La guerra y el comercio: «La mare coratge», de Bertolt Brecht y Malatesta Teatre

Belén Llusar Ferrer. 

Los días 27 y 28 de febrero de 2024 se representó en la Sala Matilde Salvador del Centro Cultural La Nau La Mare Coratge, una adaptación por la compañía valenciana Malatesta teatre del texto de Bertolt Brecht Madre Coraje y sus hijos. Este es un relato acerca de la guerra de los 30 años, conflicto bélico que se dio entre varios países europeos, resultando en distintas batallas a lo largo de la primera mitad del siglo XVII. La historia de Madre Coraje es la de Anna Fierling, una comerciante que se gana la vida siguiendo al ejército sueco con su carreta de mercancías, y cuya astucia y resiliencia le permiten sobrevivir aprovechando las circunstancias, aunque sus tres hijos no corren la misma suerte.

Esta producción le ha conseguido a Malatesta teatre, compañía valenciana fundada en 2015, varios premios en los festivales de teatro de Mislata y Cullera. Sobre todo, se ha galardonado a Paula Úbeda, directora y a su vez protagonista de la obra, así como una de las fundadoras de la compañía. Su trabajo consigue recrear el ambiente de miseria y dureza que evoca el texto. Personalmente, destacaría la labor de traducción del guion al valenciano, de manera coherente e integrando expresiones que consiguen transmitir un tono de ironía trágica que se mantiene fiel a las características de la obra de Brecht.

En La Mare Coratge, nos encontramos ante una línea argumental relativamente lineal, exceptuando algunas elipsis que producen saltos temporales, llegando a uno de casi veinte años entre dos de los cuadros de los doce en los que se divide la obra. A lo largo de la representación asistimos, mediante distintas escenas, a la degradación de Anna Fierling, la vendedora sin escrúpulos que en palabras de Requesón, personaje que ejerce como narrador, “no tiene sentimientos, porque se los come”. Ella trata de pasar por encima de todo y de todos, dispuesta a vender incluso sus principios, si es que le queda alguno. Solo podemos entrever su sensibilidad cuando el ejército trata de reclutar a sus dos hijos, pues precisamente su experiencia le hace saber lo que esto puede conllevar. En efecto, ambos acabarán muriendo a causa de sus trabajos militares. El caso de Eiliff, el mayor, ilustra cómo quien un día ha conseguido ascender a los altos cargos, al siguiente puede ser echado abajo sin más miramientos. La Madre Coraje sufre las repercusiones de su frialdad en silencio, actitud que mantiene también cuando unos desconocidos asesinan a su hija menor Caterina.

Esta última es quien más padece emocionalmente los horrores de la guerra. Su inocencia contrasta con la impasibilidad de su madre y además se ve potenciada por su mudez. Requesón recalca, momentos antes de que la maten, que Caterina ha perdido cualquier esperanza de ser querida, vemos que ha renunciado a tener la vida “normal” con la que ella soñaba. Esta pobre chica muda parece estar representando a todas aquellas víctimas de los conflictos bélicos que no tienen otra opción que sufrir, ya que, en este caso literalmente, no tienen una voz que vaya a ser escuchada ante las injusticias a las que les someten los enfrentamientos de mandatarios que parecen ajenos al dolor que provocan sus decisiones políticas.

Aparte de los personajes y este desarrollo argumental que comentamos, otros elementos del montaje que no rompen abiertamente con la ilusión de verosimilitud son el vestuario y la caracterización de las actrices. En cuanto a la escenografía, destaca especialmente cómo se aprovecha para, a partir de pocos elementos, conseguir diferenciar unas escenas de otras, como cuando mediante unos palés se separa el interior del exterior del palacio del Mariscal. Además, la gran carreta de la protagonista, en escena en todo momento, resulta un elemento esencial, casi personaje de la obra, símbolo de todo aquello que Anna Fierling arrastra, también psicológicamente, y que le ha conseguido la supervivencia pero le ha impedido vivir plenamente.

Sin embargo, no dejamos de encontrar elementos desautomatizadores: múltiples apelaciones al público (ya desde la presencia de un narrador), bailes como transición entre escenas, la música que parece difuminarse entre diegética y extradiegética; monólogos en los que los demás personajes ejercen de eco o conciencia, la evidencia de que todas las actrices son mujeres y que en más de una ocasión interpretan varios papeles, e incluso la aparición de un esqueleto disfrazado en la representación del entierro del Mariscal. Esta ruptura con lo verosímil lleva a que los espectadores no abandonemos nuestro papel de observadores conscientes, críticos ante lo que se nos presenta, ni siquiera en el final, en el que la propia Madre coraje rompe la cuarta pared ofreciéndonos “una copita de ginebra”. Así acaba la obra, dejando a esta mujer sola y sin más esperanzas que la de seguir sobreviviendo gracias a su eterno arrastrar la carreta y sacarle partido al sufrimiento.

Esta fue una de las obras en las que Brecht expresó su denuncia ante el auge del fascismo y la invasión nazi a Polonia en 1939, clave desde la que podemos interpretar la obra. Así como entendemos el mensaje antibélico que lanzaba esta obra en ese momento, como dice la propia web de Malatesta teatre, el texto también resulta de total actualidad. En un momento histórico en el que estamos rodeados de guerras, cuantas “Madres Coraje” dispuestas a lucrarse y ascender a partir del mal ajeno parecen surgir en nuestra sociedad, así como justificaciones ante esta manera de obrar, que en ocasiones parece ser la única salida. Esta comerciante vagamundos encaja a la perfección en nuestro complejo siglo XXI, como denuncia y espejo de esa guerra que, en palabras del propio personaje, “da de comer mejor a sus hijos” mientras “mata a los débiles, que mueren de todas formas” y que acaban encarnando, también, sus hijos.

Por último, personalmente, destacaría lo mucho que me ha gustado, y hecho pensar, ver el tema de la guerra tratado desde esta óptica diferente a una lacrimógena o sentimental a la que podemos estar más acostumbrados. Las pinceladas irónicas que llevaban a que se escucharan risas en la sala, como los comentarios al público del personaje de Ivette, la prostituta, hacen que La mare coratge tenga un tono especial, que la diferencian de otras que puedan escenificar historias similares.

Sala Matilde Salvador, Centre Cultural La Nau, Universitat de València, 27 y 28 de febrero de 2024

Reparto: Carmen Aguado, Geni Cerveró, Sara Nerea García, Teresa Llácer i Viel, Alicia Llorca, Rosa Navarro, Enri Sánchez, Paula Úbeda; Adaptación, dramaturgia y dirección: Paula Úbeda; diseño de luces: Víctor Antón; traducción: Teresa Llácer Viel; técnico de luz y sonido: José Sebastiá; diseño gráfico: JSNET Informática; fotografía: José Sebastiá; vídeo: Senina Moreno; producción: Malatesta Teatre

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