¿Quiénes realmente somos?: «Fraude (o las consecuencias del fracaso)», de Eva Zapico

Anna Grzelak

Si el fraude quisiera tener su representación en el teatro, tranquilamente lo podría ilustrar “Fraude (o las consecuencias del fracaso)” de Eva Zapico. Es un espectáculo que de manera sencilla, pero precisa trata sobre las mentiras y la caída del hombre. La naturaleza humana siempre era y es engañosa: mentimos, nos burlamos de los demás, apoyamos la verdad a medias… Poco a poco nuestra vida se convierte en un fraude del que nos damos cuenta demasiado tarde. Paradójicamente, mentimos por casualidad o solo con buenas intenciones. El espectáculo lo demuestra bruscamente.

“Fraude (o las consecuencias del fracaso)” aborda el tema del engaño en la familia. De hecho, se trata de varias mentiras que invaden la estructura familiar. Un engaño conlleva otro hasta que la verdad sale a la luz. Una celebración de bautismo provoca la pelea después de la que nada será como antes. Cuatro hombres sentándose en la mesa para celebrar este momento especial, empiezan a descubrir que cada de ellos tiene algo que esconder. La narración, tras el flashback, vuelve a los principios de sus historias para que el público pueda ver los motivos de dichos engaños. Por consiguiente, se puede ver el abanico de los personajes que contribuyen mucho a la narración.

El espectáculo se estrenó en el TEM en Valencia en el año 2019. La autora y la directora de “Fraude (o las consecuencias del fracaso)” Eva Zapico sacó la inspiración de crear la representación gracias a un artículo que proporcionaba el tema de la mentira. Una historia desarrolló la idea y así se construyó el “Fraude…”. En el escenario podemos ver cuatro actores: Morgan Blasco, Àngel Figols, Iñaki Moral y Miguel Ángel Sweeney que tienen un gran talento y una experiencia notable. Merece la pena mencionar que el espectáculo cuenta con un trabajo maravilloso de los diseñadores gráficos y escenográficos de Marcos Bañó y Luis Crespo. Todo el equipo suele trabajar junto también en otras representaciones12.

“Fraude (o las consecuencias del fracaso)” ante todo se basa en los diálogos. Son increíblemente ágiles y brillantes. La palabra en el espectáculo tiene mucho poder y al mismo tiempo forma un núcleo de humor y la crítica. Los mencionados diálogos se lanzan entre los protagonistas como las pelotas en el partido. A veces el público se puede perder entre las conversaciones, otras veces participa activamente en ellas. Seguramente no hay lugar para pensar tranquilamente sobre la gravedad de algunas palabras. Gracias al recurso que emplea Eva Zapico el espectáculo parece muy dinámico y fluido. Cabe notar que los actores mientras participan en las conversaciones, cambian su rol. Así pues en una escena donde la familia celebra el bautismo tenemos cuatro actores donde cada uno actúa en cuatro papeles diferentes. De hecho, todo el espectáculo funciona de este modo. El público puede reconocer quien es quien solo por los atributos que tiene cada personaje. Los cambios de rol surgen inesperadamente, aunque son muy bien preparados por los actores. Según mi opinión el modo de presentar la historia se parece a una comedia del arte donde los actores también consiguen el efecto cómico por aportar las escenas vivas y rápidas a base de los diálogos.

Por este motivo la actuación de Morgan Blasco, Àngel Figols, Iñaki Moral y Miguel Ángel Sweeney merece un gran aplauso. Los actores durante setenta minutos continuamente representan varios papeles, mostrando toda su gama de posibilidades. En un momento interpretan una niña de varios meses, luego una excitada anciana y de repente un hombre en plena depresión. Esta manera de actuar tiene su justificación. La directora quería proporcionar la imagen de varias máscaras que llevamos en la vida. Nosotros también cambiamos nuestro papel (obviamente no tan radicalmente) cuando nos sumergimos en las mentiras. Como los actores nos movemos entre diferentes personalidades para adaptarse a la vida.

No cabe duda que los recursos escenográficos presentados en el espectáculo no dominan la actuación. La decoración es bastante simple, pero muy ingeniosa. Cuenta con dos mesas de madera que gozan de varias funciones. En la primera escena las mesas funcionan como la cama, en la segunda como una grande mesa del banquete, en otras como dos mesas familiares en las cocinas o salones. Cuando cambia la escena, cambia la función de la mesa. No hay blackouts, la escenografía se convierte sola, gracias a los actores. Ellos mismos empujan las mesas, cambiando su papel y su forma. Al mismo tiempo a las transformaciones les acompaña el motivo músico que se repite constantemente. Este leitmotiv introduce la energía al espectáculo. La intimidad del escenario en el que vi “Fraude…” ayuda a estar cerca de los acontecimientos. Me sentí como si fuera parte de la acción por ocupar un asiento en segunda fila. Además los actores rompen la cuarta pared, dirigiéndose al público lo que animaba a la participación en dicho espectáculo. Por aportar las creaciones y el vestuario corientes cada uno se puede identificar fácilmente con la historia.

De todo mi corazón recomiendo “Fraude (o las consecuencias del fracaso)” de Eva Zapico, ya que aparte de buena actuación y abundancia de humor, el espectáculo ofrece una cierta y grave diagnosis sobre nuestra humanidad. El engaño está presente en nuestra vida y sus consecuencias nos destruyen. Vivimos rodeados por la apariencias desde los principios. Por lo tanto, como los actores al final de la escena, podemos preguntarnos ¿quiénes realmente somos?

Espai Inestable, del 25 al 27 de febrero de 2022

Dirección: Eva Zapico; Creación y interpretación: Morgan Blasco, Àngel Figols, Iñaki Moral, Miguel Ángel Sweeney; Diseño de iluminación: Ximo Olcina; Diseño de realización y escenografía: Luis Crespo; Diseño gráfico y fotografías: Marcos Bañó; Producción ejecutiva: Vicky Garrigues; Agradecimientos a Olga Álvarez, Consorci de Museus de la Comunitat Valenciana y TEM 

Bibliografía:

  1. Culturplaza, Eva Zapico reflexiona sobre la mentira con Fraude (o las consecuencias del fracaso), https://valenciaplaza.com/eva-zapico-reflexiona-sobre-la-mentira-con-fraude-o-las- consecuencias-del-fracaso (fecha de consulta 03.03.22).
  2. Frescultura, Fraude o las consecuencias del fracaso, http://www.frescultura.es/fraude-o-las- consecuencias-del-fracaso- (fecha de consulta: 03.03.22).

Un influencer cervantino: «El licenciado Vidriera», de Cristina D. Silveira

Estela Esteve Cantavella – Martín Buigues Jiménez

I

La obra está basada en una de las conocidas Novelas Ejemplares de Miguel de Cervantes, escritas entre 1590 y 1612, que tiene como protagonista al Licenciado Vidriera, quien da nombre a la obra. La adaptación está hecha muy fielmente al texto, pero adoptando una postura teatral donde el cuerpo, lo físico, se une a la danza y al flamenco, exteriorizando así la locura que el protagonista experimenta. Lo visual y lo simbólico adquieren gran importancia en esta propuesta también.

El montaje está dirigido por Cristina D. Silveira, adaptado por Luis López Bellot y protagonizado por Jorge Barrantes y Alberto Moreno (encargado del acompañamiento musical). La escenografía y la utilería está montada por David Pérez y Diego Ramos y, el vestuario por Myriam Cruz. Es una coproducción de Karlik Danza Teatro, una compañía que lleva activa desde 1991 con el objetivo de encontrar un lenguaje escénico personal, y El Desván, compañía activa desde el 2005 para dar respuesta a inquietudes personales y artísticas.

La obra nos cuenta la historia de Tomás Rodaja desde su infancia hasta el momento en el que se transforma en Licenciado Vidriera, el momento de su aparente locura, y finalmente, como vuelve a sus cabales. La locura está presente en toda la historia y es el motor que la vertebra, pero solo es una excusa que el autor utilizó para poder criticar a la sociedad y sus costumbres de una manera satírica. El Licenciado, de hecho, lo único que tiene de loco es creerse de vidrio porque todo lo demás que dice es coherente y su opinión verdadera.

La puesta de escena es muy importante. Nada más entrar vemos una persona tumbada como si estuviese muerta, en el suelo, con unos ropajes negros. En el fondo se puede ver un árbol con un muñeco de vendas blancas. Los elementos de la escenografía serán muy sencillos durante toda la actuación: un caballo de alambres, las velas para simular un barco, libros con los que construir un palco de “conocimiento” …

El vestuario también es simple, pero muy importante: irá variando, acorde con las etapas que atraviesa el personaje principal. En su niñez, Tomás Rodaja viste vendrás blancas, más adelante ropajes negros, después, ya convertido en el Licenciado Vidriera viste ropas anchas atadas con una cuerda por su miedo constante a romperse. Y, finalmente, cuando ya es Tomás Rueda, vuelve a sus ropajes negros. 

A esto se le suma la iluminación, otro factor muy importante, pues en el momento en el que se cree de vidrio podemos ver en su cuerpo una proyección que lo simula acompañado de una música que nos lo recuerda. La iluminación de escena irá cambiando de más lúgubre a más clara durante toda la escena, jugando con los focos en el narrador y en el personaje principal e intercalándose. Otros elementos que contribuyen a crear el contexto apropiado son las proyecciones en las velas de la mujer que envenena al Licenciado o el rumor del habla de varias personas de fondo. Todo esto se combina con una música de tensión constante que varía con la narración de canción flamenca y sus quejidos que simulan la locura y el dolor en ciertas escenas…

En lo personal, me ha parecido muy interesante como logran los dos personajes transmitir tanta información en el escenario con los pocos elementos que cuentan y de manera tan acertada. Con un final cerrado que muestra el desencanto del autor ante esta sociedad hipócrita, nos muestra su desencanto y nos lo traslada. A lo largo de la actuación, el público se sorprende y empatiza con las experiencias personales del personaje, pero es cierto que a veces estos quejidos y movimientos bruscos que destacan la locura del personaje pueden llegar a asustar por inesperados, lo que influye en el impacto. Personalmente, he estado muy en tensión en muchas partes de la representación y la música me ha parecido un elemento clave para enganchar, esa narración en flamenco de una manera tan original es lo que más me ha gustado de la obra y lo que más he disfrutado. Quizás no sea la obra más acertada para representar, pero aun así Karlik Danza Teatro hace una adaptación del texto a la escena excelente.

En la actualidad, las apariencias importan. Nos encontramos en una sociedad dominada por las redes sociales y moldeada por unos estigmas canónicos que adaptamos sin darnos cuenta. Vivimos ante los ojos de los demás y, como personas sociales que somos, estamos constantemente preocupados por las opiniones ajenas y la validación de la gente de nuestro entorno. El protagonista de esta obra es tenido en cuenta por la sociedad que le rodea solo cuando está “loco”, pero después la gente deja de idolatrarle aun cuando sus conocimientos son los mismos. Es por eso por lo que esta obra no está tan desactualizada como puede parecer. Licenciado Vidriera vendría siendo hoy en día un influencer que, tras haber llegado a su máximo apogeo, ha visto su fama derrumbarse tras una pérdida de seguidores.

Estela Esteve Cantavella

II

La obra que se interpretó en el teatro “Espacio Inestable” de Valencia el pasado 15 de octubre de 2021 fue El licenciado Vidriera, una de las doce novelas cortas de Cervantes que componen sus Novelas ejemplares de honestísimo entretenimiento, escritas entre 1590 y 1612 y publicadas en 1613.

La novela trata sobre Tomás, un letrado que, tras ser hechizado, comienza a delirar, a creerse de vidrio y a criticar y satirizar todo cuando ocurre ante él. La gente parecía escucharle e interactuaba con él para recibir sus respuestas mientras no estaba cuerdo, pero una vez curado, ya nadie quiso escucharle ni hacerle caso. La obra no sigue las unidades de tiempo, y lugar: se nos presentan múltiples lugares (la naturaleza, la universidad, el interior de un barco, el campo de batalla…), y la narración transcurre a lo largo de varios años. Toda la acción gira alrededor del personaje inicial y lo acompaña hasta el final, sin desarrollar tramas paralelas. Hay recursos antiilusionistas como el hecho de que el personaje se considere de vidrio o el factor místico del ser hechizado, y tiene que ver con que la obra se inclina más por el lado idealista de los escritos de Cervantes que por el lado realista de retrato social. Con todo, puede decirse que la obra gira en torno al conocimiento, a la locura y al rechazo social.

Es probable que la compañía eligiera esta obra para representarla por varios motivos: principalmente, para recuperar una obra de Cervantes que, como casi todas las demás, se ve eclipsada por El Quijote, siendo muy pertinente su aporte para volver a traerla a la vida. En segundo lugar, por los temas que trata, ya que, a pesar de considerarse una novela idealista que poco tiene que ver con la realidad social de su época, es cierto que los temas que toca sí estuvieron presentes entonces y lo siguen estando ahora (en especial el que atañe al rechazo social, un tema que ha ido manteniéndose a lo largo de la historia). Cabe destacar que la obra no fue compuesta como un texto teatral, sino como un texto narrativo en prosa. La decisión de traerlo de vuelta a la vida como una representación teatral puede estar ligado a motivos de accesibilidad, puesto que es más accesible y recuperable una obra que se representa en un escenario que una reivindicada con simples palabras; aunque también puede relacionarse con la intención por parte de una compañía de teatro de hacer honor a un autor clásico y de dar voz a una obra poco reconocida.

El rechazo social es un tema que retumba mucho en esta obra. Observamos cómo el pequeño Tomás logra formarse con mucho esfuerzo y dedicación, consiguiendo cultura y sabiduría y sintiéndose lleno. A pesar de esto, no será hasta que la locura lo haya devorado entero que la gente empezará a escuchar realmente lo que dice: ganará seguidores, gente que pide su consejo, gente que le reclama ayuda y respuestas a sus preguntas que de otra manera no podrían recibir. Él se habrá convertido en un objeto utilizado (que no idolatrado) por el resto: además de ser único, diferente, es gracioso, y la gente, hastiada de seguir los moldes sociales, probablemente lo valora por eso. Es por este motivo que, una vez curado de su enfermedad, nadie quiere escucharlo: porque ha dejado de lado la esencia que lo distinguía del resto de letrados, ya no satiriza, ya no escupe verdades peligrosas y ya no tiene el descaro que solía gustar. Así pues, aun viéndose ahora más capaz y preparado para responder preguntas y saciar la sed de sabiduría, nadie quiere recibir su palabra. Esta situación de abandono e incomprensión (que bien podría haber sido compuesta a modo de declaración de cómo el propio Cervantes se sentía) llena al pobre Tomás de tristeza, que lo obliga a abandonar la sabiduría y simplemente acudir a las armas de Flandes, armas que antes repudiaba. Puede ser una lección de que el pueblo solo escuchará a los más locos, puesto que los cuerdos nunca dicen nada de interés; puede estar criticando esto, o puede simplemente estar desahogándose puesto que él se sentía así, él lo experimentó así, y no tiene ningún tipo de carga social, sino expresamente personal. En todo caso, es aplicable a nivel actual como lección social.

La representación fue un tanto minimalista: unos pocos objetos de atrezo distribuidos por el pequeño escenario, un árbol, libros, una carreta que simulaba a un jinete y su caballo, un muñeco que representaba al protagonista de niño y unas sábanas blancas (en las cuales luego se proyectarían imágenes); pero no faltó en ella un ambiente integrador, música y efectos de sonido que ayudaban al espectador a zambullirse junto a los personajes. El acompañamiento musical, llevado a cabo por una guitarra y cantos de estilo flamenco, ayuda a ligar a la obra (una obra clásica) al imaginario típico y tradicional español, y es un aporte que ha ayudado a comprender el lado nacional del escrito.

Solo actuaron dos actores (uno de ellos encargado de tocar la guitarra y cantar, y el otro de dar vida a los personajes). La vestimenta fue simple, representando las ropas burdas de la época, pero sí hubo un detalle digno de mención: al principio, mientras el protagonista aún era un pobre analfabeto, vestía con unas ropas de trapo sucias; más tarde, cuando se hubo licenciado, vistió una toga negra de clérigo, y cuando la locura hizo presa de él, volvió a vestirse de ropas burdas y sucias. Esto en la obra tiene que ver con que la otra ropa hería el cuerpo endeble de vidrio de Tomás, pero a nivel metafórico puede tener mucho más peso: puede hacer referencia a que las ropas de los sabios pesan y duelen más que las ropas simples, significando que la sabiduría al final acaba pesando y doliendo más que la ignorancia.

La iluminación fue oscura durante toda la obra, focalizando casi siempre al personaje y en rara ocasión al resto del escenario. Esto provocó una sensación de soledad muy pronunciada alrededor del personaje principal, como si se viera atrapado en sí mismo. En las escenas en que desvariaba y enloquecía, la iluminación se expandía a todo el escenario, como dando a entender que la gente lo atendía.

Los efectos de sonido eran tensos y entraban en escenas inquietantes, frías, para que la escena impactara más. La transformación escalofriante en vidrio y el final desolador en el que parte a la guerra fueron las dos más importantes. Este ambiente lúgubre fue decisivo para marcar más el contraste entre estas escenas y aquellas en las que Tomás estaba cuerdo, acompañado siempre del sonido puro de la guitarra y los cantos.

Conocía la obra de Cervantes con anterioridad, y acudí a la representación para poder ver qué enfoque decidiría la compañía de teatro darle. No me decepcionó, e incluso ahondó más que la lectura que en su día hice. Me ayudó a comprenderla mejor, a actualizarla y así traerla al mundo contemporáneo. La representación despertó en mi interior muchos sentimientos: al principio, incertidumbre; conforme avanzaba, fue embadurnándome de la miseria que el personaje principal irradiaba, atendí bien a las palabras que gritaba cuando despotricaba sobre todo y sobre todos. Sentí incomodidad y un dolor interior al presenciar la metamorfosis, sentí la agonía que el personaje trata de transmitir y, al final, cuando ya nadie quiso escucharlo una vez cuerdo, sentí pena y, en cierta manera, empatía. El final tan cerrado que tiene ayuda a cerrar bien el círculo de la obra, y la lección cae sobre el espectador como un martillo: la sociedad no atiende a aquellos que hablan desde la sabiduría, sino a aquellos que satirizan y critican negativamente todo.

El montaje fue bueno, y la perfecta actuación de voz aportó mucho a su disfrute. La música de guitarra y los cantos la amenizaron, y la despedida una vez concluida la obra fue conmovedora. En general, recomendaría la obra para todo aquel que quisiera ahondar en la figura de Cervantes como uno de los escritores más importantes en nuestra lengua y de la época moderna, que quisiera abarcar de él el exquisito territorio que yace más allá de El Quijote. Aunque tal vez podría pasar desapercibida para un lector o espectador casual que no se interesara en meterse en esta materia, por lo que no la recomendaría para este tipo de público.

Martín Buigues Jiménez

Espai Inestable, 15 y 16 de octubre de 2021

Intérpretes: Jorge Barrantes y Alberto Moreno; Dirección y dramaturgia: Cristina D. Silveira; Adaptación y ayudantía: Pedro Luis López Bellot; Escenografía y utilería: David Pérez y Diego Ramos; Vestuario: Myriam Cruz; Espacio sonoro: Álvaro Rodríguez; Creación de video: El Desván Teatro y Mara Núñez; Iluminación: David Pérez; Fotografía: Carlos Pérez; Diseño gráfico: Diego Ramos

Una producción de Karlik Danza Teatro, El Desván Teatro y La Nave del Duende

Una genealogía de la desigualdad: La ruta de la palta, de Projecte Ingenu

Alexia Manuela Úbeda Martínez – Tamara Shlykova- Carles Márquez Molins

1

El pasado 20 de diciembre de 2020 asistimos a la representación de La ruta de la palta en la sala Espacio Inestable. Tras su paso por el Festival Grec, Projecte Ingenu trae hasta Valencia el proyecto internacional creado entre Barcelona y Chile con el apoyo de La Nau Ivanow, el Festival Grec y Teatro Puerto. Projecte Ingenu se autodenomina como un «grupo de investigación práctica sobre el hecho teatral», nacido hace cinco años y de carácter marcadamente humanista, tiene la voluntad de encontrar un nuevo modelo de actor contemporáneo según la concepción del slowtheatre. Hasta ahora Projecte Ingenu ha llevado a escena su Trilogía Shakesperiana (Hamlet, Romeu i Julieta y Vaig ser pròsper) y la Trilogía de la Insatisfacción (Yerma, inFaust y La dona pantera). 

En La ruta de la palta el grupo técnico está compuesto por Marc Chornet (dirección, escenografía e iluminación), Pol Queralt (iluminación), Gerard Marsal (música, espacio sonoro y diseño de sonido), Xavier Calvet (diseño de sonido y responsable técnico) y David ruano (fotografía). El reparto está formado por Georgina Avilés, Cristian Chaparro, Toni Guillemat, Neus Pàmies, Martí Salvat, Xavier Torra y Gerard Marsal; y el vestuario corresponde al grupo en su conjunto. La interpretación fue impecable por parte de todos los actores y actrices, no obstante, cabe destacar el papel de Neus Pàmies, Xavier Torra y Martí Salvat, quienes ofrecieron un plus de fuerza al conjunto del espectáculo. 

La ruta de la Palta es un viaje polarizado, lleno de contrapuntos y conexiones, que va desde un restaurante vegano en Barcelona hasta lugares explotados a causa del cultivo extensivo del aguacate (palta es el término chileno para designarlo). Trata problemáticas en torno a la privatización del agua llevada a cabo por Pinochet, los efectos del cambio climático en el pantano de Siurana o el homicidio de Salvador Allende y el de Salvador Puig Antich. De este modo, se crea una red transatlántica que nos lleva a reflexionar acerca de las luchas compartidas de nuestro pasado reciente. Se trata de un drama cronológico contemporáneo, desarrollado en dos planos diferenciados por el espacio geográfico (Barcelona / Santiago de Chile) y en el que las escenas se intercalan, separadas por elipsis y evidenciadas a través de los cambios de los objetos -que son manipulados por los propios actores y actrices-, la música, la vestimenta y la iluminación. 

El espectáculo comienza con la irrupción de los personajes en el escenario, donde reflexionan acerca del hecho teatral, especialmente sobre la función e importancia de los actores y actrices, de un lado, y del autor, de otro. Esta reflexión metateatral se mantiene a lo largo del espectáculo, apareciendo en varias ocasiones y tiñendo el texto espectacular de tintes cómicos: todos son Marc Chornet y Marc Chornet tiene un poquito de cada uno de ellos. Resulta muy interesante porque nos ofrece pequeñas muestras de la poética de Chornet. Podríamos hablar de un teatro de concepción brechtiana y antiilusionista, en el que se acude recurrentemente a la distancia comunicativa y donde destaca la perspectiva ideológica. 

En este sentido, el extrañamiento producido por la ruptura de la cuarta pared hace caer la denegación. No obstante, hay momentos en que los actores y actrices dirigen al público y otros en los que las escenas permanecen cerradas, en los que el pacto de fe poética del espectador queda restituido. Asimismo, la distancia interpretativa también se produce por el uso del espacio metonímico, compuesto por una escena múltiple polivalente con espacios patentes y, en menor medida, latentes. Del mismo modo, mediante esa irrupción inicial de los actores y actrices, como público se nos invita a reflexionar sobre nuestra propia concepción del hecho teatral teatral. 

Encontramos personajes tanto patentes como latentes, es el caso de Ximena, Néstor al otro lado de la llamada telefónica desde Chile o del anciano indígena. No obstante, esta obra no incorpora personajes al uso, sino actores y actrices en tanto moldes en los que depositar la carga y el sentido teatral. No tienen nombre ni historia propia a excepción de Neus cuando recibe la llamada desde Chile. En este sentido, son entendidos como instrumentos de la historia, pues permiten que se desarrolle la fábula, pero no tienen importancia como agentes autónomos e independientes en la misma. Serían, en todo caso, personajes simples cuya función es la de llevar a cabo la historia de otro(s), lo que contribuye a la reflexión metateatral mencionada unas líneas atrás. 

En relación con los personajes, cabe destacar el lenguaje y la gestualidad empleados, que constituyen un conjunto de lenguaje verbal, lenguaje no verbal y lenguaje simbólico (musical, lumínico y objetual). La música está presente ya desde el inicio y a lo largo de la puesta en escena. El lenguaje musical tiene multitud de sentidos y funciones como la creación, ilustración y caracterización de la atmósfera; la creación de efectos de contrapunto, el marcaje de los cambios de escena y la producción de diversas acciones. 

Ya desde las canciones desde las canciones de Víctor Jara hasta las de Ovidi Montllor, o de Violeta Parra a Maria de Mar Bonet, o de Joan Brossa a Nicanor Parra, se contribuye musicalmente en la configuración de la red fraternal entre pueblos y la denuncia sociopolítica. La musicalidad y el canto, por tanto, conducen a la danza, a la expresividad y al lenguaje corporal, que se manifiestan tanto ritualizados y animalizados (indigenismo chileno) como urbanizados (en el caso del reggaetón o el rap en Barcelona). Asimismo, los cascos entregados previamente y utilizados durante la sesión aumentan ese efecto de intrusión del espectador o espectadora en la propia representación. 

Como hemos aludido anteriormente, a través de la fábula se desarrollan toda una serie de denuncias históricas, políticas, sociales, económicas e incluso lingüísticas. Asimismo, resalta las redes transatlánticas de solidaridad entre pueblos (Chile-Cataluña) y la realidad de cada uno de ellos. En cuanto a la crudeza de la denuncia sociopolítica, cabe destacar el desgarrador relato testimonial de La Ximena, en el que cada palabra es un quejido que agita la conciencia del espectador. Esta transcripción del dolor y de la violencia producidas por la dictadura chilena constituye uno de los momentos cumbre de la representación. 

Todo lo expuesto hasta el momento contribuye a construir una atmósfera propia y característica que envuelve al espectador y le hace implicar todos sus sentidos en lo que está observando. El público se entrega al espectáculo y lo vive junto a los personajes, convirtiéndose en testigo activo de la fábula. De este modo, recibe y entiende la representación como un coctel molotov, como una montaña rusa de sensaciones, presentándose emocional y divertida, así como crítica, cruda, visceral, demoledora, esperanzadora e intensa. Alexia Manuela Úbeda Martínez

Alexia Manuela Úbeda Martínez

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El pasado 20 de diciembre hemos tenido la oportunidad de acudir a la representación de La ruta de la palta en el Espacio Inestable (Valencia). Se trata de una obra de la compañía Projecte Ingenu, interpretada por Georgina Avilés, Cristián Chaparro, Toni Guillemat, Neus Pàmies, Martí Salvat, Xavier Torra y Gerard Marsal, bajo la dirección de Marc Chornet Artells. Se estrenó el 4 de diciembre en Tarragona, pasando después por Barcelona hasta llegar a Valencia, haciendo solamente tres días de espectáculo en cada teatro, con la excepción del Escenari Joan Brossa de Barcelona, donde lo han podido realizar durante cuatro días. Este colectivo teatral independiente ha creado, gracias a un amplio conjunto de recursos de todo tipo, una obra original, transgresora e impactante para el espectador. Se nos brinda un proyecto de internacionalización y de historia compartida entre Cataluña y Chile, basado en un viaje que realmente hicieron los componentes del grupo. 

El espectáculo teatral que se está reseñando nació a partir de una experiencia de intercambio artístico en el que los actores se fueron a Santiago de Chile y, efectivamente, trabajaron en el Espacio Checoslovaquia en 2018, como se nos cuenta al principio de la obra. Por lo tanto, podríamos decir que estamos ante una especie de autoficción colectiva. Como resultado del choque cultural que sufrieron en el país latinoamericano, se ha intentado recrear su experiencia real y los sentimientos encontrados percibidos por el director y su compañía. 

La estructura de la obra no deja visible ningún tipo de división en actos y tampoco se puede decir que se trata de una estructura clásica en cuanto a la representación de una fábula en el drama. Es un fluir constante de ideas y escenas, que van acelerándose en su yuxtaposición a medida que avanza la representación. Sin embargo, sí se perciben las diferentes escenas que son mostradas en el mismo espacio, teniendo unas más fuerza dramática que otras, como el momento de las guerras callejeras y el final que no nos deja indiferentes al escuchar los testimonios de distintas violaciones y ver cómo se desnudan paulatinamente los actores. 

Desde el principio, los propios actores se dirigen al público remarcando que hacen “teatro raro” y explicando su viaje a Chile, presentándonos así la situación y presentándose como compañía de teatro. Gracias a esto, interactuaron directamente con los espectadores, haciéndolo, además en catalán, lo que crea un mayor grado de familiaridad al hacerlo en Valencia (y rompiendo la cuarta pared). Al final no fue necesaria la respuesta por parte del público: este tuvo una función pasiva durante toda la obra, pero inmersiva al mismo tiempo. En esa misma introducción se hacía metateatro, se experimentaba con las luces, con el espacio y con los objetos que tenían los actores a su disposición. 

También se está jugando con el tiempo, ya que se está contando una historia desde el futuro porque los personajes saben qué sucedió. Simultáneamente, se irán representando esas escenas narradas o introducidas por la voz artificial de un ordenador, que enuncia la fecha y el lugar de la acción. Esta forma tan impersonal como lo es el sonido de un ordenador, llega a ser incluso cómica por su entonación mecánica (en ocasiones pronuncia mal en catalán o marca incorrectamente los acentos). No obstante, el público está viendo y escuchando una suerte de diario de Marc Chornet – el personaje principal. Se rehace la historia real de la “aventura” de Projecte Ingenu por Santiago de Chile con el objetivo de introducir la trama ficcional sobre cómo Marc Chornet va en busca de su padre. El viaje comienza en un restaurante vegano de Barcelona, en el cual ya escuchamos ciertos temas sobre el aguacate, hasta llegar a lugares que se han convertido en desérticos por la explotación masiva de este fruto en Chile. Se parte del presente de los actores para contar la historia de un yo repartido entre todos ellos, con el objetivo de contar la experiencia de Marc. Pero, mientras, se intercalan momentos históricos mostrando la crisis relacionada con el aguacate, además de otros temas socioculturales y políticos que se contrastan con la situación catalana. 

Todo esto se representa en una hora y media, ordenado, como ya se ha mencionado, a veces usando el ordenador parlante. Pero otras veces se lleva a cabo poniendo un audio de Whatsapp, una llamada de teléfono, o bien pasando de forma abrupta a otro espacio simbólico, o incluso haciendo un resumen por parte de los actores.  A pesar de esta estructura organizada, el tiempo no es lineal, al igual que el ritmo, que es cambiante durante toda la representación.

Es cierto que hay baile y canto, pero al igual que estos elementos pueden acelerar el ritmo representativo, también pueden ralentizarlo. De hecho, predomina un tempo más bien pausado, solamente que las escenas superpuestas dan la sensación de que todo está representado de forma más inmediata y condensada. El escenario nunca queda vacío, solo al principio, con el metateatro, cuando los actores experimentan con las luces (las hacen apagar, interactúan con el técnico de luces y le piden varios efectos lumínicos) y se esconden para comprobar que el público sigue ahí.  De la misma manera, el movimiento no muere en escena, sino que fluye, como el tiempo. La danza y la música rellenaban el espacio y todos los cambios de atrezo y de los micrófonos los hacían los propios actores – unas veces lento, otras de forma más intrusiva respecto a la trama-, lo que demuestra un trabajo en equipo constante y sin descanso, ya que no se esconden tras las bambalinas en ningún momento más. El único personaje que lo hace es Cristián Chaparro. Y esto nos lleva directamente a hablar del espacio, el cual es múltiple. Se llevan a cabo varias escenas en el mismo escenario y a veces ni siquiera están separados espacialmente, sino que se entrecruzan. Al principio esta característica crea extrañamiento en el espectador, pero en el teatro contemporáneo esta herramienta se usa a menudo. Las escenas múltiples y simultáneas hacen que los discursos de los actores no se escuchen con claridad, pero justamente esa es la finalidad, complicándolo y haciendo las escenas polivalentes (con espacios y tiempos diferentes). Según la distancia representativa, estamos ante un tipo de espacio simbólico, típico de obras antiilusionistas como lo es La ruta de la palta. Como ejemplo de esto, podemos recordar el momento en el cual se dice que los personajes van paseando, pero estos no caminan. 

Cada detalle importa, es una obra configurada minuciosamente: los actores están coordinados haciendo ver al cuerpo dramático como un todo, como un organismo vivo. Se ha estudiado cada movimiento necesario para no chocarse, para no solaparse más de lo necesario, para que cada voz se pueda escuchar a su debido tiempo. A pesar de que haya una multiplicación del yo, acentuada a lo largo de la obra, cada actor tiene funciones determinadas para que el conjunto sea original. Ese yo es el protagonista ausente que se llama igual que el propio director de la compañía. Así que, aparte de ser una autoficción, se refuerza la parte ficcional con el hecho de que los actores hacen de la misma persona, y de una persona que no está sobre el escenario y que ni siquiera sabemos si existe si no conocemos Projecte Ingenu.

Al desconocer los nombres de todos los personajes menos el de Cristián Chaparro, el único chileno, se lleva al público a un nivel superior de extrañamiento, pero manteniendo aún más la atención para que no se le escape nada. Cristián Chaparro a veces es interpretado por un actor que justamente se llama así, pero que también adopta cuando es necesario la subjetividad de Marc Chornet, como el resto de actores. El personaje de del chileno representa un carácter determinado y personal, siendo un invitado de la compañía y compañero de oficio de Marc Chornet y los actores. Igualmente está al que llaman músico, otra persona que no abandona el escenario, pero que solamente se ocupa de los recursos acústicos. 

Una de las claves para entender la obra es el efecto espectral que se le pretende dar a la historia de Chile comparada con Cataluña, y en ocasiones con la España franquista. Se mencionan los exilios, los regímenes dictatoriales y, sobre todo, la violencia y el terror que se han practicado durante siglos sobre la población a través del abuso de poder. Se habla de la desertización en Chile y lo provocado por el cambio climático en Cataluña, se ponen canciones tanto de Víctor Jara y Violeta Parra como de Ovidi Montllor y María del Mar Bonet, entre otros. Escuchamos las últimas palabras de Salvador Allende y se habla del asesinato de Salvador Puig Antich. Se compara la dictadura pinochetista con la franquista y el hecho de que aún haya gente a favor de ellas (poniendo de ejemplo la protesta con la que se encontraron al llegar a Chile). 

En definitiva, se trata de dos sociedades que viven conflictos internos, una siendo el espejo de la otra para Marc Chornet. Y, aunque la obra se engloba en el contexto sociopolítico de la guerra por el aguacate – el llamado oro verde-, el protagonista de la historia ve una extensión de su país ahí, se ve identificado con la situación de Chile, al igual que nosotros como público nos podemos identificar con su historia. Se tocan muchísimos temas, tanto aludidos como intrínsecos en el discurso de ese yo múltiple, como lo es, por ejemplo, el hecho de que la colonización solamente se haya puesto una máscara. Sus estragos y los privilegios enfocados en ciertas capas sociales siguen ahí, solamente han cambiado de forma. La crisis del consumo de la palta es una agonía para los propios chilenos, quienes la producen y la comían a diario, mientras que en Europa se puede encontrar en cualquier supermercado y es más o menos asequible. Lo que se critica en la obra es que aquí se ha puesto de moda con su importación masiva y constante, se introduce en todo tipo de dietas saludables y vegetarianas, mientras que en Chile se ha producido una inflación de gran calibre. 

Esta obra es muy rica en herramientas audiovisuales. El sonido está vivo, ponían el radiocasete, los audios y las llamadas en el teléfono que parecían o eran reales. El músico-DJ estaba pendiente del sonido durante toda la obra, pero los mismos personajes le ayudaban en ocasiones. Se tocó el saxofón, la harmónica, se hacía ASMR con algunos objetos… Pero uno de los aspectos más destacables es la utilización de los auriculares. Desde el momento en el que nos los dieron y entramos a la sala, se produjo un efecto inmersivo gracias a la música exótica que sonaba en ellos. Pero, también así nos dimos cuenta de que se escuchaba la propia sala al haber micrófonos en el escenario. Esa sensación de estar metidos en la historia y de ser una extensión más de Marc Chornet se consiguió con esos auriculares, ya que se escuchaban a la derecha los sonidos correspondientes a los micrófonos de la derecha del escenario o de donde estuviera el micrófono en aquel momento, y lo mismo con la izquierda. Además, esto ayudó a canalizar los ruidos y el habla simultánea, que representaba el caos de ciertas escenas y que reflejaba las preocupaciones sociales, mezclándose a su vez con testimonios. Muy pocas veces hubo silencio completo, solamente en momentos en los que era necesario destacarlo. Al igual que el movimiento y la danza, la música y los diferentes sonidos simbólicos no cesaron, salvo en momentos especiales. 

La iluminación también tiene una función crucial. Dependiendo de la escena o de lo que se relataba, cambiaba la luz:  había luz baja, cenital, se hizo una proyección en el fondo del escenario, etc. El humo ayudaba en la creación de las atmosferas deseadas: en el momento más violento (la protesta) se acertó con este recurso visual, ya que el efecto de la luz a través de la niebla, la música elegida, la indumentaria de los actores y la coreografía en formación de grupo agresivo nos ha trasladado en seguida a una situación caótica. Y la luz fría jugó un importante papel en la última escena, con los cuerpos inmóviles en el suelo. Mientras los actores se desnudaban, cada uno narraba (desde una grabación) testimonios de violencias brutales. Este es el momento culminante en cuanto a extrañamiento hacia el espectador, más, sin embargo, el más intenso. «Somos los hijos de madres violadas», una de las frases que puede retumbar en nuestro pensamiento al ver esos cuerpos desnudos en el suelo. Lo que queda claro es que es el símbolo de una nación torturada, de la que solamente queda una silla iluminada con un foco amarillo y ya más cálido al final. 

A modo de conclusión, es necesario hacer el apunte de que para que se representara de la forma en la que hemos visto la obra, solo se podría hacer en Cataluña y en la Comunidad Valenciana, que es justamente donde se ha hecho ya la obra. Si se quisiera pasar esas fronteras, habría que adaptar el texto totalmente al castellano. Pero nosotros hemos podido gozar de una actuación fiel a la esencia de la compañía, lo cual no puede ser obviado. La ruta de la palta ha resultado ser una obra con muchísimos recursos aparte de los actorales, cosa que es plausible para una compañía de teatro independiente. Nos ha sacado de nuestro estado de confort, nos ha sacudido y nos ha vuelto a meter en nuestra caja de emociones ya desarticulada. Nos han hecho reflexionar sobre en el valor de muchas cosas y sobre la historia de la humanidad. La música, los constantes cambios de vestuario en escena, el atrezo y cada detallae tenían algo que decirnos y seguro que todo espectador atento lo ha podido percibir. 

Tamara Shlykova

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Con La ruta de la palta, Projecte Ingenu nos presenta un viaje hacia el pasado que oscila entre la crítica – no exenta de la explotación de ciertos tópicos – y la exposición de un recorrido histórico a través de imágenes, escenas y recreaciones contextuales. Así, se van hilando en la fábula diversas analepsis concatenadas. Por otra parte, la premisa de la obra es metateatral; se trata del montaje de una obra anterior de la compañía, que tiene lugar en Cataluña. Todo empieza a cambiar con el viaje de la compañía a Chile, donde Projecte Ingenu va a montar esa obra que estaba representando en Cataluña gracias al intercambio artístico con el Espacio Checoslovaquia. Allí, toman conciencia de la situación de la palta e inician un viaje al pasado. Estamos frente a un drama cómico que ofrece una solución coherente para su propuesta al concentrar la comicidad en el primer tercio de la obra y la mayor tensión dramática en los dos siguientes, de manera que se alinea adecuadamente con la progresión de la fábula. 

El montaje se nutre de la creación de imágenes como, por ejemplo, la representación en forma de musical de la carta de los restaurantes a los que van los personajes en Cataluña y Chile y la recreación de contextos (Cataluña y Chile – que se comparan a lo largo de la obra –, la dictadura chilena, la Cataluña contemporánea) que salen a la palestra de manera alegórica. Projecte Ingenu ha decidido otorgarle una notable importancia al baile – que impregna buena parte de la obra – y la música, que no solo se reproduce, sino que también se interpreta en directo mediante los cantos de los personajes y las melodías del saxofón y la zampoña. De este modo, se trata de sumergir al espectador en distintos ambientes y conducirlo hacia el mensaje de la obra a través de los símbolos y los sentimientos, y no tanto de los parlamentos y de lo unívoco. En ese sentido, se trata de una puesta en escena que ofrece un abanico de posibles conclusiones. 

Apuntaré, eso sí, una conclusión provisoria: La ruta de la palta trata el desgarro identitario de Marc Chornet, el director que se desdobla en todos los personajes, tratando de mostrar que su viaje es también el de toda la compañía de teatro. Su desgarro identitario se deriva de sentirse fuera de lugar tanto en Chile como en Cataluña. La narración de dicho desgarro es un molde en el que encaja la crítica al consumo de la palta, así como la revisión del pasado chileno y la dictadura pinochetista (que guarda relación con la franquista) y la actualidad catalana. 

La escenografía varía de la mano de los personajes, cuyos movimientos acompañados de la iluminación propician la focalización dramatúrgica en uno u otro segmento de la estructura espacial (central o laterales – vinculados a las dos mesas). El alegorismo espacial que perfila la obra se ve reforzado en algunas ocasiones – como el momento en que se escucha el discurso de Salvador Allende, que parece estar evocado en la silla vacía hacia la que apuntan los micrófonos – por la iluminación y se difumina en casos como el de la entrevista en la radio, la proyección de la película o la presentación de la obra, en la que se representa la sala donde ensaya la compañía. En ese último caso, Projecte Ingenu presenta la obra directamente al público, rompiendo así con la cuarta pared. 

Los objetos con que interactúan los actores son, principalmente, mesas, sillas, micrófonos, un reproductor de casettes y una radio que no son mero atrezzo, sino que ayudan a confeccionar la trama. Asimismo, el cromatismo de la obra tampoco resulta baladí, pues cabalga a la par que el desarrollo de la fábula: los colores más vivos – como puede ser el naranja rojizo que visten los actores en la primera escena – se vinculan más al primer tercio de la obra, mientras que las tonalidades se van haciendo más apagadas conforme esta avanza. La música integrada por los cantos de los personajes, Al centro de la injusticia de Violeta Parra, El pueblo unido jamás será vencido (Sergio Ortega Alvarado y Quilapayún) o canciones de reguetón, guarda relación con la fábula pues las canciones más «festivas» se encuentran al inicio de la pieza teatral, mientras que las más reivindicativas casan con esos tonos apagados que va tomando la obra. Esa música, de igual modo que ciertos efectos sonoros y que las voces de los personajes, pasa por una mesa de mezclas que controla el mismo músico que toca el saxofón y la zampoña, y todo ello se escucha con auriculares, los cuales debe llevar el público durante casi toda representación. 

El ritmo de la obra es adecuado, tal vez un tanto frenético debido a la combinación de diversas acciones simultáneas – voces superpuestas, bailes, diálogos, etcétera – que tienen como objetivo recrear los contextos que van transitando los personajes. Por ello, su construcción es permanente, ya que están obligados a cambiar de papel en ese viaje que va del 2018 a la década de los 70, cuya duración dramática poco tiene que ver con la real (una hora y treinta y cinco minutos). Por otro lado, ese ritmo frenético es del que se sirven los personajes para manipular la atención del espectador, puesto que sus movimientos a uno u otro segmento de la estructura espacial, así como sus miradas y gestos son los que más llaman la atención del público. Asimismo, la variabilidad de la puesta en escena es deudora de dicho frenetismo, que responde a la multiplicidad de códigos sobre los que se construye la obra. 

El elenco formado por Georgina Avilés, Cristian Chaparro, Toni Guillemat, Neus Pàmies, Martí Salvat, Xavier Torra y Gerard Marsal ofreció una función magnífica llena de canto, baile y grandes actuaciones acogidas por el público del Espai Inestable con largos aplausos. Personalmente, esperaba ver en esta obra una suerte de crítica hacia el poscolonialismo y, en cierto sentido, la hay, aunque la dirección de Marc Chornet caiga en ciertos momentos en la explotación de ciertos tópicos o símbolos, como pueden ser Salvador Allende o Víctor Jara. Pero, La ruta de la palta precisa, a mi modo de ver, de una mirada abierta para captar agradablemente su diseño inteligente a la par que intencionalmente caótico. Caos que se deriva del frenetismo de algunos momentos que no llegan a lastrar la obra, sino que la hacen crecer en dramatismo e intensidad. 

En mi opinión, dos de las escenas que despuntan en este montaje son la que reproduce la sala de cine – aunque me resultó un tanto larga – y la escena en que la que los actores se desnudan mientras se escucha el testimonio de una mujer torturada durante los años de la dictadura chilena. Su desnudez les hace reducirse simbólicamente al cuerpo y, de ese modo, establecen una analogía con la voz de la torturada – para quien la reducción al cuerpo no fue solo simbólica – con el objetivo de representar de manera más significativa lo que supone la tortura. 

Para finalizar, La ruta de la palta es una obra de carácter reflexivo que no olvida los tonos cómicos con el propósito de presentar una propuesta que se aleja del manifiesto para ser más bien un conjunto de preguntas: ¿cómo ha llegado la palta hasta aquí? ¿Cómo hemos llegado hasta aquí? ¿Cómo he llegado hasta aquí? No hay ninguna respuesta clara y la semilla que germina en la obra no es otra que el inicio de la reflexión del espectador.

Carles Márquez Molins

Espacio Inestable, 18-20 de diciembre de 2020

Dirección: Marc Chornet Artells. Intérpretes: Georgina Avilés, Cristian Chaparro, Toni Guillemat, Neus Pàmies, Martí Salvat, Xavier Torra i Gerard Marsal. Escenografía: Marc Chornet Artells. Vestuario: Projecte Ingenu Música y espacio sonoro: Gerard Marsal. Diseño de sonido: Xavier Calvet i Gerard Marsal. Iluminación: Marc Chornet i Pol Queralt. Responsable técnico: Xavier Calvet. Fotografia: David Ruano.

Producción: Nau Ivanow, con el apoyo del Grec 2020 Festival de Barcelona y la colaboración de Espacio Checoeslovaquia

Un silenci atronador: L’orquestra del silenci (Teatro de lo Inestable)

Jesús Peris Llorca

Veure L’orquestra del silenci, nascuda del laboratori d’escriptura Ínsula Dramatària Josep Lluís Sirera i Premi de la Crítica dels Escriptors Valencians del 2018, enmig de la pandèmia va ser una experiència intensa i revulsiva. Els espectadors i espectadores, precària comunitat, amb mascaretes i una butaca entre mig de cadascun de nosaltres com a permanent recordatori de la nostra vulnerabilitat, de la nostra condició de cossos invadibles pels virus. I a l’escena, eixa escola de la derrota en set dies, eixe aute sacramental nihilista.

Cinc personatges -o sis, amb esa inquietant criatura silent modelada pel professor i situada més allà del simbòlic, lúcida i primària- aprenent a assumir les seues derrotes, la seua marginació al món competitiu del capitalisme avançat: tractant de detindre el temps que devalúa al mercat, volent ser permanent Venus planetària i devenint una versió decadent de Júpiter tonant, o aturats per sempre a la nostàlgia, bloquejats en el gaudi d’un duel permanent renovat, és a dir, cada personatge amb la seua condemna, amb la seua derrota insuperable, amb el recordatori permanent que per davall de la música que sembla fer transcendir la matèria roman la implacable tirania del cos i les seues urgències. Però és més encara el que aprenen en aquesta escola setmanal: copsen -copsem- la radical insignificància d’eixes derrotes, la distància menyspreable que separa l’èxit del fracàs quan es mira des de la distància del món, des de la perspectiva del temps que dóna l’agonia imaginada del gliptodont prehistòric extingit fa mil·lenis. 

L’orquestra del silenci parteix d’un text potent de Maribel Bayona, devingut onírica escola crepuscular sota la direcció de Xavier Puchades. Excel·lent direcció d’actors, excel·lent composició visual i sonora de quadres desolats, i excel·lents les actuacions encapçalades per la pròpia Maribel Bayona. El silenci no deixava aleshores de ressonar.

En eixir de la sala, en tornar cap a casa amb pressa entre tendes tancades, amb les nostres mascaretes, amb la nostra distància de seguretat, és feia més patent que mai abans l’ensenyament profund d’aquella escola: que per davall dels somnis, per davall de cadascuna de les nostres preocupacions simbòliques, arrelades en l’aire, roman la constant, sorda, fosca, remor del cos, de les seues amenaces, del seu caminar constant I sense sentit cap a l’extinció.

Espacio Inestable, 11 de febrer de 2021

Direcció: Xavier Puchades; Ajudant de direcció: Maribel Bayona; Intèrprets: Àlex Cantó, Amparo Ferrer Báguena, Antonio Lafuente, Ernesto Pastor, Gloria Román, Ángela Verdugo, Maribel Bayona.

Espai Escènic: Los Reyes del Mambo; Espai sonor: David Alarcón; Disseny de Vestuari, Perriqueria i Maquillatge: Josán Carbonell; Disseny d’Il·luminació: Paula Rausell.

Producció Executiva: Teatro de lo Inestable