Una obra profundamente política y necesaria: «Escolta’m», de Emili Chaqués y Assaig Grup de Teatre.

David Johannes Conrad.

El 18 de octubre de 2022 tuve el placer de asistir a una representación de la obra de teatro Escolta’m, creada por Emili Chaqués, en la Sala Matilde Salvador del Centre Cultural La Nau de la Universitat de València. La obra fue representada por ASSAIG, el grupo de teatro de la UV, con la dirección de Pep Sanchis. ASSAIG es coordinado por l’Aula d’Arts Escèniques de la UV, integrado por estudiantes de la universidad y se ha dedicado principalmente a la representación de teatro en valenciano en el ambiente universitario de la UV desde su fundación en el año 1990. Después de haber estrenado Escolta’m en mayo de 2022 con tres representaciones, esta fue la segunda vez que ASSAIG la montó, y su cuarta representación de la obra en total.

Escolta’m es una obra que trata, por lo general, el tema de las enfermedades mentales y del suicidio, y el trato que se le da en la sociedad. Con este fin, muestra al público los casos de diversas personas con historias de vida muy diferentes, pero que luchan todas con problemas de salud mental y pensamientos suicidas. La obra no pretende “explicar una historia”, por lo que no cuenta con una trama continua, sino que se presenta al público más bien como una especie de caleidoscopio que abre sucesivamente una serie de ventanillas que muestran las vidas personales de diferentes individuos, y en que cada escena corresponde a otra historia. Entre estos casos, cuyas historias por la mayor parte se representan de forma completamente separada, aunque a veces también se entrelazan, se encuentran personajes muy diversos: una estudiante universitaria, una empleada de oficina, un hijo cuya madre ya no aguantaba la vida después de la muerte de su marido, o una madre cuyo hijo se ha suicidado, entre otros. El conjunto de estas historias individuales, a medida que la obra avanza, va pintando una imagen general que, aun presentando personas y vidas muy diferentes entre sí, denuncia la incomprensión generalizada con la que la sociedad las suele tratar, abandonándolas en su sufrimiento hasta que sienten que no les queda más remedio que quitarse la vida.

Precisamente por este carácter “político” en el sentido más amplio de la palabra, que busca transmitir un mensaje claro que haga reflexionar el público, la obra tiene una estructura poco convencional que no obedece a muchos de los paradigmas dominantes en el mundo del teatro: al no tener trama, tampoco permite una orientación crónica o cronológica, ni existe una linealidad obvia en el orden en el que se cuentan las historias, cuya única relación entre sí consiste en el hecho de tratar la misma temática. Debido a esto, cada escena tiene otro reparto, por lo que les actores se convierten en una especie de lienzo blanco sobre el que se proyectan las diferentes historias. Esta fluidez de la obra al cambiar continuamente de perspectiva es reforzada aún más por el hecho de que en cada escena es otre actore que asume el papel de “protagonista”, mientras les otres por la mayor parte se mantienen en un segundo plano, a veces repitiendo palabras clave del monólogo de le protagonista o incluso gritándolas en coro. A diferencia de la mayoría de obras de teatro, Escolta’m no muestra cómo acontecen determinados eventos, sino consiste casi exclusivamente de monólogos de personajes que cuentan sus historias de enfermedad mental, dejando solo constancia de algo ya ocurrido. Es por esta serie de monólogos dirigidos hacia el público, pero también por una escenografía metonímica, que solo esboza ideas de ambientes imaginados y cambia rápidamente y a menudo, que la obra adquiere un toque decididamente anti-ilusionista.

Más allá de los aspectos de la obra relacionados con los acontecimientos representados, destacan también sus elementos de danza expresionista y coreografía, que se insertan entre diferentes historias e ilustran la expresión de las emociones de los personajes. En estos segmentos, les actores realizan movimientos erráticos, se retuercen sobre el suelo o incluyen en su danza objetos como sillas, taburetes o troncos. Estas escenas a menudo están acompañadas por niebla, música dramática y efectos de luz que cambian rápidamente, lo que subraya la impresión general de inestabilidad y angustia que se crea a través de ellas. Por otro lado, durante las escenas en las que se realizan actos de habla la iluminación es generalmente escasa y suele centrarse sobre el personaje principal de cada escena. Otro elemento llamativo que define el carácter de la obra de manera importante es la ropa que llevan los personajes, ya que todos van vestidos exactamente de la misma forma: no llevan más que camisetas y pantalones marrones y van descalzos. De este modo se facilitan los constantes cambios de reparto, pero también se puede intuir que, evitando así proporcionar más información sobre los personajes más allá de las historias que ellos mismos cuentan, se quiere hacer resaltar el hecho de que son personas “normales” como todo el mundo, y que historias como las suyas afectan a gente de todas las partes de la sociedad, independientemente de origen, edad, clase social u otros factores.

Este conjunto de propiedades de la obra, en el fondo, la libera de restricciones formales y es lo que le otorga la capacidad de desarrollar su mensaje con toda la vehemencia y gravedad que le es inherente al tema del suicidio – y la ignorancia de la cuál por gran parte de la sociedad es precisamente objeto de crítica de la obra. Son impactantes las historias que cuenta, como la de un hombre que, habiendo intentado suicidarse ya tres veces, trata de conseguir con la mayor desesperación una cita con une psicólogue, pero es rechazado por la burocracia despiadada del sistema sanitario, que no le trata como un ser humano con necesidad urgente de ayuda, sino simplemente como otro cliente más. Se repite varias veces la frase “ningú escolta!”, gritada o casi sollozada, que hace palpable la desgarradora desilusión de los personajes con el resto de la sociedad que no se preocupa por ellos.

Desnudándose así emocionalmente ante el público, los personajes le ofrecen una mirada en su vida y su mundo emocional, sin maquillar lo que sienten ni pelos en la lengua al expresarlo. De esta manera, la obra pretende llamar la atención del público a la realidad de vida de aquellas personas que sufren de enfermedades mentales, siempre con el fin de que, como lo dice también el título, se les escuche, es decir, que se les dé espacio y atención para poder explicar qué sienten y que se les pueda ayudar. Por eso, como decía antes, la obra es “política”, ya que no esconde su intención de contribuir a un cambio en la sociedad. La escena final sintetiza el mensaje a la perfección, en la que los personajes le vuelven la espalda al público, revelando grandes letras de papel con las que conjuntamente forman las palabras “escolta’m” mientras se leen cifras reales de suicidios, acentuando la gravedad del problema. Por esa contundencia y claridad, Escolta’m me parece una obra muy necesaria y muy buena, en el sentido de que induce a reflexionar y, cuando cae el telón, deja atrás un público impactado que no puede evitar plantearse su propia responsabilidad de “escoltar” a quien lo necesita.

Sala Matilde Salvador, Universitat de València, 18 de octubre de 2022

Intérpretes: Aarón Sánchez, Bruno Tortosa, Clara Rozalen, Estefania Molina, Eugènia Morera, Fran Pomares, Marta Gómez; Autor: Emili Chaqués; Dirección: Pep Sanchis; Dirección coreográfica: Toni Aparisi; Ayudante de dirección: Núria Martin; Asesoramiento vocal y canto: Maria José Peris; Asesoramiento lingüístico: Victor Camarasa; Espacio sonoro: Panchi Vivó; Diseño y realización de escenografía: Carla Cea; Diseño y realización de vestuario: Tonuca; Diseño de iluminación: Pep Sanchis; Técnico: Calotronik.

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