Elena Sophia Correale.

Hay espectáculos de teatro que se ven. Y luego hay otros que se pueden sentir en los huesos, en la piel, en el corazón.
Presentada el 12 de abril de 2025 en el Teatre Principal de València dentro del Festival Dansa València, Muerta de Amor de Manuel Liñán toca el corazón, llega hasta lo profundo, te deja casi vacío y al mismo tiempo lleno de emoción. Desde el primer momento se puede intuir que lo que vamos a ver no será fácil de digerir, pero será profundamente necesario. La obra nos mira a los ojos y nos invita a hacer lo mismo con nosotros mismos. Cuenta quiénes somos y qué podríamos ser si dejáramos de tener miedo de mostrarnos tal como somos. Es una oración bailada por todas aquellas vidas rotas por un amor que ha dejado de ser tal, un amor enfermo, que se convierte en posesión, en jaula, en silencio. Pero también un amor que aún late en los que permanecen, en los que resisten, en los que encuentran en el flamenco un lenguaje antiguo para decir lo que las palabras no pueden contener. Como espectador te puede conmover, como artista te puede inspirar y como persona te puede hacer un poco más libre.
Manuel Liñán , en el escenario y en la dirección, es un alma desnuda. Su cuerpo dice más que su voz: vibra, tiembla, se retuerce y luego se abre, es potente y frágil al mismo tiempo. En él está el recuerdo de las mujeres que ya no están, y la fuerza de quienes deciden no callar, hay una celebración del deseo, del dolor y de la identidad. Linán también en este espectáculo se mantiene fiel a su estilo provocativo, con una propuesta que rompe los esquemas del flamenco tradicional.
Junto a él, siete bailarines, todos hombres, que se mueven como un solo aliento, una única herida que sana paso a paso. Bailan entre vestidos largos, abanicos y micrófonos, con gestos tradicionalmente asociados a lo femenino y en este caso no se trata de una imitación sino de una reapropiación, una expansión del lenguaje del flamenco que habla de libertad y autenticidad. Entre todos estos hombres, en algunos momentos del espectáculo, podemos escuchar el canto de Mara Rey, conmovedor, parece venir de otra época o quizás de otro mundo, donde los que han sido arrancados de la vida aún cantan para ser escuchados. Cada nota es un susurro del alma.
El espectáculo se abre con una escena de duelo y una canción que se vuelve casi un lamento, enérgica, melancólica y que pone los pelos de punta. Luego empieza el baile, un baile masculino, un baile que no te esperas, y a partir de ahí todo el espectáculo se divide en escenas independientes. Cada uno explora una dimensión del amor: la espera, la pérdida, la euforia, la muerte simbólica. Y en cada una de estas dimensiones la música dialoga con el sonido de tacones, miradas y cuerpos que se ofrecen sin filtros. No hay una narrativa lineal, sino una coherencia emocional que crece cuadro tras cuadro, hasta llegar a momentos de profunda catarsis. Francisco Vinuesa, Javier Teruel y Víctor Guadiana se sientan en el lado derecho del escenario, con guitarra, violín, percusión y voz y de vez en cuando aparecen también en el centro de la escena, con su música nos acompañan durante todo el espectáculo entre la melancolía y la pasión. La música no acompaña simplemente sino que dicta el ritmo de las emociones y da voz a lo que no se puede expresar con palabras.
La escenografía es sobria pero eficaz, diseñada con sensibilidad por Ernesto Artillo y Gloria Montesinos, nos hace sentir suspendidos entre el cielo y la tierra, entre la memoria y el presente. El color rojo domina y la luz que nos permite darle varias tonalidades a este rojo casi crea un personaje más, guiando la mirada, las expresiones y resaltando los estados de ánimo con la atmósfera diferente que se crea en cada escena. Otro elemento fundamental del espectáculo son los micrófonos que además de su utilidad principal se convierten en objetos escénicos, los cables se convierten en látigos, las pértigas se utilizan para crear conexiones entre los personajes, una forma verdaderamente original de utilizar los micrófonos.
El vestuario, diseñado por Ernesto Artillo, combina lo onírico y lo tradicional con una estética queer que desafía las normas sin dejar de lado la belleza. Cada traje es diferente al otro y parece contar una historia, cada detalle tiene un significado simbólico que se puede percibir sin necesidad de explicaciones, cada accesorio puede ser una cosa en un momento y otra al siguiente. El uso de pelucas es ingenioso y simboliza la facilidad con la que una persona puede ser tratada como un objeto.
Muerta de Amor es dolor, pero también luz. Es una despedida, pero también una promesa: que nadie será olvidado, que cada historia merece ser contada. Es un acto profundo de amor hacia la vida, hacia el flamenco, hacia la humanidad. Al salir del teatro, uno se lleva un silencio denso, pero también una nueva dulzura. La de quienes vieron la belleza del llanto transformarse en danza y comprendieron que el arte, a veces, puede hablar precisamente donde el amor ha dejado de hacerlo.
12 de abril de 2025, Teatre Principal
Dirección y coreografía: Manuel Liñán; Colaboración en la dirección: Ernesto Artillo; Coreógrafo invitado: José Maldonado; Artista invitada: Mara Rey; Bailarines: Manuel Liñán, José Maldonado / Alberto Sellés, Juan Tomás de la Molía, Miguel Heredia, José Ángel Capel, David Acero, Ángel Reyes; Canto: Juan de la María; Guitarra: Francisco Vinuesa; Instrumentos: Víctor Guadiana; Percusión: Javier Teruel; Música original: Francisco Vinuesa; Espacio sonoro y folclor: Víctor Guadiana; Asesoramientot musical: Javier Teruel; Diseño de vestuario: Ernesto Artillo; Diseño de escenografía: Manuel Liñán · Ernesto Artillo · Gloria Montesinos; Realitzación escenografía: Readest montajes; Diseño de iluminación: Gloria Montesinos A.a.i; Diseño de sonido: Ángel Olalla; Asistente de producción y tour mánager: Inés García; Producción ejecutiva, management y distribución: Peineta Producciones · Ana Carrasco.; Con el apoyo de la Comunidad de Madrid. Espectáculo creado en Residència In Progress de Flamenco Festival y Ayuntamiento de Torrox; Con la colaboración de Comunidad de Madrid y Agencia Andaluza de Instituciones Culturales.