María Álvarez Garcia.

“La obra va a comenzar”. El teatro se queda a oscuras y de repente entre la oscuridad escuchamos la voz de una niña que suplica ayuda. Una madre que se da cuenta del rapto, un padre que no entiende lo que ha pasado, un rescate que pagar en vano. Seguimos a oscuras cuando la voz de un policía informa a los padres de que la niña ha sido encontrada sin vida. Daisy Amstrong, cinco años.
Personajes latentes que aunque aún no lo sepamos van a significarlo todo. Así da comienzo la adaptación teatral de Asesinato en el Orient Express de Agatha Christie que se representó entre diciembre de 2024 y enero de 2025 en el escenario del teatro Flumen de Valencia.
Tras esta inquietante escena inicial que solo podemos oír, la luz se enciende por fin y vemos a nuestro protagonista: Hércules Poirot, interpretado por Juanjo Artero. Me hace especial ilusión que Juanjo Artero sea el elegido para dar vida a Poirot. Un personaje tan extraordinario como lo es el detective interpretado por un actor al que le tengo tanto aprecio. A mi entender es la elección perfecta. Verano azul, El Barco, El comisario, Servir y Proteger… Me encantó ver en el escenario a un actor que ha pasado tanto tiempo dentro de la televisión de mi comedor. Los gestos, las palabras, las miradas, Juanjo Artero ha construido un personaje fiel a la idea que seguramente Agatha Christie tenía al escribirlo hace casi cien años. Un detective un tanto peculiar, apasionado del crimen y que no parará hasta dejarlo todo bien atado.
Las primeras escenas pueden ser quizá las más confusas para el público, pues no estamos todavía familiarizados con los personajes, pero puedo afirmar que la espera vale la pena.
La obra nos transporta a la ardua investigación que tiene lugar en el tren tras la muerte de uno de sus pasajeros. Demasiadas pistas, muchos sospechosos y numerosos momentos de tensión que mantienen a todo el público en vilo durante un buen rato. La representación está pensada para que el público pueda sorprenderse e intentar averiguar el final por su cuenta. Gracias a todos los efectos que se utilizan y a la magnífica interpretación de todos los actores sentimos que nosotros también estamos atrapados en ese tren con un misterio que resolver a contrarreloj y un posible asesino suelto.
El momento en el que Poirot consigue solucionar el caso al final de la función es interpretado de forma completamente magistral. Todos nos volcamos con los personajes, su relato nos emociona. Todo queda iluminado con una intensa luz azul antes de que se interprete cómo se cometió el crimen esa noche. El teatro es la búsqueda de la verdad. ¿Cuál es esta verdad? ¿Qué sería la justicia?
Hércules Poirot nos lo dice: siempre ha estado del lado de la justicia. Pero en esta obra los límites de la moralidad se entremezclan. Puedo afirmar que esta última ha sido mi escena favorita: la luz azul, la música de misterio y el momento en el que ves el cambio en la cara de Poirot. No hay palabras, la actuación va más allá de ellas, es un cambio casi imperceptible pero juraría que se puede apreciar cómo cambia la mirada del detective, el momento en el que se da cuenta de lo que lo que va a pasar a continuación puede cambiarlo todo.
También me parece reseñable en cuanto a actuación una de las primeras escenas, cuando la señora Hubbard pone la música de la radio a todo volumen y empieza a bailar. El decorado en esta escena es a mi parecer brillante, vemos en el centro el compartimento de Ratchett (enfadado por la música) y a los lados, separados por unas tablas de madera que simulan las paredes, vemos un trozo de los compartimentos de Hubbard y Poirot respectivamente. Todo el decorado ayuda a que nos sintamos parte de los pasajeros del tren. Vemos a Hubbard bailar y decirse a sí misma que no ha perdido facultades a pesar del tiempo, Poirot escucha la música y se mueve rítmicamente, Ratchett se queja pero Hubbard lo ignora. Todos cumplen su papel por separado y el plano general queda perfecto, parece que estemos siendo testigos de una escena que transcurre en la vida real.
Lo que más llamó mi atención fue la infinidad de pistas situadas a lo largo de la obra que dejan entrever la solución del misterio y que el público es capaz de identificar una vez terminada la función. La obra es un puzzle y visto el desenlace todas las piezas encajan. Intentas adivinar el final desde el principio pero en las historias de detectives nada es lo que parecía ser. El teatro imita la vida y a veces la vida se convierte en un teatro ¿Quién estará interpretando un papel? Podías sentir como todo el público se daba cuenta a la vez de lo que pasaba y ese sentimiento colectivo de sorpresa nos acercó a todos al maravilloso universo de misterio de la gran Agatha Christie. Si quieres saber quién fue el culpable de esta misteriosa muerte en mitad de la nada te aconsejo que vayas al Teatro Flumen, saldrás mucho mejor de lo que has entrado.
Uno de mis aspectos favoritos de la función fueron los trajes y vestidos que caracterizaban a los personajes. El traje negro de Ratchett, Las botas altas del coronel, la estrambótica vestimenta de Hubbard, el uniforme del Orient Express, la cruz de Greta… Pero mi caracterización favorita fue sin duda la de la princesa Dragomiroff: el vestido, el pelo, las perlas… Todos los detalles que la adornaban la convertía en una auténtica aristócrata rusa. Muy logrado estuvo también el inconfundible bigote de Poirot.
Se introdujeron en la obra varios chistes y momentos cómicos que hicieron las escenas mucho más amenas y divertidas. Estos diálogos chistosos sacaron verdaderas risas al público (incluyéndome a mí) y contribuyeron al entretenimiento, dejando a un lado por un momento la tensión e incertidumbre por adivinar quién era el asesino.
Me sorprendió mucho la rapidez en el cambio de escenario. Se aprovecharon los momentos en que Mitchell y Bouc hablaban por la radio, pues la luz solo les enfocaba a ellos, mientras el decorado del tren se daba la vuelta por completo mostrándonos o bien la sala de interrogatorios o las afueras o los compartimentos.
Mencionable la labor de la pantalla que vemos en la parte superior del escenario porque ayuda a ambientarnos en todos los paisajes y condiciones que el tren va pasando. Al principio nos sitúa en un andén, pero a medida que la función avanza cambia su escenario a montañas cada vez más nevadas enseñándonos la ventisca. La pantalla cumple con una función muy importante, pues nos muestra lo que estaba escrito en el papel roto de la mesilla del asesinado. Con el truco de la sombrerera y la cerilla (que es encendida de verdad) vemos iluminadas por el fuego durante muy poco tiempo las palabras. Este efecto ayuda a que nos sintamos una vez más dentro de la obra, vemos los descubrimientos con los personajes.
Muy logrados también los efectos de sonido, esa música inquietante con el cambio de escenario al aparecer la habitación del asesinado, el sonido de la nieve que se complementa con la función de la pantalla o la música de la radio de Hubbard. Sobre todo al final, la música propia de película de misterio cumple su función a la perfección y consigue que nos volquemos de lleno en la obra.
Agatha Christie dijo una vez: “Dondequiera que exista la naturaleza humana existe el drama.” En mi opinión tenía toda la razón del mundo: el drama, los sentimientos, la verdad. Son cualidades inherentes al ser humano. Dondequiera que haya un escenario el ser humano hará magia en él, es lo que tiene el teatro. Agradezco a todos los actores que hicieron posible esta función, su actuación ha sido impecable y también agradezco a todo el que ha participado en los efectos, la vestimenta y el escenario, porque han conseguido que me sienta dentro del Orient Express. La función acabó con Poirot recibiendo una llamada de Egipto y conmigo pensando que me encantará ser testigo de como resuelve esa extraña muerte en el Nilo.
Teatro Flumen, del 19 de diciembre de 2024 al 12 de enero de 2025
Adaptada por Ken Ludwig; Dirección: José Saiz; Con Juanjo Artero, Jaime Vicedo, Helena Font, Ricardo Saiz, Juanan Lucena, Paco Pellicer, Mónica Zamora, Carmen Higueras, Candela Granell y Estela Muñoz