El barco de los casi suicidas: «Escolta’m», de Emili Chaqués

Kawtar Bounia

No quedará en la noche una estrella / No quedará la noche / Moriré y conmigo la suma / del intolerable

universo (Jorge Luis Borges, 1975)

Salto, salto un vacío que nunca se acaba / Pasa mi vida por mis ojos y el tiempo se para (Porta, 2009)

La obra de teatro «Escolta’m» de Emili Chaqués, representada en la Sala Matilde Salvador del Centro Cultural La Nau, plantea, con un alto grado de sensibilidad, delicadeza y agudeza crítica un tema que todavía hoy se erige como un tabú el seno de la sociedad española: la importancia de las enfermedades mentales y, en específico, la manera en la que la mala gestión de estas conlleva a la radical decisión del suicidio, fruto de la falta de apoyo por parte del sistema sanitario español, la seguridad social y, en general, del estigma social que circula en torno al ámbito de la salud mental. Este tema aparece representado en la obra mediante la combinación armónica y gratificante de diferentes lenguajes escénicos que permiten ensanchar los horizontes expresivos, emotivos y críticos de la obra. Así, en la escenificación no solamente está presente el lenguaje verbal (expresado tanto en diálogos como en monólogos), sino también el lenguaje corporal (la gestualidad y el baile) y musical (que no solamente incluye música, sino también canto).

Esta diversidad de lenguajes escénicos se traduce, principalmente, en una compleja y rica composición de los personajes, que se caracterizan por su dimensión multifuncional y poliédrica. Así, los siete actores presentes en la escena no asumen una sola función, sino que van virando de personalidades y se constituyen en individualidad y colectividad al mismo tiempo. En ese sentido, se percibe cierto carácter coral en su desarrollo. En el coloquio posterior a la visualización, Emili Chaqués afirma que todas las historias que cuenta en esta obra son reales. Por tanto, desempeña un proceso de dramatización y elaboración ficcional de estas mismas. Se trata de diferentes historias ligadas al tema central del suicidio que sirven para concienciar de la omnipresencia de este conflicto tanto en el espacio público como en el privado y, asimismo, notifican la urgencia de visibilizarlo y tratarlo. En la primera historia, uno de los personajes asume una voz testimonial y recurre a la memoria para contarnos el suicidio de su abuelo tras la muerte de su compañera de vida, con la cual ha compartido sesenta años: la causa de su suicidio es la tristeza y la desesperación pero también la soledad, un tema que se va a poner de relieve a lo largo de toda la obra. Las mayoría de historias, en cambio, están contadas por personajes que manifiestan, en primera persona, la angustia, la depresión, y por consiguiente, el deseo de suicidio.

Estos personajes no solamente dan cuenta de los motivos que los han llevado al firme deseo de suicidarse, sino que también ponen en escena la incomprensión generalizada que los oprime, y que se relaciona, creemos, con la lógica capitalista del esfuerzo y el optimismo. Por ejemplo, una de las mujeres habla del tema del trabajo y da cuenta de la precariedad a la que ha sido sometida, lo cual desencadena en ella la depresión y la voluntad de suicidio. Los personajes que protagonizan esta obra no se sienten comprendidos, apoyados y escuchados de manera activa y empática. Por el contrario, se encuentran con personas que giran la cara y minimizan sus sufrimientos animándolos a ser más positivos, como si esto fuera suficiente para eliminar sus sufrimientos. Así, el individualismo, la positividad y el esfuerzo son algunas de las lógicas capitalistas que se ven plasmadas en la obra. La crítica no solamente se dirige a los sujetos que conforman la sociedad, sino también al sistema sanitario español y a la deficiente gestión de los psicólogos por parte de la seguridad social. En relación con ello, una de las escenas más interesantes de esta obra se produce cuando uno de los personajes llama por teléfono al centro de salud para decir que no se encuentra bien mentalmente, que tiene ataques de pánico y ansiedad. Tras una serie de llamadas fallidas (todas ellas mostradas en escena) debido a falta de atención y el ritmo acelerado del personal, el personaje logra que lo atiendan. Cuando lo hacen, le adjudican un psicólogo de la seguridad social y le dicen que debe esperar unos siete meses hasta tener la cita. Así, mediante la escenificación del dolor y de la desesperación, la obra da cuenta de la invisibilización sistémica de las enfermedades mentales. Tras las llamadas, el personaje llega a la escalofriante conclusión de que quizás a la sociedad no le interesan personas enfermas como él, lo cual es sintomático de una sociedad donde prima la productividad de los sujetos para la obtención del capital; una sociedad en la que somos homogeneizados bajo los moldes de una norma asfixiante: los otros (en este caso, los que padecen enfermedades mentales) son residuos, despojos que no interesan al sistema.

Frente al individualismo y la soledad, la obra plantea la necesidad de la colectividad para combatir la angustia y la depresión. En esta línea, otro elemento interesante es que el tema del suicidio no aparece reducido a una franja de edad o a una situación concreta, sino que, en consonancia con el carácter coral de la obra, reúne voces y perfiles divergentes. La matriz colectiva de la obra se ve representada en el mismo espacio escénico, en el que se coloca un barco en el que los personajes, con desconfianza, suben a bordo al principio de la obra, y que se va de-construyendo para la representación de otras escenas.

El barco funciona aquí como un arma de doble filo: por una parte, representa el espacio en el que se produce la unión y la empatía entre los personajes y, por otra, un espacio en el que el hecho de arrojarse al mar parece en todo momento inminente.

Otro aspecto que me ha gustado de la obra es la (re)citación por parte de los personajes de diferentes referencias literarias directamente relacionadas con el tema del suicidio. Así, desfilan por el escenario versos de poetas como Lorca, Dickinson o Borges. La presencia de la literatura no solamente se reduce a estos poemas, sino que en un momento de la representación los personajes cantan, entera, la canción «Alfonsina y el mar», que alude al suicidio de la poeta argentina Alfonsina Storni. La literatura y la música operan en esta obra como elementos mediante los cuales comprender y sobrellevar (aunque no superar) el dolor. Sin embargo, la cuestión más importante que plantea la obra concierne al deber social, político e institucional de atender al tema del suicidio. Esta obra se presenta como un grito necesario y efectivo que alerta sobre la necesidad de escuchar y, a partir de ahí, tomar conciencia y actuar.

Sala Matilde Salvador, Universitat de València – Del 25 al 27 de mayo de 2022

Texto: Emili Chaqués; Dirección: Pep Sanchis; Una producción de Assaig – Grup de Teatre de la Universitat de València

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