Paula Martínez Cerezuela

Vagalume 191 es una obra de teatro original de la compañía Redeiras Teatre, estrenada en el Espai Inestable de Valencia los días 2, 3 y 4 de mayo. Participan como actrices principales Lorena M. Portales, Agustina Piccoli y Alba Vayá, y como diseñadora de luces y sonido Andrea de la Fuente.
Este grupo dramático trae consigo una pieza de tipo documental en la que se pone en escena la historia de Cristina Fernández, que es una de las veintiséis técnicas de señales marítimas que ha habido en toda España, y la primera mujer gallega en conseguir llegar a serlo. El relato biográfico se inicia con una joven Cristina que trabaja como administrativa en la Cofradía de Pescadores en La Coruña, hasta que tiene lugar el naufragio del mercante frutero Banora en la costa de Camariñas. Este accidente produjo la llegada de toneladas de naranjas a las playas de la zona, y supuso la primera aproximación de nuestra protagonista a la comprensión de la labor del faro, de la que se convencería tras conocer a Antonio, un joven farero con el que, poco tiempo después, se casaría. Así, en 1972 la pareja viaja a Madrid, donde Cristina se presenta a las oposiciones de farera, que fueron accesibles para las mujeres apenas unos años antes, en 1969. Cristina, a pesar de las miradas críticas de su entorno, consiguió el puesto, junto a otras dos mujeres que también aprobaron aquel año, y pasó a convertirse en la responsable del Faro del Cabo Vilán. Allí vivió y trabajó durante más de cuarenta años, y dio a luz y crió a sus hijos, hasta el año 2019, en el que se jubiló, convirtiéndose así en la última farera de España.
La obra presenta este relato central, que no responde, sin embargo, a una narración dramática realista, sino que ofrece una reconstrucción biográfica que incluye elementos anti-ilusionistas. Se trata de una pieza breve, de una hora de duración, construida en un solo acto, en el que el cambio de escena no se produce por medio de variaciones de atrezzo o de vestuario, sino mediante el mismo texto y sentido de la puesta en escena. Podemos hablar, así, en primer lugar, sobre el espacio, que es único y polivalente. Encontramos un único decorado para toda la obra, compuesto por elementos de oficios marítimos, tales como redes de pesca, flotadores de salvamento o cajas de almacenaje, y también por materiales simbólicos con los que las actrices interactúan en determinados momentos, como las naranjas que dan cuenta de la tragedia del Banora o unos plásticos con los que simulan las olas del mar. Hablamos así de una puesta en escena de tipo metonímico, donde las luces y la misma corporeidad de las actrices juegan un papel fundamental. Encontramos, por un lado, que en algunas ocasiones una gran linterna sujeta por los brazos en alto de una actriz funciona a modo de faro, o, por otro lado, dos pequeñas linternas simulan los faros de un coche, cuya imagen se completa con la disposición de las actrices que, al mismo tiempo, gracias al diálogo, describen el escenario.
Además, otro elemento esencial que favorece la construcción del espacio es un proyector de imágenes, del que se hace uso en momentos específicos, como el que tiene lugar en el primer encuentro entre Cristina y Antonio en un bar. Sin embargo, este recursos también se emplea con otros fines, como vemos ya desde el inicio, donde se proyecta al fondo del escenario, a modo de diccionario, una serie de conceptos técnicos sobre el mar que serán empleados a lo largo de la obra. Asimismo, al final se muestran imágenes reales de fareros y fareras, y se proyectan y reivindican los nombres de las 26 fareras españolas.
En segundo lugar, resulta de gran interés la construcción de los personajes y la puesta en escena. Encontramos a tres actrices que dan lugar a una única voz, la de Cristina Fernández, y que se disponen siempre en el escenario a la vista del público. Se trata, pues, de un personaje central dividido entre tres actrices, que dan voz y cuerpo a su historia. Por un lado, esto se produce a través de la escenificación de breves pasajes de su vida, como la noche en que conoció a Antonio o el día que marcharon hasta Madrid para hacer el examen de farera y Cristina habla con su padre por teléfono. En estos momentos, una segunda actriz toma la voz del otro personaje que interviene, mientras la tercera queda de espectadora en el oscuro del escenario. Por otro lado, el relato, además, se complementa con escenas de tipo ucrónico, que quedan, por tanto, fuera de la temporalidad diegética, pero que sirven para completar la biografía de Cristina Fernández. Encontramos así breves escenas en las que tiene lugar una narración en primera persona sobre determinados momentos de la vida de la protagonista, en las que, del mismo modo que veíamos antes, las tres actrices se alternan una única voz. Además, es esencial añadir que el dramatismo escénico se acompaña de pequeños números de danza que se van incrustando en algunos momentos para enfatizar la braveza del mar o el desarraigo emocional que experimenta la protagonista.
En tercer lugar, aludimos a la relevancia de la música y de los efectos de sonido que acompañan a la representación. Por un lado, es fundamental la música en gallego que se emplea en los números de danza, pero también los efectos acústicos que enfatizan las señales de emergencia en el faro, o que indican las llamadas telefónicas. Por otro lado, además, el montaje de la obra incluye pequeños fragmentos de una entrevista realizada a la verdadera Cristina Fernández, que irrumpe en momentos clave, en los que da cuenta de su vida en el faro y lo que supuso para ella llegar a ser una mujer farera en una sociedad como la de entonces.
Vagalume 191 es una obra original, dinámica, y necesaria para dar voz a la historia de una mujer como Cristina Fernández, que, como tantas otras, debió enfrentarse a las críticas de una sociedad plenamente machista hasta llegar a convertirse en una referente de la lucha por la igualdad de las mujeres, pues en sus mismas palabras: “El mar no es machista, pero quienes lo trabajan pueden llegar a serlo.”.
2 al 4 de mayo de 2025, Espai Inestable
Creació col·lectiva: Redeiras Teatre; Interpretació: Lorena M. Portalés, Agustina Piccoli, Alba Vayá; Disseny de llums i so: Andrea de la Fuente