Una historia generacional: «Mímesis», de Tiago P. Barrachina y Orfe Teatre

Míriam Soler.

-¿Por qué vamos al teatro a ver lo que pasa y no lo que nos pasa? -Mímesis es una imitación, un reflejo veraz, no una parodia. La representación de nuestro día a día. La lucha constante de una generación de actores y actrices por sobrevivir.

Lo primero que te viene a la cabeza cuando comienzas a ver Mímesis es que de imitación de la realidad no debe tener mucho. Para empezar nos encontramos con un escenario totalmente a oscuras, que cuando se ilumina, muestra de fondo un panel formado de cajas blancas y en cada una de ellas aparece un rótulo con una tipografía distinta. Y nada más. En cuanto al vestuario, se conforma de ropa neutral y negra, siendo unas cadenillas lo único que rompe la uniformidad entre los cuatro y que, en palabras de una de las actrices “podría haber comprado en el Bershka cuando salieron de temporada, pero yo ya las había hecho.” Este escenario y este vestuario nos puede parecer cargado de simbolismo y más que probablemente lo esté, pero también me parece una apuesta en favor de poner en valor y fijar la atención en la actuación en sí y en el mensaje que se nos está transmitiendo. Y no sólo eso, es que es una puesta en escena de bajo presupuesto, muy do it yourself, porque la compañía de Orfe Teatre no tiene padrinos y ellos y ellas son profesionales emergentes.

Es así como se introduce la pura realidad en la obra, y es que en ella se nos cuenta, por medio de una serie de micropiezas (cada una construida con recursos y materiales diversos y caracterizadores), las penalidades y quebraderos de cabeza (burocracia, castings, curriculums, o méritos imposibles, cláusulas de contratos y estatuto del artista, que se enumera bajo el título de “decálogo”) por los que tiene que pasar una compañía que acaba de salir de la escuela de arte dramático. También nos habla de la frustración de haber invertido tanto esfuerzo en perseguir un sueño pero no saber a qué futuro atenerse. Aunque siempre sin olvidar la ilusión y el cariño que sienten por su vocación y su profesión. El grupo lo define, de hecho, como una exorcización (“el teatro me da miedo”). Y por eso también establece esa relación estrecha con el público y nos pide nuestro amor.

«El espectador está tranquilo porque sabe que la comedia no se va a fijar en él. Los espectadores estáis tranquilos porque sabéis que la comedia no se va a fijar en vosotros. Pero, ¿y si sí? ¿Y si sí?

Por otro lado, como describe la propia compañía en su proyecto:

«El trabajo corporal y la construcción del texto escénico constituyen los dos pilares de nuestra dramaturgia, compuesta por 14 piezas hiladas por un espacio sonoro, una voz en off, que cuenta la biografía real de nuestra compañía».

En seguida llaman la atención la coreografía y el movimiento corporal que inunda todas las escenas. En una de las primeras los personajes, que por cierto, se interpretan a sí mismos y utilizan su nombre propio, aparecen cada uno moviéndose como si fuesen piezas de un engranaje o una gran maquinaria que en algún momento funciona mal o por el contrario puede llegar a convertirse en una danza frenética. En otra aparecen haciendo ejercicios de gimnasia mientras recitan su texto. Esta forma de llenar el escenario constituye una metáfora que fácilmente podemos reconocer, pero una vez más su función no termina ahí y encuentra su nexo con la realidad, ya que al fin y al cabo estos son los movimientos de las actrices y actores y una de sus herramientas para transmitir su mensaje.

Por otro lado, otro de los elementos más interesantes es la forma en que se concibe la creación del texto teatral. Se trata del concepto del teatro laboratorio y consiste en precisamente eso, experimentar con textos, materiales o ejercicios que poco a poco van configurando el espectáculo. Lo fascinante es que de esta forma el texto va modificándose, cambiando con el tiempo y las experiencias de los actores. Esto además conlleva un proceso de creación más colectiva que implica a todos los participantes.

Por destacar alguna escena de la obra comentaré una en la cual los cuatro nos explican que además de ser actores también se reparten los trabajos de escena, vestuario, redes sociales o todo lo que implica dar salida a la representación. U otra en la que se habla de la importancia de consumir cultura no comercial y de la oportunidad que nos brindan los pequeños teatros para descubrir nuevas creaciones alejadas del eje canónico. Entre ellas se encuentran obras de jóvenes “emergentes” como Mímesis, cuyo talento, inspiración y trabajo no deberíamos perdernos. En otra asistimos a la recitación de acotaciones de obras famosas como La señorita de Trevélez o Historia de una escalera a la manera en que un comercial podría presentarnos un local de interés. Luego las acotaciones y los movimientos repetitivos de los actores se superponen y crean un efecto divertido a la vez que desconcertante. Escenas como esta última ponen de relieve el que el hecho teatral sucede cuando “Un hombre camina por este espacio vacío mientras otro le observa, y esto es todo lo que se necesita para realizar un acto teatral”, como ya observó Peter Brook.

En conclusión, podríamos considerar Mímesis como algo que nos lleva más allá de una simple forma metateatral, ya que como ellos mismos afirman Mímesis trata de lo que nos pasa, de lo que ellos pasan. Porque cuenta la historia de los jóvenes que hoy deciden dedicar su vida a la dramaturgia y en ese sentido muchos de los jóvenes que se dedican a alguna forma de arte o trabajos en los que es difícil abrirse paso y encontrar oportunidades también podemos sentirnos identificados. Es una queja y una reivindicación, mediante un discurso agresivo pero con humor, un intento de acercarnos su realidad. El logo de Orfe Teatre es una caja vacía y de eso, que sucede en lo oscuro, se pueden crear universos.

Personalmente, me alegro mucho de haber visto la obra y de haberlos podido conocer en clase. Seguro que muchos ya tenemos ganas de más.

Teatre Patraix, 21 al 23 de abril de 2023

Dirección: Tiago P. Barrachina; Dramaturgia: Orfe Teatre; Reparto: Juan Balaguer, Tiago P. Barrachina, Laura Luna, Ángela Granel; Ayudantía de dirección: Alba Navarro; Regiduría: Nat Lopez; Iluminación y sonido: Nacho Cigalat; Diseño gráfico y escenografía: Lluvia Rodriguez; Teaser: Ángel Vigara; Fotografía: Joanna Tolman; Colaboración: Juventud, Cabanyal Intim.

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