La escena y la precariedad: «Mamá quiero ser…», de Tiago P. Barrachina y Orfe Teatre

Sandra Martí Sáez.

La pieza teatral Mamá quiero ser… estrenada por la emergente compañía de teatro multidisciplinar Orfe Teatre, debutó en la sala Teatre Patraix de València, en un ciclo de representación que tuvo lugar los días doce,trece y catorce de abril. La reflexión que enmarca la obra, escrita por Tiago Barrachina, fue interpretada por Cecilia Salas Álvarez quien materializa, bajo una ficción autobiográfica, las inquietudes acerca de la maternidad que rodean a una joven aspirante a actriz. Cumpliendo con una de las bases del teatro contemporáneo, la protagonista cuenta su historia mediante sucesos que resultan de gran actualidad al espectador, entre ellos la crisis española de 2008 y la precariedad laboral y económica a la que se enfrenta el ámbito cultural; en específico, cómo ello afecta al sector más joven de las artes escénicas.

Camila se dirige al público exponiendo sus fantasías sobre las posibilidades que le ofrece el futuro. Se inicia así un monólogo mediante el cual la protagonista nos presenta su cada vez más desesperante situación como aspirante a actriz independizada. A pesar de que su vivacidad va apagándose progresivamente conforme el desarrollo de la historia, pues su día a día es cada vez más y más asfixiante, la sátira y el humor recorren la obra recursos que dinamizan ,sin duda, la representación. Podemos asistir así, junto a la propia Camila, no solamente a una verdadera disección de la ruptura de sus sueños y aspiraciones, también a la deconstrucción del triunfo de las artes mediante la aproximación a su intento de subsistencia precario, protagonizado por el pluriempleo, la soledad que le provoca estar lejos de su familia y la vulnerabilidad a la que se enfrenta en su juventud.

Esta serie de problemas son los que impiden a la futura actriz, naturalmente, centrarse en sus aspiraciones y nos sumergen con ella en una atmósfera cada vez más pesada. Incluso, hacia el final, podemos llegar a presenciar una especie de delirio donde Camila dialoga con entes de ficción, todas ellas mujeres, sobre las que también cayó una situación desapacible, estrechamente relacionada con su condición de mujer. Algunas de las feminidades que visitan a la protagonista son las de Bernarda, Medea o Abigail.

En relación al diseño de la producción, la obra utiliza un sinfín de recursos. El más significativo es la ruptura de la cuarta pared. Sin embargo, entre ellos se encuentran la proyección de videos e imágenes, los juegos lumínicos empleados para diferenciar cuando Camila se dirigía al público o nos estaba representando una escena de su día a día. Incluso en el momento más bajo de la protagonista, donde su habitación se convierte en una cueva, un generador de niebla artificial hace que la escena se colme de una neblina la cual nos aleja de la representación escénica de una habitación y nos traslada de lleno a la caverna depresiva de Camila. Además, esta bruma también sirve para proyectar los nombres de los personajes que visitan a la protagonista y que ella interpreta mediante una danza contemporánea que nos recuerda a los movimientos de una marioneta. Así pues, el baile, la música, las grabaciones, las proyecciones, además de los cambios de luz, son algunos de los recursos utilizados en esta pieza teatral.

En relación al escenario, este será montado ante nuestros ojos por unas personas que también interactúan con el público y que, al final, volverán a entrar en escena para desmontar los objetos que configuran el habitáculo de Camila. Es así como el espacio, en el ocaso de la obra, queda desamparado pudiendo solamente distinguir la presencia de la protagonista junto a la de estos dos individuos, cuyo universo parece corresponder al nuestro, que irrumpen en el escenario a recoger los bártulos de nuestra joven protagonista. Podemos afirmar que mientras la obra tiene lugar, el espectador no deja de sorprenderse pues el número de efectos utilizados deja la sensación de que no cesarán las sorpresas. Conforme al vestuario, este también va modificándose en relación al contexto que requieren los sueños y posibilidades de la actriz. Sucede así cuando Camila imagina sus opciones dentro del mundo escénico y se ve en un plató de televisión o en Estados Unidos, siguiendo el prototipo de ama de casa americana de los años 50.

A modo de conclusión, resulta muy interesante cómo la obra juega con la irrupción de lo real en la escena. Además, aunque la historia de Camila sea una autobiografía, el contenido último de los problemas que afronta la protagonista es de gran universalidad y proximidad para la mayoría de espectadores. La obra plantea el grito de socorro de una realidad que se da todos los días y que parece empeorar cada vez más e invita al público tanto a tomar conciencia de ello como a sentirse identificado.

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