Veredicto: culpable. «Mi querida tonta España», de Chema Cardeña

Pedro J. Moreno Lozano.

La Sala Russafa ha elegido para su cartel de Navidad 2022-23 esta pieza de producción propia, por parte de la compañía Arden, residente en dicho teatro. Con ella, si bien rompe en cierta medida su línea de recuperación de textos clásicos, no es menos cierto que mantiene el espíritu de relectura de elementos culturales emblemáticos a través de la utilización de lenguajes escénicos actuales; lo hace en esta ocasión, escogiendo, además, el género a modo de comedia bufa-musical.

Los recursos escénicos son muy diversos, todos ellos combinados de manera tan ágil y cercana que consiguen vencer cualquier resistencia crítica por parte del público, suscitando así una entrega cómplice.

La pieza se desarrolla a partir del nudo principal que anuncia la sinopsis publicitada, que por tanto se supone ya conocida por el público asistente: una convocatoria fantástica de algunas glorias patrias que después detallaremos, para intentar la redención de España de la condenación eterna en el Infierno a la que ha sido sentenciada, y donde, conducidos por Dante Alighieri como cicerone, el papel del público resultará determinante.

Basado en ese argumento, un brillante desarrollo consigue abrir varias líneas que operan en paralelo. Por un lado, la caracterización de los personajes en su propia idiosincrasia, conseguida en cuatro trazos simples desde la primera intervención. Por otro, la línea argumental que tiene como guía el recorrido por los 7 pecados capitales, encarnados como condiciones naturales del pueblo español. Esa misma articulación servirá de excusa para la tercera línea, que es el entramado musical, introduciendo una canción para finalizar la escena de cada uno de esos pecados. Por último, como ingrediente fundamental también, otro de los elementos argumentales será la apelación directa al público, que, mediante su veredicto, determinará la sentencia sobre cada acusación; a través de divertidas votaciones a mano alzada —perfectamente integradas en el registro cómico— se resolverá la absolución o condena definitiva de «il suo paese» como predica el personaje de Dante.

La obra presenta una perspicaz reflexión acerca de la idea de la Hispanidad y las diferentes concepciones de los valores patrios que conforman dicha idea. Gracias a la clave humorística, el tratamiento general ablanda la dureza de los posicionamientos ideológicos más radicales representados, todo ello mediante el tono de comedia bufa y entrañable sainete, a veces de trazo grueso, pero en el que fácilmente “aceptaríamos pulpo como animal de compañía”.

El elenco de personalidades convocadas refleja varios aspectos o arquetipos de la idiosincrasia hispánica:

✓ Del lado “conservador”: Sta Teresa de Jesús es la representante de la España católica- conservadora, la religión y el puritanismo cínico de doble moral; Agustina de Aragón, la España popular aguerrida y reaccionaria, tan valiente como simple; Hernán Cortés representa la nostalgia del Imperio, caciquil y racista, aunque aquí, más bien cercano al cuñadismo torpe.

✓ Del lado “progresista”: Salvador Dalí personifica la genialidad del arte excéntrico, además de servir de adalid de la diversidad cultural de las periferias ibéricas; cierra la nómina la elección del filósofo hebreo-andalusí Maimónides, que representará la parte multicultural, tantas veces negada, que fue expulsada y aborrecida por la España católica y recalcitrante.

El humor, en tono de entrañable, aunque animada y viva discordia regada con aspectos más folclóricos, es el que permite surfear lo que resultaría una agria revisión de las controversias hispánicas y los dramas históricos que salpican la formación de nuestro país desde sus orígenes. Así, consigue diluir la intolerancia de las expulsiones moriscas tras la reconquista, confrontándola con la posibilidad de una España sin jamón serrano -pero también en contraste serio con las consecuencias de que estuviera vigente la sharía-; más tarde repite la argucia esgrimiendo la polémica de “la tortilla de patata, con o sin cebolla”; de esta manera entregan al público a una jocosa reconsideración de si esas “virtudes características de lo español” tan queridas y apreciadas serían posibles de no existir la tradición que las sustenta.

El repaso no deja títere con cabeza: la religión católica —la única española, por supuesto— que incluirá un socarrón recorrido por sus vírgenes; la ya mencionada “Reconquista”; el Imperio con su “Descubrimiento de América”; la corrupción tampoco se escapa, ni la monarquía, con un repaso de sus reyes “protectores” del pueblo… que se suman a esa relación de forma más o menos directa con cada pecado, de manera muy ingeniosa también mediante el tratamiento de la lujuria, vinculada a la erótica del poder. El recorrido histórico por las tensiones llega a su clímax con la alusión a la Guerra Civil , en la que Dalí, de forma casi inadvertida pero muy significativa, se cambia de bando al final . Sirve dicha mención para invocar en la voz de Machado, el enfrentamiento entre las dos Españas, y sus diez cabezas, “de las que nueve embisten y solo una piensa”. Se recupera así la profundidad de la reflexión, invitando a la reconciliación, solo posible mediante la aceptación de la diversidad ibérica.

El ritmo es vivo, ligero, trepidante y alocado a veces. No baja del andante vivace, llegando al allegro con fuoco algunas veces, si se me permite la expresión. Jalonado con todo tipo de chistes, verbales o de situación, equívocos de doble sentido, irónicos juegos de palabras, sandungueros tocamientos, las repeticiones —como el cuerno de unicornio en forma de espiral, las visiones surrealistas de Dalí o el remedo grotesco del éxtasis de Sta. Teresa —, también juegan a favor de esa hilarante cadencia.

La ambientación e iluminación, perfectamente adecuadas, con una satisfactoria combinación del tratamiento de color y temperatura, el humo bajo, suaves efectos, y la pantalla de proyección vistiendo el decorado con fondos de grabados e ilustraciones de la Divina Comedia, o puntualmente, apoyando las partes musicales con efectos de inspiración más psicodélica.

De nuevo destacaría el procedimiento de integración, también mediante la iluminación, respecto al público, que desde la primera escena, desarrollada íntegramente en la platea, queda incluido en el espectáculo; cada referencia se verá apoyada con la iluminación (blanco neutro, rojo pálido en referencia a que somos habitantes del infierno, o verdes en las calles laterales para las incursiones de los actores en el patio de butacas como el guasón peregrinaje por medio del respetable.

Por último, en cuanto al formato musical, la banda está también perfectamente integrada en el espectáculo. Mediante apelaciones directas totalmente naturalizadas, consiguen incluirla, tanto a nivel escénico como narrativo, cediéndole el protagonismo preciso. El repertorio, significativamente internacional -excepto la prologal «Mi querida España»- y plagado de éxitos comerciales, con algún guiño-homenaje a alguna BSO como Sister Act y J.C. Superstar, al igual que la básica adaptación musical llevada a cabo, resulta tan eficaz como la implicación de los actores en una más que conseguida interpretación vocal de los temas seleccionados.

El giro final del argumento sorprende un tanto apuradamente con una última vuelta de tuerca de la fábula, cuando desvela que en realidad se ha tratado de una sesión de tratamiento en un internado psiquiátrico, Dante es el enfermero que ha guiado la terapia y tanto actores como músicos son los enfermos del sanatorio. No deja de resultar una metáfora más de una hispanidad necesitada de cura… por sus excesos.

El resultado es un divertidísimo y nutrido espectáculo de excelente factura que funciona estupendamente como comedia musical y en mi opinión, consigue con creces lo que pretende.

Sala Russafa, del 16 de diciembre de 2022 al 8 de enero de 2023

Una comedia escrita y dirigida por Chema Cardeña; Interpretada por: Rosa López, Raquel Ortells, Darío Torrent, Jaime Vicedo, Saoro Ferre y Chema Cardeña; Con música en directo de: Batería: Jose Montoro; Guitarra: Ruben Marqués; Cantante: José García del Real; Bajo: David Campillos. Una producción de Arde Producciones y Sala Russafa.

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