Cuando el teatro cabalga: «Plany en la mort d’Enric Ribera», de Rodolf Sirera

Tiago P. Barrachina.

En ocasiones, raras y contadas, el teatro gana. En un mundo donde cada vez cierran más salas, donde los focos se apagan para siempre, donde los festivales no pueden tener más ediciones, el teatro ha logrado ganar unas pocas noches. Plany en la mort d’Enric Ribera ha sido representada en la sala Carme Teatre de Valencia del 2 al 11 de diciembre. La obra, dirigida por Aurelio Delgado ayudado por Marina Díaz, fue representada por un elenco compuesto por Pilar Martínez, Merce Tienda, Isabel Martí, Robert Roig, Daniel González, Guille Zavala y Juanjo Navarro. Fue escrita por Rodolf Sirera en 1972, bajo el sobrenombre de «Ensayo sinfónico de documentación biográfica». A través de retazos de la historia del actor Enric Ribera, la obra plantea una reflexión acerca del artista en la sociedad valenciana de mediados del siglo XX, de lo que supone el acto político en una profesión en la que estás completamente expuesto. Cabe mencionar que la obra está enclavada en el proyecto “Amb el text per damunt”, que trata de recuperar textos dramáticos escritos en valenciano y que han caído en el olvido.

Pese al claro componente documental, el argumento de la obra no tiene una relevancia mayor que el resto de componentes que componen la función. Plany en la mort d’Enric Ribera es un collage, un mosaico de escenas que llaman a la puerta del subconsciente del espectador. De este modo la cantidad de texto utilizado no es excesivo, recibiendo un tratamiento poético que favorece la aparición de nuevos significados en el hecho teatral. Las ecolalias, los coros, las repeticiones en diferentes cualidades y un largo etcétera, comportan una partitura dramática que juega un papel de vital importancia en el viaje rítmico que es la propuesta. El espacio escénico está compuesto por diferentes plataformas y estructuras como escaleras sobre las cuales los actores y actrices van moviéndose durante todo el retablo. Mientras que el vestuario carece de importancia, el espacio sonoro inmersivo creado por Joan Mei y la iluminación de David Durán y Florin Badilici dirigen la mirada del espectador con sumo cuidado. Tanto es así que durante la gran mayoría de la obra la oscuridad es palpable, sucediendo las escenas en pequeños recortes de luz que anteponen lo que se ha de ver, con lo que se quiere ver. Dicho sea de paso que el trinomio compuesto por el sonido, la luz y la escenografía no poseen, en ningún caso, un tratamiento naturalista.

La propuesta se acerca indudable a las formas posmodernas desde una sinceridad absoluta y una valentía indudable. En este sentido, creo que el riesgo que la compañía residente de la Carme Teatre ha asumido revaloriza el hecho teatral. En los noventa minutos de función se puede escuchar varias veces el mismo texto masticado, tragado y deglutido por los intérpretes. Pero en cada una de las repeticiones varía el sentido del mismo, la información. Los paisajes sonoros -por algo estamos hablando de un “ensayo sinfónico”- crean asociaciones de una fuerza mayor que si jugáramos al teatro explícito, al menos en este caso. Estamos -y lo creo fervientemente- ante la certeza de que a veces menos es más, que en ocasiones para ahondar en las profundidades de las historias hay que renunciar a la opulencia y asumir el negro del vestuario en lugar de los abrigos de época.

El trabajo de los actores ha sido, sin duda, brillante. El elemento del atril, presente en toda la escena, podría haber sido un impedimento, un obstáculo en la comunicación, sin embargo, su presencia era completamente prescindible a ojos del espectador. En este sentido no puedo evitar preguntarme si ese atril estaba por las necesidades que tiene una lectura dramatizada, o para provocar un efecto de distancia, al más puro estilo brechtiano. Decía, pues, que la suma del atril con los pequeños espacios de luz podría haber sido la caída en picado para un actor mediocre falto de herramientas con las que afrontar su trabajo; pero el elenco no solo lo ha integrado, si no que ha sido justamente el trampolín para explotar herramientas como la kinésica facial o la expresividad vocal que, considero, arropaban en todo momento a la audiencia. Destaco especialmente el trabajo de Merce Tienda, la prueba fehaciente de la importancia de la preparación física del actor y de porqué es necesario explotar la geometría corporal en la escena contemporánea. La partitura de acciones desarrollada por la actriz era uno de los signos principales en la escena que, como el texto, con sus variaciones ampliaba el horizonte de las asociaciones que el público generábamos en nuestro imaginario. Es cierto que si separamos la compleja red semiótica de la obra, esta pudiera parecer lenta, pero en su conjunto todos estos signos reman hacia un lugar común donde la función realiza una constante carrera, interrumpida por estallidos de luz que llenan todo el espacio y que, junto a un zumbido proveniente de los altavoces de la sala, te despierta del sueño en el que te encuentras sumido.

Cuando los que nos dedicamos a las artes escénicas vemos una propuesta contemporánea solemos tener la lengua demasiado afilada o demasiado blanda. No obstante, creo que es nuestro trabajo reconocer con precisión el valor de obra artística más allá de la representación cotidiana de unos hechos. Decía Lorca en Comedia sin título: «No voy a abrir el telón para alegrar al público con un juego de palabras, ni con un panorama donde se vea una casa en la que nada ocurre y a donde dirige el teatro sus luces para entretener y haceros creer que la vida es eso». La obra no es divertida, pero provoca risa en ciertos momentos; tampoco es dramática, y aún así te acongoja; no es, por supuesto, una profunda reflexión y, sin embargo, cuando sales por la puerta del teatro no puedes evitar sentir como una aguja se te ha quedado clavada en mitad de la frente. Una aguja que reza en tono eclesiástico:

Enric… Ribera…

Carme Teatre, del 2 al 11 de diciembre de 2022

Autor: RODOLF SIRERA; Dramatúrgia, Direcció i espai escènic: AURELIO DELGADO; Intèrprets: PILAR MARTÍNEZ, MERCE TIENDA, ISABEL MARTÍ, ROBERT ROIG, DANIEL GONZÁLEZ, GUILLE ZAVALA, JUANJO NAVARRO; Ajudant direcció: Marina Díaz; Direcció técnica: Florin Badilici; Llums: David Durán i Florin Badilici; Escenografia: Carme Teatre; Espai Sonor: Joan Mei; Audiovisuals: NU.RO visuales en escena; Vestuari: María Poquet; Caracterització: Quica Belda; Video: Nacho Carrascosa; Fotografia: Josep Escuin; Disseny gràfic i imatge: coRTarcabezas collage; Premsa i comunicació: Pedro Verdejo; Producció executiva: Raúl Lago; Ajudant producció: Antonio García

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