Por todas partes la tiranía: «Los pazos de Ulloa», de Emilia Pardo Bazán y Eduardo Galán

Irene López García.

“¿Cuándo se convencerán estos señoritos de que un casero no es un esclavo? Así andan las cosas de España: mucho de revolución, de libertad, de derechos individuales… ¡Y al fin, por todas partes la tiranía, el privilegio, el feudalismo!”

Emilia Pardo Bazán

     Desde septiembre de 2021, la adaptación teatral de Los pazos de Ulloa de Eduardo Galán ha sido llevada por Secuencia 3 a numerosos escenarios del territorio nacional, tales como el Teatro Fernán Gómez de Madrid o el Auditorio de Santiago de Compostela. El pasado 4 de noviembre, la obra cumbre de Emilia Pardo Bazán volvió a València para ser representada en el Auditori de Torrent, donde la crudeza de sus escenas y personajes no dejó indiferente a nadie. Esta adaptación de la novela paradigmática del naturalismo español pretende un homenaje a su autora en el centenario de su muerte, y emprende la compleja tarea de trasladar a la escena sus diferentes espacios y tramas, por lo que entendemos las reducciones que la distancian de la obra original.

     La atmósfera sobrecogedora de la representación se establece desde el monólogo inicial de Pere Ponce, que da vida al humilde cura Don Julián, a través de cuyo relato somos testigos de los sucesos que tienen lugar en los pazos gallegos. Destaca sobre todas las demás la extraordinaria interpretación de Marcial Álvarez, que encarna al envilecido y cruel Marqués de Ulloa, personaje que vertebra las dinámicas de poder y estructuras sociales que traslucen en la novela. Es igualmente excepcional la actuación de Ariana Martínez, que se desdobla en los papeles de Sabel y Rita, cuyas similitudes y diferencias nos hablan de la oposición entre el mundo rural y la ciudad en la España del siglo XIX. Asimismo, también resulta ilustrativa la oposición entre los dispares personajes interpretados por Francesc Galcerán: el despiadado Primitivo, el Señor de La Lage y el párroco de Naya. Claudia Taboa, por su parte, personifica con crudeza a Nucha, sobre quien descansa una punzante crítica de género. Por último, David Huertas interpreta al médico, un papel que a pesar de su brevedad, es fundamental en la obra teatral para introducir la trama de las elecciones que tanta importancia posee en la novela, pues ilustra sobre el contexto político entre conservadores y progresistas durante la Restauración y ofrece una explícita crítica social.

      Uno de los aspectos que nos resultan más reseñables de la adaptación es el montaje escenográfico de los múltiples espacios que pueblan la obra narrativa, a cargo de José Tomé y Mónica Teijeiro. En escena, permanecen durante toda la representación los mismos elementos y mobiliario pese a las conmutaciones del espacio que se dan entre los pazos y la ciudad de Santiago, pero experimentan rápidos e ingeniosos cambios: un modesto espejo que se gira y nos muestra un retrato noble, el cambio de sábanas y, el más dinámico: la proyección sobre la pared de madera al fondo de la escena, que logra que el adusto caserón del marqués se torne en la aristocrática casa de una familia noble venida a menos en Santiago de Compostela.

Boceto de la escenografía de José Tomé y Mónica Teijeiro, representa el caserón de Don Pedro. Mediante la proyección de un elegante papel de pared, muta a un salón noble.

Nos resulta, además, una resolución interesante la ausencia de actores que interpretan los papeles infantiles de Perucho y Nené, pues en su lugar se proyectan focos de luz a los que el resto de personajes se dirigen en algunas ocasiones. En otros casos, sus acciones son conocidas por el espectador a través de alusiones en los diálogos entre otros personajes. En general, cabe reseñar el diseño de iluminación por parte de Nicolás Fischetel, ya que la simulación de ventanas mediante focos de luz dota al espacio de naturalidad y verosimilitud y colabora con la diferenciación de unos espacios y otros, así como del día y la noche.

     Bajo la dirección de Helena Pimenta, la adaptación teatral de Los pazos de Ulloa logra reflejar el pesimismo con el que Emilia Pardo Bazán miraba a las gentes del mundo rural, sentenciadas por las jerarquías de poder y el caciquismo que las sometían. El determinismo social impregna toda la representación y mueve los hilos de todos los personajes, en especial los de las mujeres, resaltando la crítica feminista que subyace en la obra pardobazaniana.

Teatre Principal, del 13 al 16 de octubre de 2022

Dirección: Helena Pimenta; Adaptación: Eduardo Galán; Producción: SECUENCIA 3, LA VILLARROEL, SAGA PRODUCCIONES Y OLYMPIA METROPOLITANA; Intérpretes: Pere Ponce, Marcial Álvarez, Ariana Martínez, Francesc Galcerán, Lluna Castera y David Huertas.

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