Dolor y esperanza: «Margarida», de Rubén Rodríguez Lucas

Salma Chaibi Menkali.

Alfonso Sastre llegaría en una ocasión a decir: “Programar un teatro es pensar. Y también se podría decir que hacer teatro es implicarse en la vida social, comprometerse en las luchas de esa sociedad”. Margarida, obra escrita por Rubén Rodríguez Lucas y dirigida por Pablo Sanchis, centra su foco en el problema que supone salirse de la norma cisgénero no solo en lo relativo a la realización propia del individuo, sino también en cuanto a la percepción de la sociedad de dicha realidad.

Margarida gira en torno a dos historias paralelas que se funden en una sola y busca, en una labor de rescate admirable, que el pasado sirva de ejemplo y trampolín al presente. El primer personaje que sale a escena es una persona que se ve acosada por las vejaciones de sus compañeros de clase y la indiferencia del personal docente de una manera desgarradora. La segunda persona que surge de entre las cortinas de plástico se distingue como Margarida Borrás, envuelta en un vestido rojo sangre y con un velo que impide discernir sus rasgos. Conforme la obra va desgajando sus líneas y desenvolviendo sus misterios, se nos da a conocer cómo ambas historias son de líneas temporales distintas pero que se encuentran íntimamente ligadas por la situación personal de los personajes: su expresión de género no coincide con la que se ha venido asumiendo al sexo biológico. Magistralmente, el escritor trae a escena a un personaje histórico, Margarida Borrás, que se ha convertido en un icono de la lucha LGTBIQ+ en Valencia y cuyo nombre preside uno de los actuales premios en reconocimiento de la defensa de derechos del colectivo.

La labor de los intérpretes, Paula Santana y Andrés Espí, es admirable en la recreación de unos personajes en cierto modo universales, puesto que, a pesar de que en esta ocasión ha sido su historia la que ha podido ver la luz, sirven como ejemplo de todas aquellas personas transgénero que han sufrido por la persecución y no aceptación. Abarcan la escena en solitario y son dueños tanto de la interpretación de sus respectivas figuras, como también de las voces externas reproduciendo los insultos y las torturas a los que son sometidos. Esto es interesante puesto que pone el foco en la percepción que tienen los propios sujetos de la realidad externa y lo muestran al público en una clara perspectiva afectiva. Ya no estamos ante escenas descriptivas alejadas de nuestro punto de vista, sino que participamos del sufrimiento de los personajes.

Por otra parte, esta obra simula el ir y venir de las olas: en un momento retrocedemos a 1460 y en otro avanzamos hasta la actualidad. Esta policronía obliga a emplear elementos que nos permitan separar ambas temporalidades, y es aquí donde adquieren una gran relevancia esos constituyentes que en otras pasan desapercibidos: objetos, música, vestuario e iluminación. La aparición de Margarida Borrás viene envuelta en un halo rojo que recuerda a la sangre, pero no en el sentido terrenal, sino en el dolor puesto que sobre su frente reposa una diadema de espino en una referencia clara a la Biblia. Dicha corona pasa de un personaje a otro, como si fuera el elemento que les da permiso para hablar, para poder contar su historia. Este acto viene acompañado por juegos lumínicos muy intensos y centrados sobre todo en el contraste de luces, con una BSO marcada por la repetición y progresión hasta el clímax. Por ejemplo, el pasado está lleno de tonos ocres, mientras que el presente es profuso en matices azulados y blancos.

De especial relevancia es la determinación de los espacios físicos del escenario. Hay una cortina hecha a base de plásticos traslúcidos que permite recrear efectos muy sugerentes. Cuando los juegos lumínicos entran en acción, estos se ven potenciados por los reflejos de la cortina, al mismo tiempo que se deforman rasgos y solo se dejan entrever aspectos muy determinados de la fisionomía. Por otra parte, cuando nos encontramos en el presente esta cortina es movida constantemente creando un remolino de voces y pesadillas al sujeto que se encuentra en primer plano, llega a convertirse en el plano de las pesadillas y demonios, un espacio simbólico del infierno.

Como comentaba, hay varias referencias bíblicas que no pasan desapercibidas dado que se remarcan de forma evidente. Hay alusiones a La Piedad y La creación de Adán de Miguel Ángel, o la tradicional postura de Jesucristo en la crucifixión. Puede que estos guiños hayan sido simplemente licencias del escritor, pero también podemos pensarlo como una crítica intensa a la labor de la Iglesia en la persecución de personas del colectivo LGTBIQ+ a lo largo de los siglos por su mera existencia. Al mismo tiempo, la elección de estos ejemplos específicos puede hacernos discurrir que el dramaturgo alude a la tristeza de una madre ante el sufrimiento de su hijo, sea cual sea la causa de su sufrimiento (La Piedad), o a la conciliación del género que eres independientemente de lo que la tradición cisgénero haya proclamado (La creación de Adán). El hecho de haya tantas inferencias por las posturas o gestos de los actores también alude a la dura realidad que supone verse coartado hasta por la forma de nuestros cuerpos, lo que origina graves problemas de autopercepción.

El Teatre Talia acoge en su seno una obra vibrante y dolorosa, pero también esperanzadora. Las referencias audiovisuales que ha habido en las últimas décadas han sido catastróficas, ya sea bien por no dar cuenta de la realidad y convertirse en una fantasía descabellada de una persona cisgénero, o bien por hacerlos sufridores de destinos trágicos. Rubén Rodríguez ha puesto el foco también en los medios de conciliación como puede ser la comunicación con el círculo íntimo de la persona o la búsqueda de referentes que puedan servir de ejemplo. También se hace énfasis en aspectos como el odio y la ira puesto que las personas que han sufrido cualquier tipo de marginación también deben afrontar la rabia y la frustración por verse objeto de tales bajezas. Y así lo demuestra la persona que se encuentra en el presente al finalmente declararse transgénero y utilizar el nombre de Margarida, enlazando con Margarida Borrás. Pasado y presente unidos en un instante.

Teatre Talia, 22 de noviembre de 2022

Autor: Rubén Rodríguez Lucas; Dirección: Pablo Sanchis; Intérpretes: Paula Santana, Andrés Espí

Deja un comentario


¡IMPORTANTE! Responde a la pregunta: ¿Cuál es el valor de 13 7 ?