¡Esto es un teatro drag! «Linaje», de Corazón

Álex Cifres Criado.

 

«Para hablaros de mi viaje por mi linaje, quiero empezar hablando de mi abuela Teresa. Teresa murió cuando yo apenas tenía dos años; su presencia se desvaneció demasiado pronto, pero yo sé que ella vive dentro de mí. Aprendí de forma intuitiva todas esas cosas que ella me habría enseñado: aprendí a coser, sentí la necesidad de ir al mercado y rebuscar entre las telas, como hacía ella. Sentí la necesidad de aprender a lidiar con la tristeza de la vida. Sentí la necesidad de escuchar sin parar a las folklóricas; y solo yo hacía eso, nadie más en mi familia. Y hoy me gustaría hacerle un regalo: preguntarme qué habría sido de ella si pudiéramos liberarla de la carga de ser madre de cinco, una mujer de su época, una mujer religiosa, una esposa, maestra y bedel, y dejarla ser aquello que su tiempo nunca le habría permitido».

Hay una imagen que resume con especial precisión la poética de Linaje. El cuerpo de Corazón aparece tras una tela roja, visible y velado al mismo tiempo, ofrecido a la mirada y protegido por ella. En esa tensión entre aparecer y resguardarse, entre ocupar la escena y recordar la violencia ejercida sobre determinados cuerpos, se concentra buena parte del sentido de la obra. Presentada como una pieza de teatro drag sobre la herencia queer de nuestra tierra, Linaje construye una experiencia atravesada por la memoria íntima, la cultura popular, el archivo disidente y la celebración compartida.

La obra parte de una pregunta afectiva y política: ¿de quién heredamos la memoria queer? La respuesta que propone Corazón se aleja de cualquier genealogía solemne y busca sus raíces en un territorio vivo, hecho de canciones, gestos, cuerpos familiares, iconos populares y formas cotidianas de supervivencia. El recuerdo de su abuela Teresa funciona como punto de partida de una memoria privada que pronto se abre hacia una comunidad más amplia. En ese recorrido pueden convivir “tu tío mariquita”, La Veneno, la copla, la fiesta valenciana, el pop contemporáneo y las referencias de una cultura queer globalizada.

Desde el inicio, Linaje establece un pacto de apertura con el público. La invitación a aplaudir, gritar, hablar, llorar y grabar define el tipo de experiencia que la obra quiere activar: una teatralidad participativa y corporal. En la función del 21 de febrero en el Teatro Círculo de València, esa recepción estuvo ligeramente condicionada por un aviso previo del personal del teatro, que pidió moderar la intensidad de la sala por problemas técnicos en la representación anterior. La advertencia generó cierta contención inicial, aunque esa reserva se fue diluyendo a medida que avanzaba la función, especialmente en los pasajes musicales. La circunstancia permitió percibir hasta qué punto la pieza necesita un público dispuesto a entrar en su lógica de celebración común.

La dramaturgia avanza como una sucesión de recuerdos, canciones, apariciones e imágenes performativas. Su estructura fragmentaria resulta coherente con la forma en que se transmiten muchas memorias queer: a través de restos, destellos, nombres escuchados a medias y emociones que adquieren sentido al ser compartidas. La acumulación de materiales podría generar dispersión en algunos momentos, pero el montaje encuentra su centro en la presencia de Corazón, que actúa como eje afectivo y escénico de todo el recorrido. Su cuerpo organiza el tránsito entre escenas, sostiene los cambios de registro y da continuidad emocional a una propuesta deliberadamente plural.

Uno de los mayores aciertos de la obra reside precisamente en esa presencia. Corazón transita con seguridad entre la confidencia, el humor, la vulnerabilidad y el estallido performativo. Su interpretación permite entender el drag como una verdadera gramática teatral. El maquillaje, la peluca, el corsé, la voz, el gesto y cada transformación funcionan como materiales dramáticos donde se inscriben la memoria, la violencia, el deseo y la afirmación.

La incorporación de Na Fallera Fatal y Graham Bell Tornado amplía esa genealogía y abre el discurso a una dimensión más coral. Sus apariciones aportan espesor colectivo y generacional, de modo que Linaje convierte su tesis en imagen escénica: la herencia queer deja de formularse como una idea abstracta y se encarna en una presencia compartida.

La puesta en escena trabaja desde una economía eficaz. El pasillo central, el tocador lateral y la pantalla de proyección bastan para construir un espacio donde lo íntimo y lo espectacular se rozan constantemente. El tocador remite al lugar privado de la transformación y al artificio como forma de verdad escénica. La pantalla funciona como superficie de memoria, aparición y ocultamiento. El cuerpo queer ha sido mirado, juzgado, perseguido y deseado, pero también ha aprendido a administrar su visibilidad y a convertir la exposición en potencia.

El vestuario ocupa un papel decisivo en esa construcción. Cada cambio de prenda marca una inflexión emocional y modifica la relación entre cuerpo y memoria. La aparición de Corazón sin peluca y con corsé desplaza el espectáculo hacia una zona de vulnerabilidad especialmente intensa. En otro registro, la escena en que Corazón y Na Fallera Fatal se visten con indumentaria valenciana hasta desembocar en una suerte de mascletà drag constituye uno de los momentos más poderosos de la obra. El montaje toma el imaginario valenciano como materia viva, lo reescribe desde una sensibilidad queer y conserva al mismo tiempo su espesor cultural. La tradición aparece entonces como un territorio disputable y activo

La música vertebra buena parte de la arquitectura emocional de Linaje. Las canciones de Mari Trini, Isabel Pantoja y Gracia Montes reactivan la cultura popular española como espacio de pertenencia y reconocimiento. Las referencias a SOPHIE, Grace Jones o Hedwig and the Angry Inch introducen una textura más áspera, vinculada a la transformación, la resistencia y la violencia sobre el cuerpo. En ese cruce entre copla, memoria pop y performance contemporánea se sitúan algunas de las escenas más logradas, como el homenaje a Rampova, el cuerpo rodeado por plásticos agitados por ventiladores, el arrastre de cadenas y cubos o el estallido performativo final. La obra consigue hacer sensible la presión de la norma sin reducir la experiencia queer a una imagen cerrada de sufrimiento.

El principal riesgo del montaje procede de su propia abundancia. La sucesión de canciones, iconos, registros e imágenes puede generar en algunos tramos cierta sensación de saturación. Con todo, esa densidad resulta coherente con la lógica profunda de la propuesta. Linaje habla de una herencia hecha de fragmentos, restos de cultura popular, memorias familiares, figuras marginales, divas apropiadas, heridas y momentos de fiesta. Su exceso forma parte de su sentido, porque una genealogía queer difícilmente puede ordenarse de manera limpia cuando nace de materiales dispersos y transmitidos desde los márgenes.

Especialmente eficaz resulta el falso cierre, cuando la comodidad de la celebración queda interrumpida por el retorno de la violencia. Ese giro obliga a releer retrospectivamente todo lo anterior. Linaje acierta al mostrar que ambas dimensiones han estado históricamente entrelazadas en muchas vidas queer. La celebración mantiene viva la herida, aunque impide que esa herida agote el sentido de la experiencia.

El cierre con Life on Mars? y la reaparición final de Corazón junto a Na Fallera Fatal y Graham Bell Tornado convierten la tesis del montaje en una imagen clara: una comunidad de cuerpos que se heredan, se reconocen y se acompañan. Tras su arranque en València y su posterior paso por Cuenca, Barcelona y Madrid, Linaje deja una impresión nítida. La genealogía queer que propone se activa en presente cada vez que un cuerpo ocupa la escena, canta, recuerda, se transforma y encuentra a otros cuerpos con los que celebrar. Su fuerza reside en convertir la memoria en presencia, la presencia en fiesta y la fiesta en una forma compartida de resistencia.

Teatro Círculo, 20 al 22 de febrero de 2026.

Texto, dirección e interpretación de Corazón. Artistas invitadas en las diferentes funciones: Satanasa y Venus Noi el 20 de febrero, Na Fallera Fatal y Graham Bell Tornado el 21 de febrero, Miss Nacha Bohème y Papi Pupusa el 22 de febrero.

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