Candela Andrés Alcaide, Marina Madrid Herráiz e Ixchel Marcos.

Candela Andrés Alcaide: Esta obra es una comedia musical de capa y espada creada por Daniel Tormo, Anna Marí y Javier Sahuquillo y producida por la productora Yapadú que se representó, finalmente, en el teatro Rambleta del 23 de noviembre al 1 de diciembre. A causa de la terrible situación que asoló los pueblos de L’Horta Sud en la provincia de Valencia, se vieron obligados a retrasar la fecha del estreno de la obra. No obstante, en sus redes sociales se emitió un comunicado explicando que la obra vería la luz por fin tras tanta dedicación y esmero.
La fábula está contextualizada en la ciudad de Valencia, en concreto, a principios del verano de 1590 y trata sobre los últimos acontecimientos de la estancia del autor Lope de Vega en la ciudad mediterránea. En ella aparecen otros personajes ilustres del panorama valenciano de los Siglos de Oro como Guillem de Castro o Constança de Perellós, que serán figuras centrales en la representación.
En esta obra se muestra un triángulo amoroso, la relación que tenía Lope con el joven Guillem, las dificultades y trabas sociales que vivían las mujeres que querían escribir o tener una imprenta, el proceso de creación de una comedia, los matrimonios forzados y también amores imposibles. Todo ello presentado mediante la combinación de elementos del Siglo de Oro con aspectos contemporáneos.
Cabe destacar que la representación contaba con un acompañamiento musical formado por efectos de sonido, música en directo tocada a piano y la voz de una de las actrices partícipes en la comedia. La sala de representación se organizaba en tres módulos estructurados en pisos graduados en sentido ascendente alrededor del escenario que se encontraba en el centro y en una posición inferior o a la misma altura que la del espectador. Esto ayudaba a la visión total de la escena sin entorpecimientos. Conviene subrayar que en la parte frontal del público y a la altura del escenario se localizaban unas seis mesas que pudieron disfrutar del visionado del espectáculo mientras degustaban una pequeña cena con la bebida que da nombre a la obra, agua de Valencia, a precio de oro.
Para ubicar espaciotemporalmente la obra utilizaron grandes figuras blancas en forma de letras y números (VLC 1590) que, pocos instantes después de que comenzara la trama, retiraron al frente del escenario para dejar despejado el espacio en el que se iba a representar la obra. También, para enfatizar los cambios de espacios, se utilizó un mueble transparente móvil y unas vallas metálicas, bastante innecesarias, para hacer ver que el espacio en el que se encontraba la escena era un corral de comedias e indicar que el paso estaba restringido.
Por otro lado, es en el vestuario donde más se evidenciaban los contrastes de la vestimenta del siglo XVI con la actual; es decir, combinaban zapatillas con vestidos tradicionales, chándales con camisas de lino, pantalones abombados y calzas… lo que daba una apariencia más informal y desenfadada a la obra.
Asimismo, en la representación se utilizó la mochila que llevan los repartidores de comida de la empresa Glovo para concretar que se estaba llevando un mensaje, una carta o un aviso. Este accesorio en el momento de la representación parecía absurdo e, incluso, despistaba al espectador ya que interfería con la acción, el diálogo o el parlamento que se encontraba en escena.
La trama de la historia estaba bien construida y se hizo patente el apoyo histórico- literario que tiene la obra al ubicar la fecha de la obra durante el periodo en el que está Lope de Vega en Valencia, els Jocs Florals, la presencia de la Academia de los Nocturnos, referencias a comedias ya escritas por Lope… Por ello, fue muy interesante ver en directo cómo se llevaban a cabo els Jocs y el carisma que representa la figura del poeta de una manera tan fidedigna.
Las actuaciones de los actores fueron muy positivas y aclamadas por el público. Las figuras literarias que aparecen en el espectáculo representaban con mucho acierto la esencia de ambos autores. Por un lado, se muestra al Fénix desencantado, sucumbiendo a las malas costumbres, preocupado por la huida de Elena Osorio a Sevilla y su inmediata paternidad pero, al mismo tiempo, seguro de sí mismo al saber que sus comedias y sonetos son los mejores del momento. Por otra parte, de Castro es presentado como un joven de veinte años muy inocente que se ve deslumbrado por la figura de su compañero y dispuesto a hacerse un hueco en el mundo literario.
Aunque todos los actores hicieron muy bien su papel, quería destacar la actuación de Rebeca Valls como Constança de Perellós y como Constantí de Bragança, su alter ego, que le permitía adoptar el sexo masculino. La actriz conseguía en la misma escena deshacerse del personaje masculino para convertirse en el femenino y viceversa con una gran naturalidad. Es innegable que tras este papel hay un gran trabajo de preparación para construir el personaje masculino a partir del personaje femenino, ya que Constantí no deja de ser Constança.
Sin embargo, esta no fue una representación en la que abundaran las risas y aplausos por parte del público aunque se tratara de una comedia. A pesar de que la obra contenía bromas y referencias actuales para generar risa, la ejecución de los personajes estaba centrada en otros fines lo que hizo que se observara una ciertas carencias de sentido en algunas escenas con finalidad cómica.
Es fundamental destacar el impresionante cierre que tuvo la representación. En ella, se dio respuesta a todas las tramas abiertas y el porqué del título que porta la comedia, lo cual no dejó indiferente al público y provocó la salida de los actores en varias ocasiones para saludar y dar las gracias.
De esta forma, aunque esta comedia de enredo no tenga mucho de comedia sí tiene una gran trama de enredo y la presencia de conflictos interesantes que se encuentran vigentes en la época actual. Todo ello acompañado de un gran elenco, una historia muy bien documentada y construida y un exquisito acompañamiento musical que hizo que la obra fuera recordada por todos los que allí estábamos.
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Marina Madrid Herráiz: el 1 de noviembre de 2024 se representó por última vez El agua de Valencia, una obra teatral y musical con autoría de Daniel Tormo, Anna Marí y Javier Sahuquillo mediante los textos de Lope de Vega, Guillén de Castro y la Academia de los Nocturnos. Asimismo, cabe destacar su inmejorable reparto: Rebeca Valls, José Juan Sevilla, Sergio Villanueva, Paloma Vidal, Raúl Lledó, Aina Gimeno y Marta Estal. En concreto, la obra fue representada en el espacio de La Rambleta en colaboración con Yapadú Produccions en Valencia. Sin duda, su representación no ha sido camino fácil, pues el local de Yapadú fue afectado por la DANA, llevándose a su paso prácticamente toda la escenografía de la obra. No obstante, y gracias al trabajo titánico que realizaron, decidieron seguir adelante con la producción El agua de Valencia, un viaje escénico basado en las aventuras de Lope de Vega en la Valencia del Siglo de Oro de las letras castellanas.
En concreto, esta obra nos traslada a 1590 una época en la que Lope es exiliado del Reino de Castilla debido a unos libelos difamatorios contra su amante, Elena Osorio. Tras este suceso, un jovencísimo Lope llega a Valencia, una ciudad que ya tenía una gran tradición teatral, con corrales de comedias como la Olivera. De algún modo, Lope aprendió aquí que el teatro podía ser profesional, un aprendizaje que se llevó para Madrid después. Realmente, poco se sabe sobre la estancia de Lope en Valencia, se conocen pocos datos sobre qué sucedió cuando él estuvo aquí. No obstante, los recientes estudios literarios han puesto en valor este momento, pues todo apunta a que es aquí dónde empezó a fraguar el nuevo teatro, centrado en el gusto del público, que luego se recogió en su texto ensayístico el Arte nuevo de hacer comedias en este tiempo (1609). De este modo, los autores de la obra se acogen a este momento de la vida de Lope para realizar una ficción en torno a lo que pudo pasar, por lo que se establece un intercambio dialógico muy potente entre realidad y ficción. Pues los directores insertan la obra en un contexto concreto como es la ciudad de Valencia en el siglo XVI y mediante el empleo de unos personajes que existieron a nivel histórico, pero con la finalidad de urdir una historia inventada.
De este modo, se nos muestra a un Lope colapsado por las deudas, que debe enfrentarse a la precariedad del oficio de poeta-escritor y que debe afrontar su nueva paternidad. Junto al dramaturgo valenciano Guillem de Castro pasa los días entre alcohol y tabernas hasta que la fama de unos poemas anónimos que se extienden por la ciudad valenciana hacen que necesite demostrar su valía como escritor. Todo ello se desarrolla entre luchas poéticas, duelos de espadas al anochecer, odio al barroquismo gongorino, mujeres como Constança de Perellós que escriben pero que lo hacen desde el anonimato, un portugués misterioso –que realmente se trata de Constança –, el enredo amoroso entre Lope, Guillem y Constança, la venganza que después pretende consumar el marido de ésta tras enterarse, una historia de amor imposible entre moriscos y la creación de una obra teatral para representar en la ciudad valenciana de la mano del Fénix de los Ingenios.
De este modo, observamos que se trata de una comedia musical de capa y espada, ya que destaca el tema del honor y la venganza como mecanismo para restaurarlo, la intensidad psicológica de los personajes, los conflictos llenos de enredo provocadas por las más sórdidas pasiones, la introducción de historias variables que divertían y encantaban al público de la época, etc. En este sentido, respecto a la historia que presenta la obra, cabe destacar que su argumento y las referencias históricas, contextuales y literarias a las que se aluden se entienden más si se conoce la vida de Lope. No obstante, también es interesante que otro tipo de público se acerque a su historia, e incluso a su obra, a partir de este tipo de apuestas escénicas dirigidas a divertir al público y, en cierto modo, a conectar con el gusto del mismo tal y como defendía el poeta madrileño.
Por otra parte, una característica de lo más sorprendente e innovadora que se observa durante la función es el constante intercambio dialógico que la obra establece entre pasado y presente. Al final se representa el pasado de Lope, pero también introducen ciertos elementos que permiten hacer más contemporánea la obra y que buscan la comicidad del público. Por ejemplo, en medio de esta Valencia del siglo XVI, aparecen al principio de la obra todos los personajes bailando vestidos con ropa deportiva de Adidas, también, durante la representación, uno de los personajes necesita un objeto y, de manera fortuita, aparece un repartidor de Glovo para entregárselo. Estos gestos no sólo buscan divertir al público, sino también que se identifiquen con su propia realidad contemporánea.
Incluso, en algunas ocasiones, este tipo de guiños hacia los espectadores pretenden articular una crítica velada a ciertas problemáticas sociales de plena actualidad. Por ejemplo, Lope al llegar a Valencia necesita alquilar un lugar en el que hospedarse. Para ello, le alquila a una mujer que durante un momento de la representación habla sobre que pondrá los precios altísimos para que en un futuro próximo le alquilen mayoritariamente personas extranjeras. Pese a que todo esto se representa desde un tono cómico, lo cierto es que es una crítica a como hoy en día la ciudad de Valencia está cada vez más encarecida. El drama de la vivienda en la ciudad valenciana es un problema acuciante, pues es el lugar de España donde más se ha incrementado el alquiler en los últimos años y donde más compras por parte de personas extranjeras se producen. Sin duda, es interesante cómo la obra se las ingenia para cohesionar pasado y presente, obteniendo un resultado más que fantástico.
Asimismo, otros aspectos destacables que, a su vez, están conectados con el establecimiento de un diálogo entre los tiempos de antaño y los actuales son el espacio, la escenografía y la música. En primer lugar, en cuanto al espacio y la escenografía, los directores junto a Yapadú Produccions y La Rambleta quisieron crear un corral de comedias actual. Como este es un espacio especial buscaron un lugar en La Rambleta que fuese más único. En vez de ir al teatro normal, se optó por utilizar el espacio de la sexta planta, llamado La Cambra, dónde decidieron crear una corrala contemporánea. Sin duda, se trata de una decisión creativa que permite jugar con la escenografía y el decorado de la obra, creando otro tipo de posibilidades escénicas más modernas y originales. En segundo lugar, respecto a la música, han tratado de traer las músicas de la época del Cançoner del Duc de Calàbria, pero actualizando tanto las canciones como los bailes.
Por otra parte y para finalizar, me gustaría destacar la magnífica actuación de los actores y actrices de la obra, pues no solamente representan de forma fiel sus papeles a través de sus diálogos, sino porque también integran bailes y canciones en directo que le aportan a la actuación cierto nivel de dificultad. Sin duda, es un esfuerzo añadido, pues incorporan gran variabilidad de elementos que aportan a la obra un gran dinamismo, consiguiendo captar la atención del público durante toda la representación.
En definitiva, El agua de Valencia, título que adquiere ciertos tintes trágicos tras el paso de la DANA, es una gran apuesta escénica digna de ver por su humor chispeante, la modernización de la música que en vivo resuena, la variabilidad de elementos utilizados en la actuación de actores y actrices (diálogos, bailes, canciones actualizadas) y por la investigación gallarda que han realizado los directores sobre lo que antaño aconteció.
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Ixchel Marcos: Hay una cuestión central en la práctica artística que se hace especialmente evidente en los momentos en que la vida, con toda su crudeza, irrumpe en nuestra monótona pero plácida cotidianidad. En Valencia, esto ocurrió el 29 de octubre de 2024, fecha que quedará marcada en nuestros calendarios para siempre. Ante la desolación y la pérdida, ¿cuál es el papel del arte y la cultura? Las respuestas a esta pregunta –en realidad, sobre el papel político y social del arte– son inabarcables. En el panorama teatral valenciano, el paso destructor de la Dana ha obligado a cada compañía de artes escénicas a articular su propia respuesta. La de Yapadú Produccions –que, como he podido leer en diversas páginas web, ha sufrido pérdidas muy significativas– ha sido mantener en el centro cultural de La Rambleta su representación de El Agua de Valencia, una obra que apuesta por poner en valor el aspecto lúdico del teatro en el sentido más brechtiano del término: como una forma de mirar críticamente la realidad.
La obra, que ha estado en cartel desde el 23 de noviembre hasta el 1 de diciembre, nos traslada a la Valencia de 1590, a los días que Lope de Vega pasó exiliado en nuestra ciudad en compañía de Guillem de Castro. El argumento plantea diversas líneas argumentales enraizadas en una principal. Bernat Català de Valeriola propone a los dos reconocidos dramaturgos un reto: demostrar que el teatro es mejor que la poesía escribiendo y montando una comedia que deberá ser representada en el corral de comedias de L’Olivera. Se trata, por tanto, de una obra con carácter metateatral, que nos muestra a Lope tanto desde su lado humano, como hombre exiliado acosado por las deudas y la presión de una inminente paternidad, como desde su faceta artística, encarnando el brillante dramaturgo que fue.
Si bien no se trata de un texto de los Siglos de Oro, esta reconstrucción contemporánea de la vida de una de las figuras fundamentales de la historia del teatro y la literatura en español utiliza numerosos recursos extraídos o inspirados en el teatro clásico tales como el propio espacio espectacular, el cual, a través de la disposición de los asientos, trata de recrear un corral de comedias. Además, el texto alterna fragmentos dialogados con otros versificados con estrofas de la tradición clásica –sonetos, redondillas, romances–, generando un dinamismo discursivo que consigue evocar la riqueza sonora de una comedia de los Siglos de Oro. De hecho, la obra se plantea como una adaptación contemporánea de una comedia de capa y espada, como es evidente por las numerosas referencias al aquí y al ahora del espectador, característica propia de este subgénero dramático. Dichas referencias se introducen como recurso humorístico para, rompiendo la verosimilitud temporal del espectáculo, establecer un diálogo con el público en base a un conocimiento compartido. Estas referencias aparecen también con una finalidad crítica, aludiendo en tono jocoso e irónico al problema de la vivienda y a la proliferación de alojamientos turísticos en Valencia, tema muy candente en la actualidad valenciana. Ambos usos apuntan a la voluntad de la obra de mantener una comunicación tanto explícita como implícita con el público. De hecho, la representación incluye divertidos momentos en que los actores, rompiendo la cuarta pared, se dirigen al público para incluirlo como un personaje más en la obra y hacerlo participar en la creación de la escenografía. Con comunicación implícita, por otro lado, me refiero a la interpelación que la obra plantea a nuestra conciencia colectiva, proponiendo la escena como una suerte de espejo deformado de la realidad en la que nuestro presente se ilumina bajo la mirada crítica del humor y la ficción.
Por supuesto, la obra incluye también la clave fundamental de una comedia de capa y espada: una buena dosis de enredo amoroso. En este aspecto, resulta muy refrescante el planteamiento de los dramaturgos y directores, y reconozco en él un acto de valentía: el tradicional triángulo amoroso se transforma en El agua de Valencia en una relación poliamorosa que ofrece una nueva mirada, muy contemporánea, sobre la sexualidad del mismísimo Lope de Vega. Así, el tópico de la mujer que se disfraza de hombre para salir al mundo, fundamental y recurrente en la comedia nueva, se explota aquí en una de sus facetas más transgresoras: como resorte para activar un deseo homoerótico que en el siglo XXI puede finalmente ser representado. Lo encomiable de este gesto es que no resulta en absoluto forzado –como sí ocurre en ciertas ficciones contemporáneas que, en su búsqueda de la inclusividad, acaban cayendo en el simplismo–, sino que se desarrolla, naturalmente, como otra de las piezas que forman el puzle de esta obra.
La música es otro de los grandes aciertos del montaje. Los números musicales que se intercalan con las escenas de acción actualizan diversas melodías y letras de canciones populares del siglo XVI –como esa bien famosa de Juan del Encina: “hoy comamos y bebamos…”–, para crear un ambiente festivo en el escenario que nos introduce de lleno en los días de juerga y despilfarro de Lope y Guillem por las calles de Valencia. La fusión entre tradición y contemporaneidad se hace evidente en estos números, que mezclan la música de inspiración renacentista y barroca con una coreografía y un vestuario muy actuales, dándole esa frescura presente también en el propio cartel del espectáculo:

Tanto José Juan Sevilla como Raúl Lledó consiguen estar a la altura en la difícil tarea de encarnar a estos dos grandes literatos del siglo XVI, con añadidos importantes como el de Rebeca Valls interpretando a Constança de Perellós, quien transmite toda la fuerza y la pasión que requiere representar un personaje que se atreve a romper con las convenciones sociales para perseguir el sueño de la dramaturgia. También destacan las interpretaciones de Sergio Villanueva y Paloma Vidal, excelentes ambos en unos papeles secundarios que rezuman presencia y humor. Alguna que otra deficiencia en el guion –una trama secundaria sobre un ataque pirata bereber a Valencia introducido demasiado tarde en la diégesis– y un par de personajes secundarios algo forzados en la actuación se perdonan por el equilibrio general del montaje, dirigido por Anna Marí y Javier Sahuquillo, co-autores, junto a Daniel Tormo, del texto dramático.
El carácter acertado de la obra se dejó notar en la recepción del público. En el pase del 29 de noviembre al que pude asistir no faltaron carcajadas ni espectadores que, en pie, ovacionaran la obra al final. Es indudable que el espectáculo te mantiene bien atento las dos horas que dura la representación: divertido con las travesuras de los dos poetas juerguistas, emocionado por la historia de valentía de Constança, expectante por conocer el desenlace de la intriga metateatral de la obra. Como espectadora y filóloga que soy me sentí emocionada al ser capaz de identificar las referencias históricas precisas y bien trabadas en el argumento de la obra, como la de la Academia de los Nocturnos fundada por Bernat Català de Valeriola, con la que Lope tuvo cierto contacto durante su exilio en Valencia, o incluso la de una cita explícita de El arte nuevo de hacer comedias (1609), obra en la que Lope expone su poética y para la que El agua de Valencia imagina un origen alternativo. Todos estos detalles, en los que directores y dramaturgos estuvieron asesorados por profesores expertos en la materia de la Universitat de València, dan solidez histórica a la obra.
La única queja que puedo plantear al espectáculo se sale de los marcos mismos de la representación. Como persona joven y estudiante no puedo permitirme asistir al teatro tanto como me gustaría por un motivo tan frívolo como ineludible: el precio de las entradas. Si bien no me arrepiento en absoluto de haber asistido a una función de El agua de Valencia, ello implica que no podré asistir a otra representación teatral durante algún tiempo. Resulta evidente, por tanto, que, para que el mundo del teatro tenga el reconocimiento social que se merece y sobreviva a la época de las pantallas y el entretenimiento instantáneo, resulta necesario plantear medidas que lo hagan accesible a aquellos sectores de la población para quienes el teatro, todavía hoy, sigue siendo un lujo.
Por último, me parece pertinente incluir en esta crítica una breve reflexión sobre el panorama cultural valenciano, en el que el mundo del teatro trata de mantenerse precariamente a flote. Si, como defiende Federico Irazábal, es responsabilidad de los críticos no ignorar “el fuerte impacto que su producción puede tener en lo social, como legitimación o como instrumento para una revuelta” (2006: 109)1, me veo en la obligación ética de escribir, aunque brevemente, sobre la presión que el gusto de las instituciones políticas ejerce en las compañías teatrales, quienes se ven obligadas a elegir un determinado proyecto u otro en función de un criterio ajeno a la cultura, al arte y al interés general del público. Los cambios en la dirección política modifican –aunque sea implícitamente– la lista de condiciones necesarias para obtener alguna de las escasas subvenciones destinadas al sector cultural. En ese precario escenario, los agentes teatrales se las tienen que ingeniar para dar con la fórmula adecuada en cada momento. Resulta encomiable que, incluso con ese panorama, obras como la que aquí reseñamos logren tan buenos resultados. Sin embargo, no está de más dejar por escrito ese deseo –ingenuo, tal vez, pero legítimo– de que la salud del teatro valenciano no dependa de ningún color.
En definitiva, El agua de Valencia es una oportunidad divertida e interesante para conocer –o redescubrir– nuestra ciudad a través del homenaje que le rinde la gran fiesta del teatro, de la mano de uno de sus mejores dramaturgos. El agua de Valencia nos muestra así el poder de la cultura para conjurar un sentimiento de pertenencia –a nuestra ciudad, a nuestro tiempo– que, hoy más que nunca, nos insta a seguir adelante.
La Rambleta, del 23 de noviembre al 1 de diciembre de 2024
AUTORÍA: Daniel Tormo, Anna Marí y Javier Sahuquillo; DIRECCIÓN: Anna Marí y Javier Sahuquillo; REPARTO: Rebeca Valls, José Juan Sevilla, Sergio Villanueva, Paloma Vidal, Raúl Lledó, Aina Gimeno, Marta Estal; COORDINACIÓN DE LA COPRODUCCIÓN: Rocío Huet y Amparo Tortajada; PRODUCCIÓN EJECUTIVA: Yahvé Ramos; COMPOSICIÓN Y DIRECCIÓN MUSICAL: Panchi Vivó; DISEÑO DE ILUMINACIÓN: Pablo Fernández; ESPACIO ESCÉNICO Y FIGURINISMO: Yajaira B; COREOGRAFÍA Y ASESORÍA DE MOVIMIENTO: Júlia Cambra; DISEÑO DE SONIDO: Eduardo Soriano: ASESORÍA DE VERSO Y VOZ: Toni Misó; MAESTRO DE ARMAS: José Juan Sevilla; AYUDANTÍA DE DIRECCIÓN: Anna Nàcher; AYUDANTÍA DE PRODUCCIÓN: Lucía Rodríguez; ASISTENCIA DE DIRECCIÓN: Trisah Miró; AYUDANTÍA DE DIRECCIÓN MUSICAL: Marta Estal; REALIZACIÓN DE ESCENOGRAFÍA: Josep Simón / Odeón decorados; CONFECCIÓN Y ARREGLOS DE VESTUARIO: Pascual Peris; ASESORÍA DE CANTO: Mireia Marí; ASESORÍA HISTÓRICA Y LITERARIA: Joan Oleza y Teresa Ferrer; MAQUILLAJE, PELUQUERÍA Y CARACTERIZACIÓN: Charo Bricio; MATERIAL AUDIOVISUAL: Puerta 3; PRENSA Y COMUNICACIÓN: Mercedes Zaragüeta; REDES SOCIALES: Victoria García; FOTOGRAFÍA: Alejandro Amat; ADMINISTRACIÓN: Amparo Tortajada; CARTEL: Patossa