Marina Gascón Albiol.
El pasado jueves, 26 de febrero, tuve la suerte de asistir al Teatre Rialto de Valencia a ver una representación de El aguante, obra de Víctor Sánchez Rodríguez. La elección de esta obra para la elaboración de una reseña se vio motivada por el contenido metateatral que contiene en distintos niveles.
En la obra se nos presenta a Manuel (Manuel Canchal), un hombre de unos treinta años que ha abierto un grupo de teatro en un pueblo valenciano. Toda la obra tiene lugar en la casa de campo de la familia de este, donde también se alojan Jorge (Jorge Motos), su joven novio, y Empar (Empar Ferrer), una señora mayor, amiga de la familia, que cuida de la casa. Ambos forman parte del grupo de teatro amateur, al que se unen Lorena (Lorena López) y Rocío (Rocío Doménech), una pareja de vecinas que está pasando por un mal momento en su relación. La representación que han preparado es una versión de La gaviota de Antón Chéjov, la obra favorita de la madre de Manuel, Marta (Marta Belenguer), una actriz cuyo primer papel fue el de Nina en esta misma obra. Marta llega a la casa acompañada de Toni (Toni Agustí), su actual pareja, un dramaturgo muy admirado por algunos de los presentes, lo que pondrá todo patas arriba.
El planteamiento de la obra de Sánchez Rodríguez es un espejo de la obra La gaviota (1896) de Antón Chéjov. De este modo, Marta refleja el personaje de Irina Arkádina; Manuel es Tréplev; Lorena es Masha; Rocío es Medvedenko; Toni es Trigorin y Jorge es Nina. No pasa desapercibido para los asistentes a la metarepresentación el cambio de género de dos de los personajes, de modo que Nina pasa a ser representada por un hombre, y Medvedenko es interpretado por una mujer. Así se crean dos parejas homosexuales, más cercanas a la realidad de nuestros días, pero que siguen representando los problemas de pareja ya planteados por el ruso. En general, podríamos decir que El aguante toma el argumento de La gaviota para reflejar la realidad de hoy en día.
Aunque es una reinterpretación, el elemento principal de la obra de Chéjov sigue estando presente, y es la contraposición de dos ideas respecto al arte. Por un lado tenemos el arte viejo, reflejado en los personajes de Irina y Trigorin, y Marta y Toni en la obra valenciana. Estos personajes defienden un teatro comercial, dentro del canon, que guste al público y que no incomode. Esta concepción del teatro también les afecta como personajes, pues son artistas. Ambas parejas optan por una vida dedicada a la farándula, a ser admirados y queridos por el resto, sin importarles las personas que les rodean ni la calidad de las obras de las que forman parte. Esto se ve muy bien reflejado en Irina y en Marta, que “abandonan” a sus respectivos hijos. Por otro lado, Tréplev y Manuel abogan por un teatro trasgresor y rompedor, donde la trama cede ante la importancia de los símbolos. Manuel defiende, por ejemplo, que su obra no se ha de representar en un teatro convencional, sino en un espacio abierto, donde los personajes puedan interactuar con la naturaleza que les rodea. Es el caso, en mayor o menor medida, de El aguante, que a pesar de representarse en una sala convencional, busca en el espectador la sensación que Manuel quiere transmitir.
Observamos que los personajes están fuertemente marcados por una sensación constante de frustración y fracaso artístico. Manuel no acepta las críticas que recibe constantemente acerca de su montaje. Esta sensación de desilusión se ve acrecentada cuando el resto de personajes ensalzan las creaciones artísticas de Toni. Por otro lado, el personaje de Jorge ilustra a la perfección cómo es realmente la vida del artista y qué tiene que hacer para conseguir trabajo. Durante su estancia en Madrid vive distintas situaciones de abuso por parte de hombres más mayores y más grandes, como él menciona, cada noche que sale de fiesta. A partir de su experiencia como joven actor en la gran ciudad, decide crear una obra que exponga esos hechos, en forma de denuncia, pero también para advertir a otros actores de cómo es la vida actoral en la capital.
El personaje de Marta no solo refleja este fracaso, sino que también evidencia el rechazo hacia el paso del tiempo. Tiene una mala relación con su hijo Manuel porque achaca el poco éxito en la escena teatral al hecho de haber sido madre. En un momento de la representación comenta que tuvo que aceptar papeles pequeños para poder dar de comer a su hijo, lo que le impedía estar disponible en el caso de que llegara un gran personaje para ella. Además, tampoco acepta que en el montaje de su hijo el papel de Nina lo vaya a hacer otra persona que no sea ella. Es por eso que le pide a Toni, su pareja, que escriba una obra donde ella interprete al personaje principal. Sin embargo, el dramaturgo no es capaz de encontrar la inspiración que necesita en ella, y acaba por tomar como musa a Jorge. Marta, lejos de sentir celos por la relación que se está gestando entre los dos hombres, le anima a mantener encuentros sexuales con el joven siempre y cuando la obra que escriba se centre en su personaje. Aquí descubrimos la verdadera cara de la actriz, que antepone el teatro a cualquier otro ámbito de su vida. Tras el salto temporal, cuando Toni y Marta regresan a la casa de campo, se nos muestra que Marta ha conseguido su objetivo y ha triunfado con el monólogo escrito por el dramaturgo.
Tomando la estructura de la obra rusa, Víctor Sánchez Rodríguez aboga por una modernización de los conflictos tratados. No solo traslada la acción a un espacio y tiempo que el espectador conoce – la Valencia contemporánea – sino que actualiza los problemas que se tratan, principalmente a través del personaje de Rocío. Esta mujer muestra un constante rechazo hacia el contexto que la rodea, haciendo críticas al modelo familiar tradicional o a los conflictos bélicos internacionales, como el genocidio en Palestina.
La vinculación entre ambas obras se puede ver a lo largo de toda la representación. Al comienzo de la obra, Manuel le entrega a Lorena un poema de Idea Vilariño, y esta comenta que conoce a una uruguaya llamada Maya, por el escritor ruso Mayakovski. Lorena destaca que, aunque era muy bueno, se suicidó, pegándose un tiro en el pecho. La actriz apunta al pecho de Manuel, y se genera un momento de tensión. En la obra de Chéjov, Manuel termina suicidándose con un disparo. Sánchez Rodríguez ha querido crear desde un primer momento una relación entre los personajes valencianos y los rusos, haciendo creer al espectador que va a asistir a la muerte de este. Sin embargo, no es esto lo que sucede. En los últimos momentos de la obra, observamos que Manuel se ausenta de la mesa donde se encuentran el resto de personajes jugando al bingo, y se coloca en la parte trasera del escenario junto a Empar, observando al resto desde la distancia. Cuando parece que la obra ha concluido, estos dos personajes que se encontraban apartados se unen al juego con los otros. Esto nos hace preguntarnos si realmente se ha quitado Manuel la vida, o si consigue tener un final feliz junto al resto de su familia.
El hecho de que El aguante tenga lugar en un pueblo Valenciano está muy bien representado. Para empezar, se utilizan expresiones propias de la lengua valenciana, como “mare de Déu”, lo que genera cierta complicidad con el público. En cuanto al espacio, para crear profundidad y alejar del espectador la sensación de que se encuentra en un teatro, encontramos telas con el diseño de unos naranjos que se bajan y se suben como si se tratase de un telón. Así se consigue crear el espacio idóneo para la representación: una casa de campo rodeada de naturaleza, donde los personajes se pierden y se encuentran. El escenario se encuentra “dividido” en dos partes, creando una escena múltiple simultánea. En la derecha encontramos una mesa y diversas sillas, que se irán moviendo durante la obra conforme sea necesario, y que sirven para albergar los momentos de comidas, sobremesas y debates. En el lado izquierdo observamos una tarima que sirve de escenario. Encima de esta observamos los momentos de representación teatral, pero también se utiliza para otros momentos, como cuando los personajes toman el sol. Con algunas excepciones, podríamos pensar que la parte izquierda del escenario representa la teatralidad, mientras que la derecha es el reflejo de la vida cotidiana de los personajes. Sin embargo, al final de la obra, los dos espacios se fusionan: la mesa y las sillas se trasportan hasta quedar encima de la tarima, fusionándose.
Por otro lado, encontramos también espacios latentes y ausentes. Como espacios latentes hayamos el río, en el que los personajes de Jorge y Toni inician su romance, pero también el interior de la casa, al que hacen constantes alusiones, por ejemplo, a la hora de sacar la comida. El espacio ausente más obvio es Madrid, al que se alude como la ciudad donde se producen las oportunidades laborales relacionadas con el teatro. También es el lugar a donde se marchan tres de los personajes durante dos años.
El tiempo de la escenificación fue de aproximadamente dos horas. En los primeros minutos de la obra, cuando Manu y Lorena discuten acerca de si incluir o no un poema al inicio de la obra, el dramaturgo añade “Yo quiero que se sientan secuestrados (el público). Yo quiero que empiece la función y que piensen ¿cuánto va a durar esta mierda, dos horas?”, haciendo referencia al carácter metateatral de la obra. Sin embargo, el tiempo diegético no es muy claro. Observamos el paso de los días, marcado por los juegos de luces, y especialmente por comentarios que hacen referencia a tiempos pasados o futuros. Se podría decir que no trascurre más de una semana desde que Marta y Toni llegan a la casa y se van de vuelta a Madrid, esta vez con Jorge. A continuación se produce una elipsis temporal de dos años, que se nos indica mediante comentarios explícitos de los personajes acerca del tiempo que hace que no se ven. El tiempo representado tras este salto temporal es tan solo de un día.
En mi opinión, El aguante es una gran obra dramática. El trabajo de los actores es estupendo, consiguieron que el público estallara en risas y se conmoviera, soltando incluso alguna lágrima. No debemos olvidar la labor de Víctor Sánchez Rodríguez, que aboga por un teatro crítico que no deja indiferente al espectador. Lo único que quizás destacaría es que, al haber tanta intertextualidad con La gaviota de Chéjov, se pierden muchas referencias. En mi caso, me informé acerca del argumento de la obra rusa antes de asistir a la representación, por lo que sabía más o menos lo que estaba pasando. Fue días después cuando he tenido el placer de leer la obra de Chéjov. Sin embargo, siento que si la hubiera leído antes de asistir a la representación me hubiera sentido mucho más conectada al argumento de El aguante.
Teatre Rialto, del 11 de febrero al 1 de marzo de 2026
Texto y dirección: Víctor Sánchez Rodríguez; Intérpretes: Toni Agustí, Marta Belenguer, Manuel Canchal, Rocío Domènech, Empar Ferrer, Lorena López y Jorge Motos; Diseño de escenografía: Luis Crespo; Diseño y realización de vestuario: Mireia Vila; Iluminación: Mingo Albir; Composición musical: Versonautas (Ana Sanahuja y Roqui Albero); Diseño de maquillaje y peluquería: Amparo Sánchez; Construcción de escenografía: Background; Ayudante de dirección: Wanda Bellanza; Auxiliar de dirección: Raquel Piera; Cartel, diseño gráfico: Jennifer Pérez (Estudio Merienda); Fotografía: Vicente A. Jiménez; Mediación: Maribel Bayona, Elvira Navas, Marc Escrig ; Equipo técnico, comunicación, promoción: IVC; Coordinación técnica IVC: Enrique Ferrer, Carmen Huerta; Producción ejecutiva IVC: Esther Moreno; Dirección adjunta Arts Escèniques IVC: María José Mora; Producción: Institut Valencià de Cultura; Agradecimientos: Creciones y confecciones Muhana´s, Francesca DellaFiore, Damián Bear, Lara Salvador, Carlos Arroyo Galaxia, Casmara Cosmetics, Lara Sanz, Nerea loor, a todos los actores y actrices que prepararon la audición.