Carmen Climent Ros.
El pasado 26 de noviembre de 2025 se llevó a cabo en la sala Matilde Salvador del Centro Cultural La Nau la representación de “AU!”, de la compañía de teatro independiente María Andrés y dirigida por Patricia Pardo y la misma María Andrés; una obra que logra humorizar un tema tan natural como la vida misma pero, en ocasiones, también triste y complejo: las despedidas, los finales, el dejar ir.
La representación fue organizada por el Aula de Artes Escénicas de la Universitat de València, la cual ofrece todos los años una programación estable de representaciones en la sala Matilde Salvador. Sin duda, una opción interesante y accesible para que los universitarios (y todo aquel que esté interesado) puedan estar en contacto con el teatro independiente de la escena valenciana.
La inmersión del público en la obra da comienzo nada más poner un pie en la sala: colgados con cuerdas del techo del escenario hay una serie de objetos de aspecto arbitrario (una radio, un paraguas, ropa, una máquina de escribir, un cojín…) y, en el centro de la escena, una maleta a medio abrir que se mueve y emite quejidos. La incertidumbre respecto a qué habrá dentro de esta dura poco, pero esos instantes en los que vemos al personaje principal emerger de su propia maleta muestran con claridad la manera en la que este se relacionará con el espacio, con los objetos y con su propia corporalidad.
Y es que “Au!” es una obra de una sola intérprete: Maria Andrés da vida al papel conocido como Clown; un personaje que ya con su maquillaje y atuendo (a cargo de Raquel Renart) recuerda con sutileza a estas reconocidas figuras circenses. Sin embargo, es la interpretación de Andrés la que realmente logra que el espectador asocie a la protagonista de la obra con un verdadero payaso. Durante más de la primera mitad de la obra, además, el personaje no llega a articular frases completas, sino que se comunica a través de gestos y onomatopeyas. Pese a la ausencia de un texto como tal durante toda esta sección de la representación, la actriz logra canalizar a la perfección la personalidad estrambótica del personaje por medio de sus gestos caricaturescos y movimientos que recuerdan a los de un dibujo animado. La actriz tiene un control enorme de su propia corporalidad y juega con ella de una manera que resulta realmente atrapante para el espectador y que, además, funciona como base para la construcción del propio personaje.
La manera en la que se relaciona con el espacio y con los objetos antes mencionados posee también una comicidad ciertamente entrañable, que recuerda también a dibujos animados e, inclusive, se podría hablar de un estilo casi “Charles Chaplinesco”: intenta agarrar un objeto para meterlo en la maleta tirando de una cuerda, pero solo consigue alzarlo más mientras que, a su vez, otro objeto se cae… sucesiones de despistes que logran arrancar carcajadas al espectador.
Hace de cada objeto un recuerdo, cuenta una historia sin palabras, siempre por medio de la coreografía y el movimiento. Además, todo esto es acompañado por un espacio sonoro compuesto por Diego Monzón Renard que se entrelaza a la perfección con las acciones del personaje. Al no haber texto en gran parte de la obra, la música toma un papel principal: al inicio predomina una percusión ligera y caricaturesca que acompaña las caídas y destartalados movimientos del Clown. Después, durante la mayor parte de la acción, suena una música animada de guitarra que solo se ve interrumpida cuando el personaje se encuentra contrariado, confuso o concentrado; ahí, suena una armónica intensa y casi disonante que se extiende hasta que el Clown vuelve a la normalidad. Aparte de la música original, hacen aparición canciones ya existentes en la sección de la obra en la que el personaje principal tiene entre manos una radio.
La relación entre la sala y el espectador es totalmente abierta: en ningún momento se detecta la existencia de la llamada “cuarta pared”; en todo momento da la sensación de que el personaje es consciente de la presencia del público: está al tanto de sus reacciones, de sus risas, de sus suspiros… y reacciona ante ellas. Además, son varias las ocasiones en las que el Clown llama a gente del público para que acuda al escenario y hacerlos partícipes de sus juegos.
Y al final, todas las peripecias del Clown derivan en una reflexión que ata todo lo visto hasta el momento; un soliloquio en el que la línea entre personaje, actriz y autora se desdibuja y se habla sobre la dificultad de decir adiós, el deseo de hacer lo posible por quedarse un ratito más, el miedo de perder lo que uno tiene si se va, pero de perderse a sí mismo si se queda.
Las palabras salen de boca de la actriz rápido, a borbotones, como diciendo en los últimos momentos de la obra todo lo que no le había salido decir antes, pero con una declamación clara y capaz de llegar al espectador, despertando en él esa simpatía que solo se logra siendo puro, transparente, vulnerable.
Es ahí donde el espectador repara en que cada objeto, acompañado de su carrusel propio de movimientos cómicos, no era sino un intento del personaje de aferrarse a ellos un poco más, tratando de guardarlos todos en una maleta que, por mucho que lo intentase, jamás podría llegar a cerrarse.
Au! Como el ave que consigue dejar el nido y alzar el vuelo. Au! Como los valencianos acortamos nuestras despedidas, tal vez en un intento de que sean más sencillas… “Au!” es, en conclusión, una bella manera de recordar que las despedidas, aunque difíciles, no tienen por qué ser dolorosas. Muchas veces, compensa conocer al “yo” que se encuentra al otro lado de la puerta, por mucho que haga falta dejar ciertas cosas en el trastero.
Para el espectador, “Au!” es una experiencia deleitante. María Andrés tiene la misma capacidad para hacer reír que para conmover al público, y eso es sin duda un talento a valorar. Además, el soliloquio final logra con creces algo que no siempre es sencillo: que el espectador se sienta identificado. Que las palabras del Clown pudieran resonar en cualquier cabeza sin importar la edad. Porque todos somos, hemos sido o seremos ese payaso que hace malabares con sus recuerdos para que no se le caigan, hasta que consigue dejarlos en la maleta y, finalmente, volar.
Sala Matilde Salvador, Universitat de València, 26 de noviembre de 2025
Clown: Maria Andrés; Idea original, creación y textos: Maria Andrés; Dramaturgia y dirección: Patricia Pardo y Maria Andrés; Diseño de iluminación: Mundi Gómez; Música y espacio sonoro: Diego Monzón Renard; Construcción de elementos escenográficos: Raúl Garbayo Mingo; Elementos técnicos: FJ Giménez; Diseño y confección de vestuario: Raquel Renart; Diseño gráfico: Sofía Zaragoza; Producción ejecutiva: Cía. Maria Andrés.