ver El abrazo de los gusanos aunque solo sea por el guion brillante o la temática que siempre sea actual.

Anna Grzelak

Sala Russafa, del 31 de marzo al 3 de abril de 2022

Texto: Paula Llorens; Dirección: Sergio Caballero; Intérpretes: Paula Llorens, Sergio Caballero; Escenografía: Los Reyes del Mambo; Gerencia y puesta en escena: Sergio Caballero; Iluminación: Victor Antón; Vestuario: Maria Almudéver; Espacio sonoro: David Alarcón; Audiovisuales: Sergio Serrano; Dirección técnica: David Sánchez; Técnicos en función: Rubén Aranda, Pau Martos; Diseño gráfico: Joan Santacreu; Evaluación lingüística: Ramón X. Rosselló; Compañía: Cactus Teatre; Distribución: Teresa Juan

Una versión 2.0: «La tempesta», de William Shakespeare (adaptación de Roberto García)

Nikola Uzunov

Luces de neón, trampolines, toboganes y una piscina de bolas de colores; elementos todos que bien podrían conformar un plató televisivo de un quiz show moderno, configuran la isla de Próspero, un lugar que linda con lo mágico, donde el polímata traicionado, y autor del espectáculo que presenciamos, ha establecido una tecnocracia en miniatura.

Exiliado por culpa de su hermano, el legítimo duque de Milán, Próspero, ha subyugado todo lo que estaba a su alcance en la isla: un salvaje de nombre Calibán, que ahora es su sirviente; y una inteligencia artificial llamada Ariel, que suple la función del espíritu de aire de la obra original. Con ayuda de esta última, Próspero derriba el avión de la delegación real de Nápoles y hace cautivos al rey, al hijo y al hermano de este, a su propio hermano traidor, y a un ayudante del rey.

Una versión 2.0 de La tempestad, actualizada a través de los conocimientos de nuestra época, que se muestra mucho más cercana al público contemporáneo y que justifica la magia con el avance tecnológico. Asistimos así a una colorida y mística experiencia de la que, como público, nos volvemos parte, pues presenciamos la diversión de Prospero con sus víctimas, pero también a una pieza teatral en la que somos nosotros quienes tenemos cautivo a Prospero.

Del apartado técnico nada puedo decir más que impecable. Las luces y el audio están en perfecta sincronía con la acción y se integran como parte de Ariel, personaje omnipresente y casi omnipotente en la isla. Hay canciones, rupturas de la cuarta pared, personajes que hacen mutis de los lugares menos esperados (que no detallaré para no revelar la sorpresa), elementos cómicos que imitan los problemas técnicos a los que nos enfrentamos a diario con nuestros dispositivos “inteligentes” y otros guiños a procesos que vivimos en nuestra sociedad contemporánea. Es especialmente de mi agrado el personaje de Calibán, porque, en términos marxistas, cobra conciencia de clase y decide rebelarse contra las injusticias de su señor. Y, si un pobre hombre medio asalvajado puede hacerlo, me parece que hay esperanza para nuestra sociedad.

La adaptación a partir de Shakespeare es atrevida, ligera, divertida y, a pesar de proceder de tan ilustre pluma, no se torna condescendiente ni se toma a sí misma muy en serio. El papel estrella se lo lleva Teresa Lozano que hace de Próspero (una mujer vestida de hombre interpretando un personaje shakesperiano, ¿coincidencia?, no lo creo). La pareja de enamorados es ingenua, pero encantadora, y su humor es a menudo verde, pero no se puede pedir otra cosa de un par de adolescentes con las hormonas por las nubes. La pareja que se configura por el ayudante del rey y Calibán es explosiva e intransigente; ligeramente alcoholizada por unas “pociones” que había en el avión. Finalmente, el trío real devenido en bufones para Próspero es lo que corona la obra y la vuelve divertidísima. Sin duda, una obra recomendable para cualquier público.

Teatre Rialto, del 5 de febrero al 13 de marzo de 2022

Intèrprets: Marina Alegre, Álvaro Báguena, Paula García Sabio, Nelo Gómez, Jaume Ibáñez, Jacobo Julio Roger, Jaime Linares, Teresa Lozano, Manuel Maestro; Versió / Direcció: Roberto García (IVC), a partir de William Shakespeare; Ajudantia de direcció: Lucía Sáez; Auxiliar de direcció: Isabel Puig; Composició musical: Carles Salvador; Disseny d’escenografia: Eduardo Moreno; Disseny d’il·luminació: Miquel Llop (IVC), Marc Gonzalo (A.A.I); Disseny Il·luminació decorativa – Leds: Ramón Jiménez (IVC); Disseny de so: Santiago Fuentes (IVC); Disseny /; Realització de vestuari: Susa Martínez (IVC), Esther Estrella; Assessorament lingüístic: Nelo Gómez, Càrol Ferré; Realització d’escenografia: Priamo Estudio; Caracterització: Inma Fuentes; Veus en off: Paula García Sabio, Darío Torrent, Teresa Lozano, Victòria Mínguez; Coreografia trampolí: Lucas Juan Ruiz Molina; Disseny / Imatge: Assad Kassab; Fotografia: Vicente A. Jiménez; Gravació vídeo espectacle: Senina Moreno; Mediació social Habitem el Rialto: Silvia Clavel (IVC), Anna Albaladejo, Maribel Bayona; Equip tècnic / Comunicació / Promoció: IVC; Coordinació tècnica: Tito Beltrán (IVC), Juan Gallego (IVC), Alberto Suesta (IVC), Francisco González (IVC); Producció executiva: Esther Moreno (IVC); Direcció adjunta d’Arts Escèniques IVC: Roberto García; Producció: Institut Valencià de Cultura

Salir a un escenario a disfrutar: Lisístrata, de Aristófanes (versión de Komos Compañía Teatral)

Cristian Marco Martínez

Lisistrata es una comedia griega de Aristófanes que ha tenido desde la época clásica hasta nuestros días diferentes adaptaciones, y por diferentes grupos de teatro, siempre como una oda a la paz, y al combate bélico a través del humor, y en esta actualización del grupo amateur de alumnos del IES Districte Marítim también es lo que se pretende conseguir.

El lugar elegido para la representación es la mítica Sala Palmireno de la Universidad de Valencia, lugar donde se han representado muchas obras universitarias, y de donde han nacido muchos grupos, que ha tenido este año su reapertura tras varios años.

A través de este espacio, se intenta reagrupar un grupo de más de treinta adolescentes que forman el reparto y coro, y el espacio especialmente al ser tantas personas no les permite lucirse, pero es bastante positiva la idea de revivir un gran coro en una comedia latina, lo que invita a la idea de viajar a los orígenes del teatro y a la Antigua Grecia.

Sin embargo, pese a que este “viaje” no se queda únicamente aquí, la obra ha sido muy modificada y actualizada hacia un lenguaje más moderno, cercano a nuestros días, y, especialmente, cercano a los adolescentes que conforman nuestra sociedad. Además, no solo se ha actualizado el lenguaje, sino que los jovenes actores a través de directrices marcadas y de cambios de texto, consiguen hacer una suerte de juego con la actualidad, e incorporan situaciones cómicas muy bien traídas, que pueden resultar propias al teatro del absurdo, del teatro humorístico-gestual que practican reconocidos grupos de humor como Tricicle, o a los noticiarios humorísticos propios de los monologuistas, donde se comentan las noticias de actualidad modificadas y con humor, con el fin de sacar una sonrisa al espectador.

En el lenguaje utilizado, quizás resulta redundante la gran carga de palabras sexuales, y pese a que lo quieren sacar a relucir porque es el tema principal de la obra (la abstinencia sexual de los griegos en la guerra contra Troya ideada por sus mujeres, que les lleva a situaciones desesperadas), acaba resultando monótono, y acaba dando un efecto de saturación al espectador, pero lo usan como base para crear situaciones disparatadas a los personajes que representan los actores, y eso le da valor a la frecuencia con la que utilizan el lenguaje referente al sexo, a los atributos masculinos y femeninos, y a otro tipo de palabras con la misma finalidad.

No solo buscan una simple representación formal, sino que se atreven a romper la “cuarta pared”, a acercarse al espectador para interpretar, a mostrar sus monólogos y acciones delante del espectador, y a hacer gala de su desparpajo atrayendo todavía más la parte cómica de la obra hacia el público.

De esta manera, con el tema tratado y las indicaciones marcadas, vemos a unos jóvenes que buscan una tarea concreta: salir a un escenario a disfrutar.

No es la principal obra que se debe buscar para ver una actuaciones brillantes (pese a que los protagonistas hacen un gran papel con los recursos que tienen, y pese a ser para muchos la primera vez que prueban la experiencia teatral), como tampoco se va a ver una representación fidedigna del texto original, sino que se van a mostrar a jóvenes que acaban de empezar a hacer teatro, que no tienen en cuenta una mayor proyección de la voz, lo cual es gran causa de que el espectador no se pueda enterar en muchas ocasiones de sus estamentos, donde la compenetración en algunos momentos no es adecuada, y donde se confunden a la hora de nombrar el texto y por pueril error no improvisan. Pero lo importante es que estamos presenciando unos adolescentes haciendo teatro, representando una función, y disfrutando con lo que están haciendo. Su función es pasárselo bien, perder la timidez y vergüenza (como reconocía uno de los adolescentes en el coloquio posterior), y salir a escenario a jugar, y eso sí que lo consiguen a la perfección, en eso sí que son unos auténticos profesionales, pues logran conocer a la perfección el “juego” del teatro y lo aprovechan para lograr sacarle una sonrisa al espectador, para quitarse prejuicios con el fin de pasárselo bien por encima de todo.

Que logren divertirse haciendo teatro ya es un logro, y es una muestra viva de que los institutos se deberían plantear que sus alumnos hiciesen más teatro, para que se sintieran más libres y confiados, y fuesen capaces de perder la timidez propia de la juventud, que, en definitiva es lo que se consigue a través de que estos jóvenes hagan esta representación, y es lo que necesitan los adolescentes.

29 de marzo de 2022, Sala Palmireno, Universitat de València.

Dirección: Miguel Navarro; Intérpretes: Alumnos y alumnas de IES Districte Marítim