Alba Molins Grimaltos.

La obra que vamos a reseñar es Me lo debes, una composición de unos 40 minutos de duración que tuvo lugar el 25 de febrero de 2025 a las 19:00 en la Sala Palmireno de la Facultat de Geografia i Història de la Universitat de València. La autora de dicha composición es Carla Pérez Frías, estudiante de cuarto curso en Estudios Hispánicos: Lengua española y sus literaturas y escritora del poemario Mi tintero, publicado junto a la editorial Postdata Ediciones. Siguiendo la estela de sus obras teatrales, Pérez Frías, en ella, relata no solo una historia, sino también una crítica social o denuncia, en este caso, a la violencia de género. Antes de adentrarnos en la obra, debemos señalar que esta representación se ha llevado a cabo de la mano de Improvisional, grup de teatre, compañía teatral que nace en el año 2021 como inspiración de una de las asignaturas impartidas por el profesor Jesús Peris Llorca, Textos teatrales contemporáneos, y que abrió la posibilidad a estudiantes universitarios a representar sus obras frente a un público, mayoritariamente, universitario.
Refiriendo a la escenografía, tras alzarse el telón, vemos diversos objetos como una mesa, sillas, platos, cubiertos, un sofá, una cocina, etc. que emulan el interior de un hogar, exactamente el salón, comedor y cocina. No obstante, debemos remarcar que durante toda la obra habrá un espacio latente, la habitación del matrimonio, dado que los personajes se marchan de la escena y no vemos lo que realmente sucede, aunque por lo dicho, como espectadores, nos lo imaginamos. Como ya se avanzaba, la obra que nos incube da voz a una cuestión que, desgraciadamente, es frecuente en nuestra actual sociedad: la violencia de género. Para ello, la autora se hace servir de dos personajes presentes en el escenario, la Madre, protagonista y narradora, y, el Padre, quien también poseerá una gran importancia en el desarrollo y simbolismo de la acción. Además, hemos de mencionar al personaje ausente (la hija de ambos) que no oiremos ni veremos, pero que a través del diálogo que entablará con la Madre nos hará partícipes de toda la historia que ha llevado a la protagonista a la situación de locura en la que se encuentra.
Dirigiendo nuestra atención a la acción, algo muy llamativo, complejo y curioso es la estructura cronológica, ya que se inicia por el desenlace de la historia, la muerte del Padre a manos de la Madre, y, a raíz de ello, se cuenta la historia que muestran las causas que han llevado a tal resolución. Esta cronología inversa no solamente es observable a partir de la narración de la protagonista, sino que también están presentes pequeñas referencias o guiños a lo largo de las escenas que permiten ver que el tiempo va hacia atrás. Tal como revela la autora “ante el miedo de la incomprensión del espectador he ido dejando huellas, guiños y detalles que acompañarán al público a comprender y entender lo que verdaderamente estaba sucediendo con la temporalidad”. Algunos ejemplos de ello son cuando en el tercer cuadro la Madre dice “No es un proceso rápido, pero tengo amigos de cuando trabajaba en el bufete que nos pueden ayudar”, para posteriormente, en el siguiente cuadro, aludir a un tiempo anterior a ese: “ MADRE: Agotada. He salido más tarde de lo normal de la oficina y aun así no he podido acabar todo lo que necesito para mañana”. Otro componente que nos hace percatarnos de esta progresión cronológica no habitual son los posavasos, se trata de un detalle muy sutil que forma parte de la decoración de la escenografía que acompaña a esas alusiones presentes en el diálogo que ayudan a mostrar esa narrativa retrospectiva: (inicio de la obra) “MADRE: No lo entiendo. Siempre llena de tabaco y marcas de botellines, ¿para qué me he preocupado por tejer dos bonitos posavasos? En esta casa ya ni se me respeta”; (hacia el final de la obra) “PADRE: Puedes empezar por algo sencillo como posavasos… cuadrados, claro, que son más fáciles. Pegarían con las baldosas tan feas de la cocina”.
Pese a lo manifestado, hay que señalar que en el curso de esa narración regresiva hay un cuadro que alude al presente (cuadro V), la locura de Madre, que se trata del clímax de toda la obra, puesto que el espectador, como nos confiesa la autora que pretendía, ya no juzga a la protagonista por sus hechos de la misma forma que en el punto de partida, dado que sabemos lo verdaderamente ocurrido y los motivos que le llevaron al envenenamiento de Padre. Esto es, en la fase inicial de la obra hay un juicio por parte del público hacia la protagonista, una locura que le ha llevado a asesinato, pero esta se trunca cuando a lo largo de la historia se muestra cómo ha llegado a dicha locura.
Siguiendo con las cuestiones y juegos temporales, observamos que, en el último cuadro de la obra, el cuadro final, hay una convivencia o confluencia del tiempo pasado y el tiempo presente, los cuales se diferencian mediante efectos de iluminación. Entre estas interacciones lumínicas, amarillo para el pasado y sobre la figura de Padre, y, blanco para el presente, por tanto, para el personaje de Madre, en el que terminan uniéndose ambos y dando lugar al final de la obra. Con esa convivencia temporal y unión de ambos personajes la Madre en el presente se traslada al recuerdo del pasado que se pierde y da fin a la composición en un baile entre ambos en el que destaca que la figura del Padre no es real y es fruto de la imaginación de la protagonista.
Esta cantidad de cuadros regresivos que venimos mencionando están vinculados mediante la figura del pájaro, más concretamente podemos aseverar que el conector es el sonido emitido por dicho animal Al inicio de la obra vemos la aparición de esta onomatopeya que junto a la actitud de la protagonista nos hacen pensar y ver que está loca, que la locura la ha embriagado. En cambio, conforme va transcurriendo la acción, percibimos y podemos comprobar que ese pío pío tiene su origen en el Padre, de hecho, la obra finaliza con esta onomatopeya reproducida por este personaje, que a su vez es el inicio de la historia que ha llevado a la madre a la locura y a acometer tales actos. Así, vemos que el pájaro es el eje que vertebra toda la narración, todos los cuadros, es uno de los aspectos que más podemos resaltar, esa conexión presente entre toda la confluencia temporal.
A su vez, ese ruiseñor que emulan es el sentido de toda la obra, es la simbología de la que hablábamos en un inicio, hasta el punto de observarse en la ilustración del cartel de la función el pájaro que está tratando de salir de esa jaula, siendo, a la vez, parte de ella, cuestión que le impide su huida y que podemos vincular con el desenlace, la única forma de salir de ahí es deshacerse de esa parte de ella que le une a la jaula, su marido. Sumado a ello, vemos cómo el marido alude a esos pájaros enjaulados de la vecina, “PADRE: ¿Has escuchado eso? Ven a la ventana. Son los pájaros de la vecina, que cantan para pedirle que los libere. Cada vez que los escucho, solo puedo pensar en una cosa: si algún día los suelta, ¿volverían a cantar?”, es decir, de la misma forma que los pájaros de la vecina están enjaulados y cantan para ser liberados, él es la jaula de nuestra protagonista y ella canta pío pío para ser liberada, porque ella es otro pájaro dentro de la jaula, en este caso, que crea y conforma su novio, más tarde marido, con su violencia.
Dejando de lado las cuestiones temporales, otro aspecto que puede llamar nuestra atención es la intertextualidad. La autora a través de alusiones muy ingeniosas y hábiles pone ante nuestros ojos referencias literarias de diversa índole como Romeo y Julieta, Tirant lo Blanc, La Odisea, Pablo Neruda, La plaça del Diamant y Gustavo Adolfo Bécquer: “MADRE: Sí, esas que tratan sobre amantes que se quitan la vida porque no les dejan estar juntos, caballeros que se declaran a sus princesas con espejos, esposas que tejen y destejen mientras esperan fieles a sus maridos…”, “MADRE: No me acuerdo donde leí eso de que hay cierto placer en la locura que solo el loco entiende”, “PADRE: Hola, mi palomita”, “MADRE: Algo de poesía también leía, como aquel de las rimas, el de las golondrinas”, etc.
En definitiva, en mi opinión, se trata de una obra teatral que pone sobre el escenario una carga temática y denuncia muy importantes de una forma muy hábil e interesante. De ella, me llama especial atención la forma en la que la historia está puesta en escena, esa cronología inversa que lleva consigo un inicio fatal en el que la Madre está enloquecida y ha envenenado a su marido y con un final feliz a causa de un bonito recuerdo de los inicios de la relación donde la violencia, todavía, no estaba presente. Por último, destacaría, como ya he comentado, esa destreza por parte de la autora de entablar un vínculo claro mediante la figura del pájaro, ya que, como asistentes, nos ayuda y nos acompaña en ese proceso de comprensión de la intención que tiene la autora: comprender el mensaje catártico de cómo puede acabar y desarrollarse, en este caso, el personaje del Padre, no tanto como reflejo, sino como rechazo ante la figura que se nos presenta.
25 de febrero de 2025, Sala Palmireno, Universitat de València.
Autoría y dirección: Dirección: Carla Pérez Frías. Reparto: Neus Amores Cano, Zara Bustos Montoya, Diego Jesús Tortolero Fernandez, Marc Muñoz Madrigal y Juan Salvador Sánchez Simó.